Ángela Villón puso de cabeza a Perú. La mujer de poco más de 50 años que aspira a lograr una curul en el Legislativo de ese país, golpea a los persignados con su eslogan de campaña: “Convertir al Congreso en un burdel respetable”, una leyenda que traspasa fronteras y alcanza a más de algún legislador -al menos aquí en México-, ante el pésimo prestigio que tienen en la actualidad los diputados.
Ángela es prostituta y desde hace algunos años, una férrea defensora de los derechos de las trabajadoras sociales, de ahí que su aspiración política haya causado gran controversia y la llevara a los escenarios de las primeras planas de medios nacionales e internacionales.
El discurso de Villón no está lejos de los que en su momento abanderaron las dos meretrices de Turquía que en el 2007 buscaron escaños políticos; o la brasileña que en el 2010 se postuló al parlamento de su nación por el Partido Verde.
En los últimos años se han difundido noticias de mujeres dedicadas al llamado oficio más antiguo del mundo, que incursionan, algunas con éxito, en el mundo de la política y en los negocios, entre otros.
Y es que la prostitución como tal se dejó de asociar exclusivamente con la pobreza y la ignorancia, y pasó a ser un efectivo medio de sustento para muchas mujeres, estudiantes que ocupan del sustento para concluir carrera o por el simple hecho de ganar dinero “´fácil”.
Pero el grueso de las mujeres dedicadas a la vida galante tienen una historia diferente, asociada sí a esa pobreza y a esa ignorancia referida líneas atrás; mujeres violentadas, explotadas, dejadas de lado, abandonadas a su suerte; víctimas de innumerables delitos como la trata de blancas, uno de los problemas sociales que ha escalado de manera alarmante en los últimos años a nivel internacional.
Ese es el discurso que encabeza Ángel Villón, la activista que contenderá en las elecciones generales y del relevo parlamentario de Perú, en el mes de abril.
Madre de cuatro, a la activista no le importa que le restrieguen en la cara sus orígenes laborales y hasta se siente orgullosa de cómo trabajó para sacar a su familia adelante. No le teme a las agresiones ni a los insultos y la palabra “puta” no tiene mayor significado que lo que representa. Nada más.
La dura que llevó por más de 30 años, las experiencias de sus compañeras de trabajo, y las vivencias de algunas de sus amigas, la encaminó a la lucha por los derechos humanos de las sexo-servidoras en el 2002 y de ahí en adelante, no ha parado.
Ángela Villón ha denunciado a la policía de su país, como los principales abusadores de las mujeres dedicadas a la vida galante, afirma que además de abusar de ellas, como sucede en otras muchas partes del mundo, como México, les roban el dinero ganado y como se entiende, irá sobre ellos si llega a ganar la curul que anhela representando al partido de izquierda llamado Frente Amplio.
Historias previas a la de Ángela, de mujeres que buscan incursionar en la política, al menos en Latinoamérica no han sido exitosas. El desenlace de la hazaña de Ángela se conocerá hasta abril, tras los comicios a celebrarse, pero hoy, por lo menos, ya dejó su marca y ocupa un lugar entre las notas destacadas de los medios internacionales.
