Moreira en España
Hace poco más de tres años, antes de que se consolidara la candidatura a la Presidencia de la Republica de Enrique Peña Nieto por el PRI, existían fuerzas, que en ese tiempo surgían como fundamentales para esos comicios electorales: la maestra Elba Esther Gordillo jugaba un papel central y había sido electo como presidente del PRI el exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira. Ellos dos tenían una preeminencia en la sucesión: Moreira alcanzó la presidencia del PRI como un anticipo del apoyo del partido Nueva Alianza, que le daría la fuerza definitiva al precandidato priista.
En aquellas fechas, el 5 de noviembre de 2011, solicité, públicamente desde esta columna, la renuncia de Humberto Moreira, pues se había destapado una cloaca que aún no se ha aclarado respecto al manejo de miles de millones, en la entidad que gobernaba el aludido.
La lideresa magisterial perdió el piso exigiendo posiciones y candidaturas, más allá de lo razonable, dado el tamaño de su partido y su sindicato; por eso, finalmente la pretendida coalición con el PRI no resultó, por ello el partido Nueva Alianza lanzó un candidato propio de nombre Gabriel Quadri. Moreira renuncio al partido y la satánica rueda de la fortuna en la política giró de tal manera que, hoy por hoy, ambos (la maestra y el exgobernador) se encuentran en circunstancias adversas y privados de su libertad.
A Elba Esther Gordillo se le abrieron expedientes de causas penales, que aún no se resuelven, incluso, a mi juicio, se le han negado derechos fundamentales como poder continuar, por su edad, el arresto domiciliario para seguir con su proceso. Moreira desapareció del mapa político y se fue a estudiar a Barcelona, guardando un prudente silencio en la distancia académica.
Hoy inexplicablemente surge una investigación conducida por la autoridad judicial española, en la que se acusa al exgobernador de lavado de dinero, asociación delictuosa, se dice que cohecho (no entiendo cómo) y otros cargos más. Esta investigación penal se finca en el hecho de que el acusado recibía cantidades mensuales de 10 mil euros, haciendo un total de cerca de 200 mil (cantidad poco significativa comparada con las que se ha hablado en los tribunales de Texas y donde se ha comprobado la participación de su exsecretario de finanzas, Javier Villareal, y el gobernador interino que lo sustituyó, Jorge Torres López). Aparentemente, hasta hoy, no están conectadas ambas investigaciones, entonces, ¿por qué y cómo surge la consignación en España? En primer lugar, habrá que decir que el anterior gobierno español tenia estrechas relaciones con el PAN y con el expresidente Felipe Calderón, el embajador de México en España era el distinguido y honesto político panista Jorge Zermeño, quien había competido por la gubernatura con el propio Moreira; más aún, el actual presidente Rajoy pertenece a la misma corriente que Aznar (el Partido Popular) y son francamente enemigos del priismo, la prueba está en el twiter burlesco con el que la policía española da a conocer la detención de Humberto Moreira, que termina con la frase “misión cumplida”; esta mención es una falta de respeto al presidente de México, por donde quiera que se le vea.
Con estas líneas no pretendo exonerar, ni defender, al acusado, pero sí subrayar el carácter político que justamente se da en estos momentos de importantes elecciones estatales en 13 entidades de la república mexicana, un día antes de las elecciones en Colima donde el PRI demostró que sabe jugar con tranquilidad y tersura; pero también, cuando hay guerra sucia sabe meter las manos y destapar las alcantarillas en las que están metidos, hasta el cuello, muchos de sus oponentes, por eso volvió a ganar en esa entidad.
La rueda de la fortuna de la política es satánica, pero los políticos no se mueren hasta que están en la tumba, y siempre hay posibilidades de que el destino cambie.
Repito, no pretendo defender a quien pueda ser culpable; subrayo que la aplicación del derecho penal no debe ser, como hasta hoy lo ha sido, instrumento para encarcelar enemigos y dar impunidad a los amigos.
