Los goodeidos son de los poquísimos grupos de peces con una forma de reproducción muy similar a la de los seres humanos: la hembra elige al macho que la corteja, copulan y hay una fecundación interna a nivel del ovario. Tras ello, los embriones reciben de la madre los nutrientes para su desarrollo a través de una estructura similar a la de un cordón umbilical.

En el mundo, sólo el seis por ciento de los peces se reproduce de esta manera, y un gran porcentaje de ellos se encuentran en peligro de extinción -como muchas otras especies-, debido principalmente a los altos índices de contaminación. Los goodeidos, también llamados mexcalpiques, son endémicos a nuestro país y a una pequeña parte de los Estados Unidos es decir que no los encontramos en ninguna otra parte.

Por ello la importancia del trabajo de mejora que hizo al biorreactor con membranas sumergidas la bióloga michoacana Renné Ibeth López Chacón, cuyo trabajo en sistemas de tratamiento de aguas para uso en cultivos de peces en cautiverio, especialmente los goodeidos, le valió el primer lugar nacional en el área de Biología y Química durante el Segundo Congreso Interinstitucional de Jóvenes Investigadores de la Universidad Autónoma de Chihuahua, el cual es avalado además por el Conacyt.

La joven bióloga nicolaita obtuvo además otros reconocimientos importantes otorgados por academias de ciencias, y con su trabajo de perfeccionamiento abrió la puerta a nuevas investigaciones y también nuevas esperanzas para los goodeidos.

Frente al embate de los agentes contaminantes que matan cada día nuestro entorno y a los miles de habitantes que intentan sobrevivir a dichos ataques, la operación de los biorreactores resulta una oportunidad importante para garantizar la permanencia de estas especies, muchas de ellas en vulnerabilidad y/o peligro de extinción.

Explican los especialistas que los biorreactores son sistemas en los que se llevan a cabo reacciones químicas y biológicas mediante las cuales buscan mantener en condiciones adecuadas a las bacterias que se mantienen en su interior, para que se alimenten de los residuos que entren al biorreactor y así limpien el agua de contaminantes biológicos.

En trabajos al interior de la universidad de la que es egresada la bióloga premiada, se laboró en la adaptación en laboratorio de un biorreactor con membranas sumergidas, que es un sistema combinado de microfiltración y cultivo de bacterias que degradan los contaminantes, el cual generalmente se usa en el tratamiento de aguas residuales.

Esta adaptación tiene la finalidad de usar el agua de las peceras de la Colección viva de peces de dicha Universidad para alimentar el biorreactor a escala y, al terminar el proceso, se pudo evaluar la eliminación de contaminantes tóxicos contenidos en el agua; así, se logró eliminar materia orgánica, y tóxicos en aproximadamente 96%.

Este logro permitirá mantener especies en cautiverio cuyos requerimientos de calidad de agua son muy estrictos.

Pero además de ello, ahora, en lugar de desechar el agua que se cambia en las peceras, ésta podrá reutilizarse con la confianza de que los peces no serán intoxicados por los componentes disueltos derivado del alimento no consumido, desechos de la respiración, orina y heces de los peces.

Ante los altísimos niveles de contaminación que registran ríos, lagos y arroyos, contar con un sistema así, perfeccionado, abre la puerta a la sobrevivencia de doodeidos como la Skiffia multipunctata, un pez conocido como “tiro pintado”, especie endémica a la cuenca del Río Balsas y que es el objeto de la investigación en cuestión.

Por su anatomía y fisionomía, el “tiro pintado” es un pez muy delicado que necesita una excelente calidad de agua para desarrollarse, de ahí la importancia de contar con alternativas que permitan mantenerlas fuera de su hábitat, para en un futuro reintroducirlas a su hogar, si es que las condiciones ambientales mejoran y más adelante, si es que es posible, usar esta tecnología aplicada en el cultivo comercial de peces como fuente de alimentación, con mejores estándares de calidad.