En 1985, Carlos Fuentes publica la novela Gringo Viejo, trabajo que comienza a imaginar desde el año de 1947, el relato es otra mirada sobre la Revolución Mexicana, sobre lo que se ha establecido en la literatura mexicana como la “Novela de la Revolución Mexicana”, esto a partir de la publicación en 1915 de Los de abajo de Mariano Azuela, más adelante El águila y la serpiente y La sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán, ¡Vámonos con Pancho Villa! y Se llevaron el cañón para Bachimba de Rafael F. Muñoz y Cartucho de Nellie Campobello entre otros, y que precisamente en 1947, con la aparición de Al filo del agua, Agustín Yáñez retoma el género admirablemente (incluso considerándose el inicio de la novela moderna en el siglo XX), para que poco después se presente Juan Rulfo con El llano en llamas y Pedro Páramo (que aunque estas narraciones relatan la Guerra Cristera, este conflicto proviene directamente de la Revolución Mexicana, incluso al momento de suceder todavía se están viviendo los restos de la Revolución), y ya para 1958, Carlos Fuentes retrata nuevamente el movimiento por medio de La región más transparente y más adelante, de forma soberbia, con La muerte de Artemio Cruz.

Carlos Fuentes comienza a escribir Gringo Viejo en 1947, bajo la fascinación que le provoca Ambrose Bierce:

Estaba en Acapulco con mi familia en casa del licenciado Ramón Beteta, a la sazón secretario de Hacienda en el gobierno del presidente Miguel Alemán. Beteta, intelectual pero también deportista, me reprochaba que, a los dieciocho años, me la pasara en la casa leyendo y escribiendo en vez de dedicarme al esquí acuático. Yo no le hacía caso ni me molestaba. Estaba apasionado con mi proyecto y mi personaje; Ambrose Bierce, el mejor narrador de las historias de la Guerra Civil norteamericana, el autor de uno de los cuentos más perfectos que se han escrito, The Incident at Owl’s Creek Bridge[1]

 

Fuentes se refiere a Ambrose Bierce, quien al inicio de la Guerra Civil Norteamericana participa como Oficial Topógrafo, encargado de determinar los mejores escenarios, los campos de batalla más precisos para la contienda. Se refiere al periodista Ambrose Bierce, quien hacía 1868 comienza a publicar en diferentes medios como: The Argonaut, The Overland Monthly y New Letters. Ambrose Bierce, el escritor, que radica en Londres de 1872 a 1875, en donde se inicia su verdadera carrera de escritor. Ambrose Bierce, quien a partir de 1875 se traslada a San Francisco donde va a colaborar como columnista y editorialista del San Francisco Examiner, nada menos que de William Randolph Hearst.

Para Fuentes, Ambrose Bierce es un escritor para admirar pero también es muy interesante saber que Carlos Fuentes recordaba con entusiasmo que a los 11 años su padre, el Embajador Rafael Fuentes Boettiger, lo llevó en Nueva York a ver la película del Ciudadano Kane, del gran Orson Welles, cinta que lo deja muy impresionado, así que Ambrose Bierce además de resultarle un magnífico escritor debía parecerle una figura interesantísima, como columnista y editorialista del periódico que maneja William Randolph Hearst, el verdadero “Ciudadano Kane.”

La novela Gringo Viejo, parte de la anécdota real de Ambrose Bierce, quien en noviembre de 1913, cansado de la vida (pues después de luchar en la Guerra Civil no fue reconocido como él quería; también fracasa en su matrimonio y como padre; se sentía vacío como periodista, sobre todo en la etapa con Hearts), decide internarse en México, cruza por El Paso y en Ciudad Juárez se une al ejército de Francisco Villa, donde su rastro se desvanece. Fuentes escribe: “Harto de la vida, en 1913, a la edad de setenta y un años, decidió suicidarse de una manera original: cruzo la frontera con México, se unió al ejército de Pancho Villa y jamás se volvió a saber de él.”[2]

Gringo Viejo es una novela que nos enfrenta a otra realidad de la Revolución Mexicana, mejor dicho dos realidades, dos miradas diferentes, la mirada de afuera, los norteamericanos, “los gringos”, cómo advierten el movimiento armado en México, cómo ven a los mexicanos, cómo viven ellos mismos esta guerra, y al mismo tiempo nos muestra la percepción de los mexicanos frente a los extranjeros que vienen a México, unos para “cubrir” la Revolución, algunos para pelear, y otros más para tan sólo perderse en ella. Fuentes nos conduce al encuentro y el desencuentro de dos culturas que sólo están separadas por una frontera, como bien dice el personaje: Inocencio Mansalvo: … Ésta no es frontera, sino que es cicatriz.

Gringo Viejo es la historia de un viejo escritor y periodista que viene a México porque quiere participar de la Revolución y morir fusilado por Francisco Villa, así desea terminar su vida, es su principal anhelo.

Gringo Viejo es la historia de una mujer, quizá el personaje principal de la novela, pues estamos viviendo la novela por medio de su mirada, de su recuerdo: Ella se sienta sola y recuerda…, así nos dice el narrador y comienzan a desfilar los personajes ante nuestra mirada como fantasmas que no han conseguido exorcizar sus temores. Ella es Harriet Winslow, de Washington, antes de Nueva York, 31 años, soltera pero destinada a un novio ordinario y vacío, profesora normalista, vive al cuidado de su madre, y vive en la orfandad porque su padre las abandonó, mejor dicho se fue a Cuba a luchar y dicen que allá murió, eso dice la pensión que recibe su madre cada mes, aunque ella sabe que las abandonó. Harriet, cansada también de la monotonía, viene a México designada como institutriz a la hacienda de los Miranda, que han salido del país rumbo a Europa.

