El cambio se dará
El inicio del año comienza con recurrentes sobresaltos: tanto las elecciones extraordinarias en Colima, como la detención del exgobernador priista de Coahuila Humberto Moreira, por las autoridades españolas, constituyen acontecimientos que dan pie a su reflexión, por un lado y, por otro, a dotarlos de calificativos: nada de qué presumir, bastante para vergüenzas.
El modelo Colima se caracterizó por haber prevalecido la guerra sucia, por lo visto la estrategia tricolor consistió en la demostración, utilizando grabaciones ilícitas, calumnias y descalificaciones; la entidad se convirtió en un campo de batalla donde todo se vale, desde la mentira, hasta la agresión al votante, pasando por la cooptación mercantilista del elector.
Por lo visto, el nuevo PRI de Manlio Fabio quiere ganar a sangre y fuego las contiendas electorales, siendo ése el caso, veremos en las otras doce entidades donde se renuevan gubernaturas la misma receta colimense. En ese tenor, se anticipan desde ahora serias dificultades; el país no está para aguantar más imposiciones.
En cuanto al segundo: la aprehensión del exgobernador Moreira en España es todo un escándalo internacional. Se le acusa de lavado de dinero, organización criminal y cohecho. En realidad era un hecho público y notorio el inexplicable enriquecimiento de este personaje, sin embargo, esta detención nos coloca a los mexicanos en un sitio poco halagador. Ante la mirada internacional nos ven como una nación plagada de autoridades corruptas, que se solapan unas con otras, de secuestradores y narcotraficantes envueltos en una guerra por conseguir territorio.
Para nadie es un secreto que muchos de quienes ocupan importantes posiciones políticas, como algunos gobernadores, no sólo saquean las arcas públicas, sino que además se van a disfrutar con total impunidad esa riqueza al extranjero, burlándose de todos nosotros y, lo que es peor, solapados por nuestras autoridades.
No obstante, es lamentable que sean otros países quienes se ven obligados a aplicar la ley. Nada para festejar, por el contrario, precisamente derivado de esas acciones es cuando nos damos cuenta que por unos cuantos nos generalizan a todos: un país plagado de corruptos, de narcotraficantes y de ladrones, donde prevalece la impunidad y la complicidad.
El origen de nuestros males es una frágil cultura democrática, las trampas electorales vuelven como antaño a ser parte del sistema, la tendencia regresiva es una realidad.
Algo queda claro, la situación actual es insostenible: elecciones antidemocráticas, políticos corruptos y criminales a quienes no podemos juzgar en México por temor a que se escapen de la cárcel y, mientras tanto, tenemos que aguantar de todo, inseguridad, prepotencia, devaluación e injusticia.
La transformación del sistema mexicano es inminente, la distancia entre lo que se quiere por parte de la ciudadanía, y lo que se hace por quienes gobiernan, es enorme. El cambio se dará, de eso no hay duda, donde persiste la interrogante es únicamente si vendrá mediante un pacto social o se dejará en manos de un destino incierto.
