En Aguascalientes un jovencito se ahorcó tras discutir con su padre; el adolescente estaba disgustado porque no le gustaron sus regalos de Navidad. El cuerpo fue encontrado por unos niños que jugaban cerca del terreno donde se registró la trágica escena.
En Michoacán otro jovencito decidió escapar por la puerta falsa luego de que su novia decidiera terminar con la relación que mantenían desde hacía meses; y aunque no fue en México, en una comunidad española recién se registró el deceso de un joven que optó por matarse tras ser víctima de la transfobia. Como los otros chamacos, no aguantó la presión.
El suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de entre los 14 y 29 años de edad. Cada año, alrededor de un millón de personas en el mundo deciden ponerle punto final a su vida; son poco más de 3 mil seres humanos al día que logran su propósito y al menos otros 20, también por día, lo intentan o han intentado por lo menos una vez en su vida.
Cada vez, también, crece el número de jóvenes, más jóvenes o a más temprana edad, que intentan y logran escapar por la puerta falsa; los problemas derivados de la falta de adaptación, de amores no correspondidos y pleitos familiares y económicos, son las principales causas cuantificadas por las autoridades sanitarias.
Preocupa y enormemente, que cada vez son más jóvenes quienes toman dicha decisión; hay jóvenes de entre 12 y 24 años los que engrosan la lista de la mortalidad derivada por esta decisión. De hecho, en el último quinquenio, las estadísticas prácticamente se incrementaron hasta casi un 50 por ciento.
Por ello, el suicidio está clasificado como la segunda causa de muerte, con una tasa que mantiene un crecimiento constante.
Cifras del INEGI revelan, por ejemplo, que en el 2009 se registraron 60 suicidios: 9 de ellos en menores cuyas edades fluctuaron entre los 10 y los 14 años; y los 51 restantes, en personas entre los 15 y los 25 años de edad.
Para el año 2010 se registró un aumento del 7.69 por ciento, es decir, fueron contabilizados 84 suicidios en los mismos rangos de edades, y así sucesivamente, la cifra sigue creciendo conforme pasa el tiempo.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio se define como un acto deliberadamente iniciado y realizado por una persona en pleno conocimiento o expectativa de su desenlace fatal.
Investigaciones médicas señalan que el suicidio es una cuestión de salud pública; por ello, en la mayoría de los países, la tasa de suicidio es considerada un indicador de la salud mental de su población.
El suicidio es “un problema multifactorial, que resulta de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos, psicológicos, sociológicos y ambientales”; la Organización Mundial de la Salud va un poco más allá y le pone nombre y apellido a las principales causas de esta conducta, derivada principalmente de profundos estados de depresión, por ello la importancia de la prevención y el tratamiento adecuado.
Está por igual el abuso de alcohol y otras sustancias; los problemas familiares y amorosos, vinculados más a la primera de las causas expuestas.
Muy pronto, las enfermedades mentales serán por mucho y en breve tiempo como ya lo comentamos en artículos anteriores, la primera causa de demanda de atención médica y seguramente que desbancará de su pedestal a los padecimientos crónico degenerativos como la diabetes y la prueba más clara de ello es precisamente el comportamiento de esto jóvenes que deciden sacrificar su futuro y rompen su presente hasta acabar con su vida.
