Reñir con el gobernador no es solución

 

Hace un buen rato el estado de Morelos padece los embates de la violencia como feudo de grupos de la delincuencia organizada que sembraron el caos; la barbarie ha dejado un alto número de víctimas sin que haya una capacidad de respuesta visible como efectiva, el gobernador Graco Ramírez da tumbos, los hechos cotidianos así lo marcan.

Apenas el primer sábado de este año fue asesinada la presidenta municipal de Temixco, Gisela Mota, un hecho que refleja la vulnerabilidad que en materia de seguridad se vive en Morelos. Presuntamente fue un comando de sicarios de uno de los grupos delincuenciales el que acribilló a la alcaldesa. Morelos es ya un epicentro de la inseguridad, la estrategia del mando único hace agua.

Las dificultades no amainan, en la capital morelense el flamante alcalde Cuauhtémoc Blanco anticipa el fracaso porque opta por victimizarse para reflejar su precaria formación política, el capricho como sustituto de estrategias firmes; se trata, su caso, de un espejismo que habrá de resultar costoso para una de las urbes más aquejadas por la violencia.

No abunda en el diseño de políticas públicas en materia de seguridad, desconoce los elementos concretos de la gobernabilidad, parece ser un simple aficionado en política, un amateur rijoso sin mayores alcances que cuestionar, ayuno de propuestas.

Seguramente nadie discute su trayectoria como futbolista, su liderazgo en la cancha como jugador insignia del América, principalmente, sólo que la tarea de gobierno no se hace con los pies, requiere talento, visión y audacia que son atributos de los que carece quien fuera un crack. Reñir con el gobernador no es solución, hacer de la queja el único argumento no resolverá la crisis de inseguridad en Cuernavaca.

Ante el hartazgo que se vive contra cuadros políticos tradicionales ansiosos por continuar en la gula por el poder hubo en los últimos tiempos algunos modelos novedosos que revivieron esperanzas en un amplio sector ciudadano para optar por candidatos independientes como atípicos, tal ha sido el caso de Cuauhtémoc Blanco que ganó por una popularidad ganada en otro rubro aunque actualmente se percibe como un espejismo, sueño de humo.

Candidatos independientes o no tradicionales representaron una esperanza, un bálsamo en el quehacer público cada vez más devaluado por las mismas caras con idénticos discursos, se visualiza una democracia participativa en el corto plazo que facilite la legitimidad en la toma de decisiones porque el formato actual está erosionado.

Temas como el de la seguridad no pueden soslayarse ni asumir una pose triunfalista porque los estragos se sufren constantemente, los pleitos entre políticos no abonan absolutamente para despejar esas sombras malévolas, basta recordar el desencuentro que registraron Felipe Calderón con Leonel Godoy en Michoacán, tal encono más que perjudicarlos a ellos como protagonistas lo hizo contra los michoacanos ajenos a esos pleitos palaciegos.

No basta con las ganas ni los deseos, la política es ciencia y arte que la gobernabilidad exige si se trata de buscar el dorado que los griegos llamaron el bien común, como teleología de la cosa pública.