Un siglo después
El actual conflicto en Siria parece retomar los aspectos que quedaron inconclusos tras el fin de la Primera Guerra Mundial, donde potencias colonialistas como Francia y Gran Bretaña se repartieron Medio Oriente y Asia Central.
Gerardo Yong
Desde tiempos de Alejandro Magno, Asia central ha sido una región de gran interés estratégico. Estados Unidos no ha dudado en llevar a cabo dos invasiones en menos de veinte años en esa región, a partir de Afganistán e Irak. Diez años más tarde, estos país se mantiene intervenidos por fuerzas extranjeras, que hoy han dado origen a un movimiento islamista llamado Estado Islámico, el cual busca erigirse en un Califato.
Según Gabriel Baltierra, maestro en geociencias por el Instituto Politécnico Nacional, una forma de analizar el tema del Califato, ya sea como plan de Estados Unidos para el control de una zona o del EI, empieza por reconocer la necesidad de controlar las zonas con hidrocarburos en el subsuelo, que ha sido prioridad de diferentes potencias, en mayor parte de Estados Unidos y Rusia.
En pos de los recursos naturales
“Esta política nacional y de seguridad ha sido aplicada por encima de las necesidades y soberanía de las desafortunadas naciones que han estado en la mira de las potencias”, afirmó Baltierra. “La seguridad energética de cada país es parte de su desarrollo como nación. Para las naciones desarrolladas la energía es poder, dinero, tecnología, etcétera, pero para los países subdesarrollados que tienen cuentan con petróleo, éste ha sido su perdición; África y Medio Oriente son los mejores ejemplos”, puntualizó.
Baltierra también destacó que es precisamente esa gran capacidad de adaptación de sus objetivos, lo que hace que el Estado Islámico pueda permear cualquier zona de Medio Oriente, empezando por Siria. El Estado Islámico (ISIS) tiene una fuerte presencia en Irak y en suelo sirio, zonas con el 9% de las reservas de crudo a nivel mundial. Su presencia ha sido impuesta por medio de ejecuciones, asesinatos y terror arremetiendo contra soldados sirios y periodistas. Consolidando posiciones, ciudades estratégicas y locaciones con recursos hídricos e hidrocarburos. La finalidad, es crear Califatos en las ciudades y territorios, los cuales cumplen los mandatos del Califa, Abu Bakr Al Baghdadi.
Irak, el inicio del conflicto
De hecho la invasión a Irak es la semilla de lo que está ocurriendo en la zona. El llamado Estado Islámico de Irak y Levante o Siria, dependiendo en qué contexto se le vea, ha sido un movimiento islámico internacional que se va conformando de acuerdo con la situación en la que se encuentre, es así como va definiendo su nombre. José Hamra Sasson, licenciado en sociología política por la Universidad Autónoma Metropolitana, Campus Iztapalapa, lo primero que destacó es que el Estado Islámico surge como una reacción a la invasión a Irak. “En un principio fue Al Qaeda en Irak, en esta identificación con el movimiento de Osama Bin Laden. En este movimiento formado por los sunitas iraquíes, no olvidemos que Hussein era sunita y gobernaba sobre una mayoría chiita. Esta reacción tiene dos trasfondos, por una parte, ser un movimiento de resistencia contra la invasión estadounidense pero también contra la mayoría chiita, ya que es de ese sector musulmán de donde emana el gobierno que hoy está en el poder, después de la caída de Saddam Hussein”, señaló Hamra.
¿Una segunda parte o continuación?
Esta situación es semejante a la que se vivió durante la Primera Guerra Mundial, en la que potencias colonialistas como Francia y Gran Bretaña se atrajeron el apoyo de los pueblos árabe-musulmanes para derrocar al entonces Imperio Otomano, dirigido por la dinastía Osmán, cuya influencia se extendía por todo Medio Oriente y Asia Central. El 3 de enero de 1916, el Tratado Sykes-Picot dejó en claro que una vez lograda la victoria contra Alemania y Austrohungría, a Francia le tocaría Siria y Líbano, mientras que Inglaterra consolidaría su presencia en Irak, principalmente en Basora y Bagdad, cerrado una pinza magistral hacia el Cáucaso. Sin embargo, Rusia también entró al reparto al obtener un acceso marítimo al Mar Mediterráneo, a través del Estrecho de los Dardanelos. De hecho, pareciera como si estuviéramos presenciando una segunda parte de la Primera Guerra Mundial, puesto que los actores del conflicto actual son los mismos: Turquía, Rusia, la Unión Europea (incluyendo a Gran Bretaña), Estados Unidos y Francia. Los ataques terroristas en París parecieran ser una respuesta a una situación inconclusa desde hace un siglo.
Las posiciones semejantes
Ahora Siria, es un país independiente bajo el gobierno de Bashar al Asad, a quien la coalición occidental integrada por Estados Unidos, la Unión Europea (Alemania y Francia), acusan de perpetrar un régimen al estilo del Imperio Otomano. En la actualidad, Siria cumple un papel muy complejo y es por tal razón que tanto Occidente como Oriente (Rusia y China) están involucrados en la región. Estos últimos son los más férreos aliados de Bashar al Asad y con su veto han logrado impedir cualquier resolución del Consejo de Seguridad. Otro país que juega un papel importante en la región es Irán país que, tras ser considerado en el Eje del Mal, ahora se ha convertido en una nueva mina de oro para las potencias occidentales.
El papel de Rusia
Por otra parte, Moscú muestra su lealtad al régimen de Bashar no sólo por la importancia estratégica que tiene Siria como cabeza de playa al Cáucaso, sino por las relaciones comerciales que sostiene con ella. En 2011, le vendió armas por más de 600 millones de dólares, incluyendo cazabombarderos y armamento ligero. Además Rusia posee una importante base militar en la ciudad siria de Tartus, que le permite una gran soltura para actuar en favor de Damasco. Expertos geopolíticos han coincidido en que el llamado EI ha sido un producto creado por Estados Unidos y otras potencias occidentales para combatir a Bashar y debilitar la presencia de Rusia, pero también señalan que esta agrupación yihadista ha encontrado una forma de actuar por sus propios intereses. Ante ello, Moscú ha acusado a Washington y la Unión Europea, específicamente a Alemania y Francia de apoyar a ese grupo, que se atribuyó los ataques en París, prácticamente en el corazón de una de las principales potencias económicas de Europa.

