MÉXICO EN EL MUNDO

Es la hora de acciones y ejercicios

Ángel Benjamín Robles Montoya

Ángel Benjamín Robles Montoya

La crisis financiera mundial tiene un tipo de comportamiento de volatilización, cuya característica esencial consiste en que los instrumentos de política fiscal o monetaria vigentes no resuelven la problemática de creciente insolvencia de activos financieros, poniendo en riesgo máximo la producción y estabilidad de precios de bienes y servicios para el consumo.

México debe enfrentar esta volatilización haciendo uso de sus reservas internacionales para el crecimiento; acelerando las Zonas Económicas Especiales y democratizando el crédito. En lo internacional, hay que promover un nuevo sistema financiero que priorice la producción y uso de los flujos financieros en su favor.

La crisis actual no es cíclica ni de pronta recuperación, sino una crisis sistémica donde las medidas tradicionales de política fiscal y monetaria ya no son eficaces para lograr soluciones.

Se trata de una crisis sistémica porque la cantidad existente de dinero, en todas sus formas, a escala mundial crece de manera exponencial cada minuto y el único respaldo de tal crecimiento son formas ficticias y novedosas de más dinero.

La crisis del precio del petróleo no sólo es por el aumento de la oferta del hidrocarburo, ni por la negativa de los países de la OPEP para reducir la producción, sino porque la economía mundial ha ingresado en un proceso de desaceleración impuesto por la preponderancia de los fines financieros, lo cual es casi imperativo cambiar a la brevedad.

¿En verdad se requiere menos petróleo para el funcionamiento de la economía, cuando tenemos decenas de países en la pobreza promedio? En estos momentos la demanda mundial de petróleo está en el orden de 94 millones de barriles de petróleo diarios, pero esta “demanda” es la del “mercado”, porque se necesitaría por lo menos el doble para el crecimiento real de la economía de las naciones. Tenemos una crisis de precios en hidrocarburos que podría llevar a 20 dólares o menos el barril, asunto que a México por ningún motivo le conviene.

La caída de los precios petroleros afecta directamente el presupuesto federal, y la única alternativa que al respecto ha ofrecido el Poder Ejecutivo es realizar recortes o aumento de la recaudación. Esto es algo que podría funcionar una vez, pero las condiciones económicas del 80 por ciento de las familias mexicanas hacen imposible continuar con dicha política de austeridad.

México tiene grandes posibilidades de enfrentar exitosamente los retos y sinsabores de la economía mundial. La atracción de capitales al país se debe dar en el contexto de producción, y no de capitales golondrinos.

Las inversiones petroleras promovidas en la reforma energética son un fracaso debido a la situación de crisis de los precios petroleros. Producir un barril de petróleo fracking y tener rentabilidad atractiva significa un precio internacional de 90 dólares, algo que ya está fuera del alcance actual.

En cambio, la creación de Zonas Económicas Especiales podría acelerar la inversión extranjera directa de mejor manera con tecnología de punta e incorporación de industrias de mano de obra intensiva.

En esta dirección, el uso de las reservas internacionales debe servir para mantener el equilibrio presupuestal y para apoyar la inversión productiva de las empresas nacionales en las zonas económicas y otros proyectos estratégicos nacionales de infraestructura.

La democratización del crédito resulta de vital importancia para que llegue a todos los segmentos poblacionales con vocación empresarial y no sólo a aquéllos donde las garantías solicitadas son tres o cuatro veces mayores a los montos de financiamiento pedidos. Con algunas medidas complementarias, México podría enfrentar esta crisis que pretende quedarse. Es hora de acciones y ejercicios.

@BenjaminRoblesM

Senador por Oaxaca/PRD