El aumento a los mínimos
Salomón Chertorivsky, secretario de Desarrollo Económico del gobierno de la Ciudad de México y uno de los principales operadores políticos del jefe del Gobierno, Miguel Ángel Mancera, comentó que la decisión de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos de aumentar en cerca de tres pesos la percepción que obtendrán los trabajadores para el año 2016 era un albazo, y que el incremento al salario mínimo representaba una ofensa para la clase trabajadora nacional.
Dice una de las sabias consejas populares mexicanas: “Éramos muchos y parió la abuela”.
El gobierno de la república trae en su agenda varios temas candentes desde el punto de vista social que, por permanecer lamentablemente irresueltos, se complican conforme avanzan los días.
La evaluación magisterial violentada por la CNTE; el lío de Escobar y las transas de los Verdes que salen a diario a la luz; la inseguridad que se incrementa; el desastre de los precios del petróleo; los máximos alcanzados por el dólar en relación al peso; las desafortunadas actuaciones de la comisión de expertos que investigan si hubo o no incineración de los normalistas de Ayotzinapa, y ahora el ridículo e infamante incremento a los salarios mínimos anunciado por Basilio González que se suma a las cuentas de ese rosario de complicaciones, económicas, políticas y sociales que agobian al presidente Enrique Peña Nieto.
Ese incremento a los salarios mínimos, anunciado con fuerte olor a madruguete, despertó de inmediato reacciones contrarias y airadas a tanto en líderes de partidos políticos, legisladores de oposición y, por supuesto, en los promotores recientes más relevantes en la lucha por la existencia de un salario digno en México, Mancera y Chertorivsky, así como de los más reconocidos analistas del fenómeno laboral en México.
Andrés Manuel López Obrador, hábil cazador de las pifias de los peñistas, tomó como referencia de lo desigual que son los casi tres pesos de aumento a la percepción de los trabajadores determinada por el gobierno, el costo del avión presidencial que llegará en estos días después de habérsele realizado unos muy costosos ajustes para mejorar su funcionalidad.
Un avión de varios miles de millones de pesos en un país donde el trabajador gana menos de ochenta pesos diarios, no es la mejor señal de congruencia de un gobierno que ha reconocido que la concentración de la riqueza debe ser detenida y reglamentada ante la presencia de millones de mexicanos que viven en la extrema pobreza.
La disputa por lograr que los trabajadores tengan un salario a la altura de las condiciones económicas del país la inició Mancera cuando propuso un incremento al salario de los trabajadores.
El 11 de noviembre, Mancera publicó en su cuenta de Twitter su satisfacción por que la decisión de los legisladores con respecto al tema: “El jefe de Gobierno del Distrito federal, Miguel Ángel Mancera, celebró la aprobación por unanimidad de la reforma constitucional que permitirá desvincular el salario mínimo como referente de cientos de precios”.
La desindexación del salario mínimo como referencia para calcular la cuantía del pago de las obligaciones en los tres órdenes de gobierno es una propuesta que ha impulsado el mandatario capitalino a lo largo de su gestión.
Basilio González, presidente de la vituperada Comisión Nacional de Salarios Mínimos, es solo una pieza instrumental de tercer nivel en este debate que es muy representativo en la lucha por reducir la brecha entre pobreza y riqueza en México.
El que debe elaborar en adelante una estrategia compensatoria para que el presidente Peña Nieto no cargue con un problema más en su ya de por sí complicada agenda, es el gris secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida.
No le vemos mucho futuro al trabajo de Navarrete Prida, quien se ha caracterizado por ser uno de los más temerosos funcionarios del gabinete y ya ha empezado a pronunciar un discurso en el que nadie cree y menos que nadie justifica.
Navarrete Prida y sus números, Basilio González y la increíble capacidad de sometimiento de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos a los intereses de los patrones, serán, sin lugar a dudas, insuficientes para que la inconformidad social, ahora con respecto al incremento del salario mínimo que se le asocia a la inflación y a la crisis económica que padecemos, se reduzca y se desdramatice.
Pues sí.
Éramos ya muchos y ahora parió la abuela.
