La Organización Mundial de la Salud se ha marcado como una prioridad la reducción de la mortalidad de recién nacidos. 

La señal de alerta no viene de la nada: casi el 45% de los niños menores de cinco años que fallecen cada año, son lactantes recién nacidos, bebés de menos de 28 días o en período neonatal, rezan los sumarios de la publicación oficial de la OMS.

Además, los fallecimientos de recién nacidos, o neonatos, constituyen el 40% de los fallecimientos de niños menores de cinco años. 

Al organismo internacional le alarma, como a muchos de nosotros, que tres de cada cuatro fallecimientos de esos pequeños se producen en su primera semana de vida, y que en los países en desarrollo, casi la mitad de las madres y recién nacidos no reciben cuidados profesionales durante el parto y posparto, lo que abona a las citadas estadísticas.

Con una población que raya en los 120 millones de habitantes, México aportó en el 2014 más de 1.3 millones de nacimientos y 5,24 muertes por cada mil personas. En los últimos años, el gobierno federal ha desplegado un sinnúmero de acciones con el fin de proteger al binomio madre-hijo y abatir al máximo posible la tasa de mortalidad vigente en ambos sectores.

Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, es común la lectura de historias donde pequeños nacen en condiciones infrahumanas, de pobreza extrema y de marginación total, y carentes por tanto, de servicios sanitarios de primer nivel.

Incluso en las zonas semi-urbanas y urbanas, es frecuente la publicación de noticias de este tipo, donde la carencia de servicios es el pan de cada día; o bien mujeres que no les permitieron ingresar a los servicios médicos y llegan a parir en cualquier lugar cuando el momento es inevitable.

Más allá de cuestiones presupuestarias, hay un factor que es común encontrar y es la intensa dispersión social que prevalece en parte de nuestro territorio. Las zonas serranas, las grandes distancias, la migración y otros varios factores, son determinantes para ello.

Nuestro país no está lejos de la estadística internacional que señala que hasta dos tercios de fallecimientos de recién nacidos, puede evitarse si se aplican medidas sanitarias básicas antes y durante el parto, y en el transcurso de la primera semana de vida de los pequeños.

En poblaciones con altos índices de pobreza y marginación se registra la mayoría de esos fallecimientos y llegan a ocurrir en el hogar, sin recibir los cuidados profesionales que podrían marcar la diferencia y aumentar sus posibilidades de sobrevivir.

Ciudades como la de México y estados como Michoacán, ya asumieron como propios uno de los ejercicios propuestos por la Organización Mundial de la Salud, en un afán de abatir las causas de mortalidad infantil: visitas a domicilio de profesionales de salud, certificados, durante la primera semana de vida de los recién nacidos para mejorar sus posibilidades de sobrevivencia.

La OMS también ha puesto ojos y oídos en los pequeños nacidos en circunstancias especiales, como con bajo peso al nacer; los hijos de mujeres seropositivas al Virus de Inmunodeficiencia Humano; o los bebés enfermos, que requieren cuidados adicionales y que deben ser ingresados en un hospital, de ahí que ocupen que el médico visitante los canalice al nosocomio correspondiente.

Las causas principales de fallecimientos de esos pequeños, sonel nacimiento prematuro y el bajo peso al nacer, las infecciones, la asfixia o falta de oxígeno y los traumatismos en el parto, causas que explican casi el 80% de las muertes en este grupo de edad. Todos ellos, factores de riesgo prevenibles y factibles de ser atendidos con eficiencia y rapidez. Sólo es cuestión que quieran.