Manlio Fabio Beltrones
Manlio Fabio Beltrones es uno de los políticos más completos que existen en el panorama mexicano. De ello no hay duda. Los hechos dan cuenta de la eficacia del exitoso estilo de hacer política que tiene el sonorense nacido en Villa Juárez.
Manlio es un político acostumbrado a la rudeza del sistema que lo ha formado. Un sistema en el que la regla es participar a sabiendas de que para sobrevivir se tiene que preparar lo mismo para dar que para recibir. Y no precisamente caricias.
Manlio es un profesional que ha superado traiciones y deslealtades mayores. Pongo un ejemplo anticlimático: fue víctima de una persecución bajuna que le hizo, sin resultados, por supuesto, Elba Esther Gordillo a través sus más perrunos operadores políticos, como Luis Téllez y Eduardo Bours.
Al inicio de esta semana, Manlio se reunió con un grupo de importantes periodistas mexicanos después de que el PRI, partido del que es dirigente nacional, obtuvo el triunfo en las elecciones extraordinarias para gobernador de Colima.
Ciro Gómez Leyva, uno de los asistentes a la reunión con el líder del PRI, publicó en su columna de El Universal que Beltrones le había dicho que no estaría preparando desde la dirigencia del partido su candidatura a la Presidencia de la República en 2018.
“Sería algo inequitativo y desleal”, consigna Gómez Leyva como el dicho más relevante de Beltrones en esa reunión con comunicadores, un encuentro que marca un hito en la relación entre los dirigentes del PRI y la prensa nacional.
La lealtad de Manlio tiene dos destinatarios perfectamente identificados: su partido y el presidente Enrique Peña Nieto.
No quiere ser inequitativo con abiertos precandidatos presidenciales como Aurelio Nuño, Miguel Ángel Osorio, Luis Videgaray, Claudia Ruiz Massieu, José Antonio Meade, Eruviel Ávila, quienes son distinguidos compañeros de su partido y que tienen legítimas aspiraciones de llegar a ser candidatos presidenciales del PRI en 2018.
Con Manlio al frente del PRI, cualquier candidato que seleccionara Enrique Peña Nieto, atendiendo a las reglas no escritas del presidencialismo mexicano, tendría amplias posibilidades de derrotar a los que fueran postulados por otras organizaciones políticas.
Y la experiencia de Beltrones atendería, por supuesto, a los emergentes candidatos independientes que son una figura ciudadana que no se debe de dejar de tomar en cuenta de manera muy seria, no sólo por el PRI, sino igual por los demás partidos que son desplazados de las preferencias del electorado, como ocurrió en Nuevo León con Jaime Rodríguez, el Bronco.
Las condiciones de inestabilidad que tiene el país a raíz de los inacabables brotes de violencia e inseguridad que se producen en varias entidadaes; o del complicado entorno económico que trae muy alto el precio del dólar y muy bajo el precio del barril de petróleo, sin duda que comprometen la oferta del PRI en cualquier proceso electoral.
La lealtad que anuncia Beltrones que tendrá para su partido es un mensaje implícito de que él busca que el PRI necesita adecuarse a la organización de una demanda social manifiesta que reclama seguridad y mejoría en sus condiciones económicas.
Esa lealtad que afirma tener el líder nacional del PRI debe asumirse de igual manera como un compromiso con los grandes problemas globales como el cambio climático, la violación de los derechos humanos o el combate al terrorismo.
Una sociedad en busca de justicia, calidad de vida, seguridad personal, expectativas de mejoría económica solamente se puede dar en una democracia sin adjetivos, como diría el clásico.
Y esa lealtad a la democracia es la que ofrece Beltrones a su partido y a su presidente. Aspirar a que el PRI cambie y llegue nuevamente al poder para ejercerlo con toda limpieza.
