Los trapitos al sol

 

El Partido Acción Nacional anunció hace unos días, muy pocos, que había decidido constituir una comisión anticorrupción encabezada por Luis Felipe Bravo Mena, quien declaró que los panistas sabían que iban “a pasar por un periodo de gran vergüenza”, pues al hacer una limpia en su partido saldrían muchos trapitos al sol. Pero la decisión estaba tomada.

No acababa Bravo Mena de decir lo anterior cuando se supo que la Auditoría Superior de la Federación había pedido al Grupo Tradeco que “devolviera recursos pagados irregularmente en la construcción de carreteras” durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa. Y no sólo en carreteras, pues la misma empresa es responsable del fraude de la Estela de Luz, donde casi se quintuplicó el costo calculado inicialmente.

Grupo Tradeco es el equivalente panista de Grupo Higa y otras firmas ampliamente beneficiadas por los priistas. En ambos casos hay operaciones que despiden un fuerte tufo a corrupción, porque ya se sabe que el cochupo y la transa no están monopolizados por el partido tricolor, sino que cuentan con entusiastas practicantes en el PAN, el Partido Verde o el maloliente PRD, embarrado hasta el cuello en el colosal timo de la línea 12 del metro.

Pero nuestros políticos, lejos de adoptar medidas para sanear la administración pública, parecen empeñados en promover la corrupción. Véase la notable contribución a la práctica de la mordida que acaban de hacer la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y el jefe del gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, con el reglamento de tránsito que hace unos días aprobaron unos y promulgó el otro, norma que establece altísimas y absurdas multas, lo que de manera automática elevará el costo de las exacciones a las que ya se dedican alegremente los agentes de tránsito.

El asunto de las irregularidades del Grupo Tradeco y los gobiernos panistas tiene una arista que evidencia probable colusión, pues la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, requerida para que entregue toda la información del caso, dice que no cuenta con resultados de auditorías u observaciones a las obras que, por cierto, se adjudicaron de manera directa, sin concurso de por medio.

En el colmo de la ineptitud o la complicidad, la SCT no ha querido hacer públicos los contratos y asegura que ignora “el estado que guarda la recuperación de dichos recursos, en el supuesto de existir las mencionadas auditorías”. Dicho en buen romance, las autoridades de Comunicaciones y Transportes no saben ni quieren saber qué hicieron los panistas, quizá porque siguen en sus cargos muchos funcionarios de otras administraciones.

En lo que se refiere al actual sexenio, la Cámara de Diputados ni siquiera ha podido aprobar las cuentas del primer año de Peña Nieto. Como que nadie se atreve a lanzar la primera piedra.