Ni pesimismo catastrofista ni triunfalismo ramplón

 

Este año que comienza es el cuarto del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, y es también el primero de la segunda mitad de su gestión. Es el año en el cual comienza normalmente el camino de ascenso a la cumbre del ejercicio pleno del poder y éste alcanza su cenit en el quinto año, cuando se pronuncian las “palabras mayores”, porque el sexto y último, el nuevo sol va en ascenso: el candidato que ganó las elecciones, esto es, el presidente electo, diluye la presencia del presidente en funciones; sobre todo por el malhadado interregno, de cinco meses para el relevo en el Ejecutivo. A partir del año 2024 el cambio del Poder Ejecutivo será el 1 de cctubre según lo dispuesto por el ahora reformado artículo 83 de la Constitución.

El escenario para este año 2016 se observa complicado. La compleja y difícil economía mundial no parece mejorar, en todo caso crecerá muy moderadamente alrededor del 3%; la economía estadounidense, en la perspectiva más favorable, se estancará en un 2.5%, y la nuestra, si bien nos va, mantendrá un muy moderado crecimiento de entre un 2 y un 3%, todo ello, a pesar de las reformas estructurales, que deberían empezar a producir dividendos del corto plazo, pero la caída del precio del crudo a niveles inimaginables, aunado a la apreciación del dólar frente a casi todas las monedas del mundo y el alza de las tasas de interés de los bonos de la tesorería estadounidense, sólo nos permite vislumbrar un escenario poco halagüeño.

La situación mundial con sus complejas interrelaciones geopolíticas se observa también poco favorable, por lo mismo, el repunte de los precios de crudo habrá de esperar un tiempo de tres a cinco años como mínimo; afortunadamente, hemos evitado inmiscuirnos en pleitos ajenos y, poco a poco, la diplomacia mexicana recupera su pasado prestigio. La normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos podría propiciar una posibilidad de inversión en la isla para algunos de nuestros empresarios.

En el plano comercial, tenemos por delante la aprobación de todos los países participantes en el TPP, que acaso nos permitirá ampliar las perspectivas de nuestros intercambios comerciales y diversificar nuestras exportaciones.

Hacia el interior, no caben ni el pesimismo catastrofista ni mucho menos el triunfalismo ramplón. Ni México se está deshaciendo ni se encuentra al borde de la catástrofe, pero tampoco han llegado los tiempos de tronar los cohetes, luego de recoger las varas de las reformas emprendidas. Lo que sí parece prioritario y urgente es un replanteamiento de las políticas públicas y una reorientación de acciones en materia de seguridad.

Es hora de acciones decididas y enérgicas para combatir la corrupción y demostrar que el discurso de compromiso con la trasparencia y rendición de cuentas es cierto y va en serio. En el ánimo colectivo este tema es el que cala más hondo.

Por otra parte, este año habremos de enfrentar un proceso electoral concurrido y complejo. Se renovarán doce gubernaturas, y una más mediante una elección extraordinaria en Colima que se llevará a cabo a escasos días de que el lector tenga a la vista estas líneas.

Además se elegirán 368 diputaciones y 965 ayuntamientos. Algunos opinan que estos comicios delinearán el proceso de 2018; estimo respetuosamente que se equivocan, nunca ha sido así. El 2018 se resolverá en ese año, no antes por voluntarismo, erran gravemente quienes dan por terminado de manera prematura el actual gobierno. Será esta segunda mitad el tiempo de esfuerzos para consolidar los cambios emprendidos y debemos tener presente que si la va bien a México, nos va bien a todos.