En menos de dos meses

En menos de dos meses, el próximo 13 de febrero comenzará la primera visita oficial del papa Francisco en México. Urbi et Orbi. Ya lo dijo en la ciudad para que lo sepa el mundo.

El papa Francisco es, sin duda, el líder moral de mayor relevancia en nuestro planeta.

Los católicos, y sus iglesias satélites, están radicados en la parte más avanzada tecnológicamente y la que concentra la mayor parte del poderío económico y militar en el mundo. Por ello, el papa es un personaje con una presencia mediática infinitamente mayor que cualquier otro líder religioso que exista en la Tierra.

Su imagen en los medios electrónicos, digitales y escritos es la más difundida recurrentemente. Mayor que la de cualquier mandatario de los 10 países más poderosos del mundo. Un ejemplo de ello es que ha venido a México un luchador social respetable como el Dalai Lama y el país no se ha cimbrado ni moral, ni social y menos políticamente, como ocurrirá con la visita a nuestro país en febrero próximo del papa Francisco.

Dice en su texto El humo blanco, el especialista vaticano Mauricio Sanders, que el nombre de papa es para uso exclusivo del jerarca del catolicismo.

“Entre los cristianos de Oriente es un título que lleva el patriarca ortodoxo de Alejandría, y el nombre de todos los sacerdotes de habla griega.” Se llaman papas a sacerdotes rusos, rumanos o serbios; pero es una deformación gramatical de la palabra Pope.

Dice Sanders: “El papa es juez supremo en todos los asuntos de fe y moral, y al decidir sobre éstos puede ejercer la infalibilidad. Ejerce también la jurisdicción suprema y puede legislar para toda la Iglesia y dispensar de las leyes canónicas. El papa puede erigir, suprimir y modificar en cualquier forma las diócesis y los territorios de misiones. Puede confirmar la elección de obispos, trasladarlos o deponerlos”. (Algo que en México le haría mucho bien aplicar en algunos conocidos casos en beneficio de la estabilidad del catolicismo, dada la irrupción de conocidos obispos insurrectos que confunden la pastoral social con el activismo político, y que ignorando sus cánones se convierten en parte de la oposición gubernamental intransigente y son sus contestatarios más radicales cuando éste, el propio gobierno, no es de su agrado por tener un signo ideológico que no les simpatiza.)

El presidente Enrique Peña Nieto tendrá pues la visita de un personaje de gran importancia mundial. “El Papa es Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor del Príncipe de los Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, Patriarca de Occidente, Primado de Italia, Arzobispo y Metropolitano de la Provincia Romana, y Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano”, según el estudio-definición de Sanders.

El papa Francisco llegará a un país convulsionado social, económica y políticamente, que como lo define el título del filme de Luis Estrada (2010), protagonizada por Damián Alcázar, Joaquín Cosío, Ernesto Gómez Cruz, María Rojo, Elizabeth Cervantes y Daniel Giménez Cacho. Una cinta que trata de manera real la problemática actual del narcotráfico y crimen organizado en México, es un infierno.

El papa Francisco encontrará en su visita una visión cercana de muchos problemas de derechos humanos reales que existen en México, de injustica social, de pobreza infamante e inhumana, de casos de tráfico de personas y de trata de niños y mujeres; así como de una absurda concentración de la riqueza y de un poder político corrompido hasta la médula tanto por el capital privado y sus grotescos contratistas como por el crimen organizado.

Y también topará con otros casos de protesta social muy inflados y casi artificiales como los que promueven Javier Sicilia y el obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro a propósito de unas fosas comunes radicadas en Tetelcingo, o la increíble versión satelital de los expertos (?) de la CIDH que analizan la “verdadera verdad histórica” de la incineración de los normalistas de Ayotzinapa en el basurero de Cocula, ahora apoyados por el ya desbrujulado padre Solalinde.

En México, el suceso anticlimático de la Iglesia católica en los tiempos recientes fue el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, al que se le atribuyeron intenciones de denunciar las ligas de la Iglesia y la política con el crimen organizado y que fue masacrado con catorce balazos en un salvaje evento del que se dijo que se confundió al prelado nada menos que con el ahora famoso escapista Joaquín el Chapo Guzmán.

Por ello muchos dicen que los mexicanos somos guadalupanos, pero no súbditos de Norberto Rivera, Solalinde o Castro y Castro, por citar nombres cismáticos dentro del catolicismo en nuestro país.

Carlos Salinas, Norberto Rivera, el que fue conocido como el narconuncio Girolomano Prigione, la huida increíble de los asesinos del cardenal Posadas en el mismo aeropuerto de Guadalajara son expedientes no cerrados por los servicios de inteligencia del Vaticano.

Pues sea usted bienvenido en febrero a este infierno, Su Santidad, hábil y eficiente diplomático, así como carismático líder, papa Francisco.