¿Hasta dónde debe llegar un reportero en el cumplimiento de su deber?, ¿hasta dónde debe llegar en su compromiso con la sociedad?

En su decálogo, Camilo José Cela, prolífero escritor español, advierte en los últimos dos puntos: “XI.- Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance y, manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie; y XII.- No ensayar la delación, ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua, y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda”.

Conceptos y preceptos simples que en muchos de los casos, sobre todo tratándose de “reconocidos comunicadores y líderes de opinión”, se olvidan y se dejan de lado, convirtiéndose en entes con verdades absolutas, aunque en realidad carecen un ápice de esa corresponsabilidad social.

Lo anterior viene a colación por el público y vergonzoso despido de Víctor Hugo Morales, el periodista uruguayo que se hizo famoso en el mundo deportivo cuando narró en el 86 el gol que le acomodó Maradona a la selección inglesa.

El veterano periodista deportivo fue ubicado en los últimos años como una “estrella radiofónica” en Argentina, gracias, en parte, precisamente a esa narración. Su liderazgo de opinión se consolidó cuando se convirtió en el principal defensor de la política de los Kichner; hace unos días fue públicamente despedido de Radio Continental. Se le acabó así, de un chispazo, su poderío a ultranza.

La forma es fondo y en el caso de Víctor Hugo, el despido, justificado o no, generó debate e inconformidad, sobre todo entre los cercanos y simpatizantes a la administración de Cristina Kichner.

El argumento de la empresa fue sucinto: “debido a reiterados incumplimientos contractuales que alteraron el normal desarrollo de las emisiones”. Así, de un manazo, le quitaron los dos espacios que encabezaba, uno donde hablaba del día a día en la Argentina, tocando temas político-sociales y económicos, y otro donde dejaba salir su vena deportiva.

Medios internacionales dan cuenta que, contrario a la declaración de la empresa, en un evidente gesto de rebeldía y de amor y lealtad a sus amigos, el comentarista acusó al gobierno de Mauricio Macri de ser el causante de su despido en un acto de censura.

Víctor Hugo Morales aprovechó los diez minutos que le permitió la empresa al micrófono con el fin de despedirse de su auditorio, para, en un acto dramático, realizar un feroz ataque en contra del nuevo gobierno.

Los leales a los Kichner ya alistan una serie de acciones para desacreditar a Macri, aprovechando la coyuntura del despedido del comentarista. ¿Hasta dónde, pues, el compromiso y hasta dónde la inclinación?