Formar lectores es un reto enorme no sólo para intervenir como parte de los compromisos de política pública, sino por la complejidad que las prácticas lectoras implican. Primero, si queremos entender cualquier tipo de consumo es necesario comprender quiénes son estos lectores, qué intereses, expectativas y necesidades tienen en su vida cotidiana. No se trata sólo de entender la dinámica, importancia y apropiación del libro como objeto; es imperioso recuperar al sujeto y sus complejidades para saber qué efecto, tendencia o sentido tiene una práctica especifica, en este caso la lectura. Segundo, tener muy clara la pregunta, la forma como se pregunta y, sobre todo, qué queremos hacer con las respuestas y sus alcances. En tercer término, se requiere de la complementariedad de diversas metodologías cualitativas y cuantitativas que permitan tener un diagnóstico profundo y completo de lo que implica leer para un mexicano o mexicana actualmente.
En ese sentido, un aporte sustancial que se ha hecho en los últimos tiempos está relacionado con la Encuesta Nacional de Lectura 2015 que hiciera el entonces CONACULTA, hoy Secretaría de Cultura; dicha encuesta presenta una serie de insumos alrededor del tipo de soportes donde se está leyendo, las actitudes, motivaciones y estímulos que se presentan a la hora de leer. Vale la pena decir que como metodología cuantitativa, nos presenta un panorama amplio de cómo se están dando las tendencias en el comportamiento lector. Eso ayuda sobremanera, pero también requiere de apoyarnos de otras metodologías para complementar las razones por las que los ciudadanos deciden leer de una manera y no de otra, con ciertos gustos y no otros.
Muchos dicen que es un tema de interpretación de los datos, en lo personal considero que las estadísticas nos proporcionan materia prima para analizar, complementar y construir conocimiento que permita entender a los lectores en su contexto y en su diversidad.
¿Qué aprendizajes nos ofrece la Encuesta Nacional de Lectura 2015?
Lo que nos dice es que somos una sociedad diversificada en cuanto al tipo de lectura que hacemos. Por ejemplo algunos prefieren leer más libros (57.3%), otros aunque leen libros prefieren los periódicos (55%), revistas (38%) o en redes sociales (44.9%). Así, que hablar de lectores no implica pensar que el libro es el único parámetro que permite medir a una sociedad lectora o no. Se trata de comprender cómo conviven los diversos formatos en la vida cotidiana de los lectores.
Otro hallazgo interesante que nos plantea la encuesta es que el gusto por la lectura no necesariamente es proporcional a la motivación o a la cantidad de libros existentes en casa. Por ejemplo, se plantean 4 escenarios:
- El 17% de los encuestados decía que sus padres no los habían motivado a leer y, por tanto, no les gustaba leer actualmente.
- Mientras que otro 7.8% decían que sus padres sí los animaban a leer cuando eran pequeños, aún así no gustaban de esta práctica.
- Por su parte el 14.9% si eran animados a leer cuando eran pequeños y por lo tanto les gustaba hacerlo.
- No así el 10.8 % que no fueron animados a leer pero si les gustaba practicar la lectura.
Qué nos hace pensar que estos resultados no llevan a comportamientos causales. O ¿qué tiene que suceder para que una persona construya el gusto por la lectura?
Parte de las complejidades de la lectura es que fragmentamos su conocimiento, tanto instituciones como promotores o investigadores, la explican o tratan de entenderla entre dos categorías de análisis: cultura y educación. Entonces hacen diferencias, entre lo que aporta la lectura como una forma de vida o como una práctica educativa. En la primera se le percibe para el entretenimiento, para la socialización, para cultivarse. Mientras que en la segunda se percibe a la lectura para la formación (alfabetización, técnicas de aprendizaje o de comprensión), para mejorar habilidades y destrezas en el lenguaje, en los hábitos y en las capacidades de desarrollo. Así, el fomento a la lectura no se resuelve sólo desde un frente, requiere de colocar al lector en el centro y visualizar cómo va integrando en la vida cotidiana estos dos ámbitos. Dónde el gusto no se termina, dónde empieza la obligación de leer, dónde la escuela ha hecho un papel fundamental pero no suficiente para sembrar el gusto per se.
En ese sentido, ¿quiénes son estos lectores y cómo se comportan?, la ENL 2015 arrojó que:
- Los lectores jubilados o pensionados son quienes más leen por entretenimiento (33.4% suele leer libros y 13.7% lee revistas u otros materiales) respecto de los estudiantes o trabajadores que suelen leer porque sus actividades los obligan. Los lectores jubilados tienen en sus casas un promedio de 93 libros, los cuales son físicos, casi nula presencia de libros digitales.
- Las nuevas generaciones (12 a 17 años) son quienes expresan que se sienten y han sido más motivadas a leer por parte de sus padres y profesores (70% y 60.5% respectivamente) comparados con las generaciones pertenecientes a 56 años o más. Son quienes más les gusta intercambiar libros con sus amigos (39%) vs los mayores de 56 o más (19.1).
- Que la niñez es una etapa donde los profesores juegan un papel importante, son ellos a quienes se les adjudica el hábito de la lectura (59.8%)
- Que el comportamiento lector es diferente entre hombres y mujeres. Estas últimas suelen leer más que los hombres; por ejemplo, en revistas el 6.5% reportó preferir este formato por encima del 5.2% de los hombres; en libros, el 22.2% de ellas los prefieren vs 19.8% de ellos. Sin embargo, los hombres son los que más prefieren leer libros digitales (53.3 vs. 20.4% de las mujeres). Ambos les gusta que les regalen libros (70.6% de las mujeres así lo expresó, así mismo el 66.3% de los hombres). Que los hombres quienes suelen buscar información complementaria a su lectura (40.8 % vs. 38.2). Mientras que ambos sexos puede dejar libros a la mitad (48% de las mujeres y 45% de los hombres). Que las mujeres pueden leer con la televisión (17.4%) o con la radio (14.1%) prendidas. Y prefieren leer en casa (96.1%), no así en transporte público (sólo 11.5 lo prefiere). Mientras que los hombres prefieren leer en la escuela (21.6%), en la oficina (12) o en un parque (13.3%).
Estos son algunas observaciones que nos ayudan a entender tendencias en los comportamientos lectores. Por supuesto que los lectores, a veces leemos por obligación y otras veces por gusto, a veces nos gustan unos temas más que otros. Las diferencias, muchas veces radican en el género, la edad, la ocupación o el nivel socioeconómico. Vale la pena insistir que el entendimiento y la profundidad de las razones que tienen los ciudadanos para preferir o practicar la lectura, es recomendable complementar con metodologías cualitativas y con un enfoque multidisciplinario, justo para desmitificar o no prejuiciar la importancia de lo cuantitativo como una forma de conocer a una población.
