Según instituciones y universidades de EU
René Anaya
Quienes acusan a la televisión de todos los males, desde la obesidad hasta los elevados índices de violencia, pasando por la delincuencia organizada, cuentan con un estudio estadístico que parece demostrar que la televisión provoca graves pérdidas de la capacidad intelectual.
Sin embargo, ese estudio, a pesar de haberse efectuado durante cinco lustros, no prueba sin lugar a dudas que el solo acto de ver televisión sea la causa directa y principal de un deterioro mental, ya que existen muchos otros factores que puede intervenir en ese proceso.
El televidente dependiente
Investigadores de instituciones y universidades de los Estados Unidos, encabezados por Tina D. Hoang, publicaron en la versión en línea de la revista Jama Psychiatry, el 2 de diciembre pasado, el resultado de una investigación efectuada durante 25 años a 3 mil 247 personas de entre 18 y 30 años, sobre sus hábitos de ver televisión y su actividad física.
El estudio, que se efectuó del 25 de marzo de 1985 al 31 de agosto de 2011, consistió en tres evaluaciones en promedio. Se encontró que quienes veían televisión más de tres horas diarias y tenían poca actividad física presentaban una mala función ejecutiva en la mediana edad (hacia los 50 años), con una lenta velocidad del procesamiento de la información.
Este es estudio demuestra que los comportamientos de riesgo, como ver televisión y tener poca actividad física deben evitarse para prevenir el envejecimiento cognitivo, incluso antes de llegar a una edad mediana, según señalaron los investigadores en su trabajo Effect of Early Adult Patterns of Physical Activity and Television Viewing on Midlife Cognitiva Function.
“Estudios fisiológicos sugieren que las conductas sedentarias, como ver la televisión, afectan negativamente a la función metabólica mediante el aumento de la presión arterial, así como de los niveles de lípidos [grasas] y glucosa. Ver la televisión también puede estar asociado con diferentes patrones cognitivos y sociales, depresión y patrones dietéticos pobres”, consideran los autores como posible explicación de estos resultados.
Es decir que los propios investigadores reconocen que puede haber otros factores que influyan en los pobres resultados obtenidos en las pruebas cognitivas de los participantes en el estudio, ya que se debe considerar el aislamiento social como causa o efecto, al igual que el sedentarismo. Asimismo, se pueden tener presentes otras variables no consideradas en el estudio.
La observación activa
Además de factores como la depresión, la falta de oferta de actividades para el tiempo libre, la carencia de recursos económicos y la falta de cultura general por el grado bajo de instrucción educativa, entre otros, también se debería tomar en cuenta el comportamiento de la gente frente al aparato televisor.
De la actitud que se tenga ante un libro, una computadora u otro dispositivo o servicio, dependerá en mucho el resultado o uso que se haga de esos dispositivos. Así como no se puede confiar en que el hecho de leer cualquier libro nos aumentará la cultura o la comprensión del mundo por arte de la palabra escrita; asimismo no se puede responsabilizar a la computadora o a las redes sociales del mal uso que se haga de ellas.
En el caso del televisor, tampoco la exposición por más de tres horas a la programación puede ser directamente responsable del deterioro intelectual, pues se deberá considerar la forma en que se llega al encuentro con la televisión. Si se tiene una conducta pasiva, evidentemente puede suceder lo mismo si se lee un libro, se ve una película o se asiste a una representación teatral.
Lo verdaderamente trascendental es la actitud crítica que se tenga cuando se lea o se observe una obra, pues de esa forma se ejercen actividades cognitivas e incluso lo leído o presenciado puede ser fuente de inspiración. Por lo tanto, pasar más de tres horas diarias ante un televisor, no necesariamente es perjudicial.
Habría que cuestionar la actuación de los gobiernos, y de la sociedad en general, que no se preocupan de fomentar o alentar un pensamiento crítico en los individuos desde la escuela primaria. Esto no es privativo de países dependientes científica y tecnológicamente como el nuestro, también sucede en los Estados Unidos, como señaló Theodore Schikk, Jr, profesor de filosofía del Colegio Muhlenberg: “A menos que nuestro sistema educativo se centre más en enseñar a los estudiantes cómo pensar más que en qué pensar, nuestro pueblo se volverá cada vez más crédulo”, según lo citan Jim Hartz y Rick Chappell en su obra Mundos separados, editado por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM y la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica.
En esas circunstancias, faltan otros estudios que investiguen el comportamiento general de las personas que tienen menor capacidad intelectual, sus intereses culturales y de entretenimiento, hasta su ideología, para determinar si el solo hecho que efectivamente ver televisión por más de tres horas causa ese daño cognitivo.
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f/ René Anaya Periodista Científico
