Jorge Humberto Chávez nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1959. Estudió Ciencias Sociales en la Normal Superior del Estado de Chihuahua y tiene una Maestría trunca en Filosofía. Ha sido catedrático en la UACH, UACJ y la Escuela Normal Superior de Chihuahua en las materias de sociología, estética, semiótica y literatura. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Colima 1981 y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos 1981.

Entre su obra poética se encuentra: De 5 a 7 p.m. (1981); La otra cara del vidrio (1984); Nunca será la medianoche (1987); El libro de los poemas (1996); La lluvia desde el puente (1999); La ciudad y el viaje interminable; antología personal 1980-2000 (2003); Bar Papillón y el poema triste/Bar Papillon et le poéme triste (edición en francés y español, 2004) y Ángel (2009). Ángel: Angelo, editada en Italia, 2013. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2013 por su poemario Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y fue finalista del Premio Internacional de Poesía Javier Valera Mora, de Venezuela.

 

—Eres de Ciudad Juárez, ¿cómo llegaste a San Luis Potosí?

—Entre 2009 y 2010 decidí cambiar drásticamente mi vida. Le di fin a un matrimonio y a mi trabajo como alto funcionario de cultura en Ciudad Juárez. Conocí a una chica y cambié de auto y de casa, luego cambié de Ciudad y acepté un empleo en San Luis Potosí.

—¿Cómo se originó Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto, que mereció el Premio Aguascalientes 2013?

—El poemario surgió cuando decidí retomar seriamente mi poesía en San Luis Potosí, a finales de 2011 cuando encontré el versículo y el tono, y a mediados de 2012 cuando tracé temas, lenguaje y atmósferas. Fue escrito de julio a octubre de 2012 con la finalidad de ganar el Premio Aguascalientes.

—Eres un poeta con una trayectoria de más de tres décadas en la escena literaria, ¿podríamos decir que hay un antes y un después del premio?

—No hay precisamente un antes y un después del premio. En 1981 gané el Premio Nacional de Poesía Colima, con un monto muy alto y un jurado formado por Chumacero, Sandoval, Montemayor, Bañuelos y Labastida. Creo que mis libros hablan por sí mismos y estoy particularmente satisfecho con El libro de los poemas, de 1996, y Ángel, de 2010, por no mencionar otros. Y hay como 50 poemas en mis libros que nunca debí escribir, pero eso no tiene remedio.

—¿Cuando lo escribiste pensaste en la posibilidad de ganar el premio mayor de la poesía mexicana?

—No solamente lo pensé, sino que puse en ello toda mi concentración y revisé críticamente mi obra anterior. Abordé la escritura del libro como un regreso a la poesía y como un abandono a mi obra ya publicada en ese momento.

—Eres un poeta que habla con un tono muy personal del entorno, la injusticia o la muerte de un amigo encuentran en ti una voz para el poema, ¿qué opinas de esto?

—Hay desde luego una poética de lo social por los temas, y las relaciones personales están socializadas en los textos. Como en toda obra hay una ideología y un elemento político en crisis, pero se trata en todo de una épica urbana sostenida con un lenguaje narrativo cercano a la crónica y poco afín a la decoración verbal o al preciosismo. Y ese lenguaje me permitió narrar la muerte del amigo y del vecino y el pasado y la postración de mi ciudad y de la frontera norte de mi país.

—Algunos de tus poemas abordan la problemática de violencia que vive nuestro país, ¿el tema te elige o tú lo has buscado?

—Con respecto a las historias de violencia tratadas en el libro, es un proceso de referencias recíproco, hay notas de 2010 donde me obligo a no olvidar ciertos sucesos, y después surgió un interés casi periodístico por adentrarme en los archivos buscando los distintos manejos de la realidad del fenómeno que diezmó a Ciudad Juárez.

—Háblanos de tus grandes maestros y amigos.

—Solo tengo un maestro y es David Ojeda, y mis grandes amigos corresponden a mi época de formación en el norte de México. De los poetas muertos y vivos que me han ayudado a trabajar tengo una lista muy larga, y de todos he aprendido algo, y llevo en mí una gran cantidad de literaturas.

—¿Qué es el poema para Jorge Humberto?

—El poema es una forma de objetivar un pensamiento estético. Es una construcción más delgada que una hoja y más durable que una ciudad.