Y Gringo Viejo es la historia del general Tomás Arroyo, quien ha vivido siempre sometido, nació indio para servir a los patrones aunque él mismo es el hijo del patrón y la sirvienta. Tomás Arroyo se levanta en armas y está con la Revolución porque pelea por sus derechos, pero sus derechos se basan en unos viejos papeles que le fueron conferidos y que en ellos se establece que las tierras le pertenecen a los indios, que la hacienda le pertenece a él, toda su lucha gira en torno a esos papeles, esos papeles le dan legitimidad, cuando los papeles desaparecen a Tomás Arroyo ya no le queda nada.

Pero Gringo Viejo también es la historia de otros seres que luchan, que sufren, que aman, que viven, como sombras alrededor de estos tres personajes: el Coronel Frutos García, la Garduña, Inocencio Mansalvo, el niño Pedro, la mujer con cara de luna… y hasta Francisco Villa.

Carlos Fuentes lleva la novela de una forma magistral, los tres personajes principales viven una lucha, una guerra adentro de la misma guerra, de la misma Revolución, están luchando por descubrirse, por entender sus propias vidas, y luchan de forma combativa por cumplir sus destinos, lo que ellos creen que son sus propios destinos.

El gringo viejo vino a México a morirse… eso es lo que él ha creído, pero al llegar se enfrenta a Harriet y a Tomás Arroyo, él los advierte como sus propios hijos. Tomás Arroyo es la imagen de sus dos hijos muertos, uno alcohólico y el otro suicida. Harriet es la visión de su hija, la cual lo desprecia después de la muerte de sus hermanos, pero Harriet también es la mujer que el gringo ama, quizá su única esperanza para no morir.

Harriet viene a México a trabajar como profesora, para eso está designada, pero al llegar se encuentra con el gringo, en él ve la imagen de su padre, el viejo luchando en esta Revolución como su padre lucha en Cuba, es la oportunidad que tiene para salvar a su padre de morir, para no vivir más la ausencia de su padre. Y en Tomás Arroyo ve al hombre, ve la posibilidad de tener un hombre como nunca lo ha tenido, sentirse mujer, vivir la pasión como jamás la ha vivido.

El general Tomás Arroyo lucha por lo que él cree, tiene su propia Revolución, poner a la luz los papeles que le dan poder a los indios como dueños de la tierra, y a él como único dueño de la hacienda, pero al encontrarse con el gringo su destino se desvía, ve también en él una posible figura paterna, pues él no ha tenido padre aun cuando toda la vida ha estado a su servicio, el patrón de la hacienda. Tomás Arroyo además, admira la valentía del gringo, el sí observa su condición de militar y celebra su forma de luchar, su valentía en el campo de batalla. En Harriet, Tomás Arroyo ve la oportunidad del amor, la mujer que ahora lo puede acompañar a cumplir con su destino.

Carlos Fuentes juega espléndidamente con los personajes y es desde la mente, desde el recuerdo de Harriet donde se desarrolla la novela, y los personajes consuman sus destinos, unos destinos muy diferentes a los que se proponían.

En la novela también encontramos los recursos con los que Fuentes siempre nos sorprende, no es sólo la escritura soberbia, los monólogos internos de los personajes, o la intromisión de una nueva historia, ahora la de Francisco Villa, que el lector se queda con ganas de leer, también advertimos la presencia de los influjos que siempre fascinaron a Fuentes, por ejemplo, el gringo porta un ejemplar de El Quijote, que espera por fin poder leer antes de morir, en otro momento, cuando el gringo está conversando con Tomás Arroyo, éste contesta exaltado: Yo sé quién soy, viejo, frase que siempre nos remite a los diálogos que anteceden el final de don Quijote. Y hay más de estos trazos por todo el libro, como cuando al inicio el gringo llega a México y al cruzar, en la frontera, le preguntan sobre los libros que porta: ¿Y los libros, señor? y él contesta Son míos. A lo que su interlocutor responde: Nadie insinuó que se los hubiera robado. A lo que el viejo se resignaría, sin entrar en mayores explicaciones.

Al final del libro, Carlos Fuentes nos presenta una Nota final:

Nota del autor:

En 1913, el escritor norteamericano Ambrose Bierce, misántropo, periodista de la cadena Hearst y autor de hermosos cuentos sobre la Guerra de Secesión, se despidió de sus amigos con algunas cartas en las que, desmintiendo su reconocido vigor, se declaraba viejo y cansado.

Sin embargo, en todas ellas se reservaba el derecho de escoger su manera de morir. La enfermedad y el accidente –por ejemplo, caerse por una escalera– le parecían indignas de él. En cambio, ser ajusticiado ante un paredón mexicano… “Ah –escribió en su última carta–, ser un gringo en México; eso es eutanasia.”

Entró a México en noviembre y no se volvió a saber de él. El resto es ficción.

El 1 de octubre de 1913 Ambrose Bierce escribe a uno de sus familiares en Washington:

Adiós. Si oyes que he sido colocado contra un muro de piedra mexicano y me han fusilado hasta convertirme en harapos, por favor, entiende que yo pienso que esa es una manera muy buena de salir de esta vida. Supera a la ancianidad, a la enfermedad, o a la caída por las escaleras de la bodega. Ser un gringo en México. ¡Ah, eso sí es Eutanasia!

La Enciclopedia Británica indica que:

Probablemente Ambrose Bierce es asesinado en el sitio de Ojinaga en enero de 1914, pues un documento consigna la muerte en esta batalla de un “Gringo Viejo”. ø

[1] Carlos Fuentes. Retratos en el tiempo, p. 63.

[2] Ibidem, p. 63-64.