POR LOS CAMINOS DEL SUR

Acapulco.- El aromático café con sabor a dulce fundido que formó parte de la mesa de los habitantes de la región durante generaciones, hoy se ha vuelto de un recio amargo, superior al arábigo y ni la tablilla de chocolate podría atenuarlo. Además el aroma que en un tiempo perfumó las montañas del sur, tiende a disolverse, como si el viento lo arrancara violentamente, presagiando tormentas.

La siembra de aguacate, ajonjolí o maíz constituyen ya las alternativas ante el desplome de Las cosechas. En el 2014 cuando se recolectaron 85 mil quintales mientras que de 1990 a 93 la producción de café fue de 675 mil quintales, aproximadamente unos 540 mil sacos y esos son los referentes más altos. La productividad también se ha desplomado: de 1.7 toneladas de café ciruela producidas por hectárea en 1995, se pasó a 0.8 en 2013,

Víctima de plagas, mala planeación pero sobre de una brutal competencia internacional, y una no menos intensa competencia por hectáreas de cultivo con ciertos enervantes, la siembra de café en Guerrero parece avanzar hacia su extinción.

A pesar de que la cafeticultora fue considerada como una parte importante en la reactivación económica de la entidad dentro del programa “Nuevo Guerrero”, el grano aromático parece escaparse entre las manos de sus productores.

La crisis no es reciente. Se trata de un proceso que lleva poco más de 20 años y es probable que en este 2016 se manifiesta de la manera más dramática y no debe perderse de vista que la crisis en los cultivos tradicionales de la entidad han sido contemporáneas de los estallidos sociales más significativos en su historia política.

El café es, la segunda mercancía más valiosa del mundo, solo por detrás del petróleo. Genera 20 mil millones de dólares al año y se consume en prácticamente todo el planeta. En sus momentos de plenitud, los cafeticultores guerrerenses tuvieron en sus manos un caudal de riqueza semejante al de la copra. Y hoy tiene el mismo final lamentable.

La cereza roja comenzó a expandirse por las montañas de Guerrero durante la última década del siglo XIX. Las primeras plantas fueron introducidas por Claudio Blanco, en la finca el gambito hoy la comunidad del porvenir en la región de la costa grande y fue hasta 1890 que la finca el estudio inició la explotación comercial del grano.

Aunque la producción se mantuvo durante un buen tiempo bajo el control de hacendados y terratenientes y los campesinos solo participaban como jornaleros en las labores de recolección y el cuidado de las parcelas, el cultivo se extendió rápidamente por la sierra de Atoyac por lo menos hasta 1940 cuando fue entregada a los campesinos la unidad agraria de la zona cafetalera de Atoyac por el presidente Lázaro Cárdenas.

se edificaron los primeros beneficios húmedos de la región, se construyeron pistas de aterrizaje para sacar el café en avionetas y se impulsó el establecimiento de nuevos cafetales a finales de los años cincuenta.

En 1970 llegó el instituto mexicano del café (Inmecafé) y en cinco años se constituyó en el principal comprador de café de la región, rompió con el monopolio comercial y contribuyó a ampliar las opciones de los pequeños y medianos cafeticultores.

En 1993 Guerrero ocupó el quinto lugar nacional en producción de café según los datos censales de esa época.

Pero existen factores que han venido amargándolo: el hongo de la roya desde 1981 y la caída acumulada de 43 por ciento en los precios internacionales desde el 2014.

Además, el rendimiento de los campos cafeteros se ha colapsado 60 por ciento desde el 2000 y, las tendencias indican que menos de 3 años Nayarit e Hidalgo rebasarán al estado como productores, arrebatándole aún mayores cuotas de mercado de las que ya ha perdido.

De las 42 mil hectáreas registradas de cafetales, 12 mil 600 han sido abandonadas y 73 por ciento de nuestras plantas son muy viejas, algunas con más de 100 años.

La productividad también se ha desplomado: de 1.7 toneladas de café ciruela producidas por hectárea en 1995, se pasó a 0.8 en 2013, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Pesca (Sagarpa). Desde 2011, la dependencia ya advertía que Guerrero había dado un salto tecnológico en su producción cafetera, pero hacia atrás, al reducirse la superficie cultivada de forma especializada para volver a sistemas rústicos.

Las zonas cafetaleras guerrerenses se localizan en las regiones Costa Grande, Costa Chica y La Montaña. En la sierra de Atoyac se cosecha el famoso café de altura para mezclas internacionales aunque también lo producen los municipios de Malinaltepec, Iliatenco, Tecpan de Galeana o Petatlán.

El mapa del café coincide con el de la miseria y la violencia. Los 14 municipios cafeteros del estado tienen tasas elevadas en los indicadores tasas elevadas de todos los indicadores de producción de amapola, desempleo, subempleo, marginación…

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), aseguró que en los últimos 20 años, muchos habitantes de estas municipalidades dedicadas al café optaron por dedicarse a la más rentable narcoagricultura, acicateados por el mercado y la economía.

Datos de la dependencia señalan que 8 mil 400 hectáreas de plantíos de amapola han sido erradicadas, justo en los municipios cafeteros, desde 2006. Atoyac que resulta el municipio cafetalero emblemático en Guerrero, también lo es ahora de amapola. En 8 de cada 10 kilómetros se han encontrado sembradíos de droga. El caso es aún más absurdo en Ayutla. En su territorio, que no rebasa los 735 kilómetros cuadrados, han sido fumigados plantíos que equivalen a 977 kilómetros.

De 14 municipios cafeteros, 14 fueron incluidos en la cruzada contra el hambre; tres reportan pobreza alimentaria más elevada que en 1990 y seis sufren mayor pobreza por capacidades que ese año.

Peor aún es la pobreza patrimonial. Nueve municipios cafeteros están hoy sustancialmente peor que a inicios del sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Cuatro han perdido población, porque sus habitantes han sido expulsados económicamente.

 

LA ROYA DESENCADENARIA CATÁSTROFE

De acuerdo con los datos de la Sagarpa, la roya se manifestó en Guerrero en 1982, pero en la última sepa se volvió más agresiva. La enfermedad encontró plantaciones viejas, sólo un nueve por ciento desarrollándose y el ocho por ciento con nuevas matas en condiciones de producir.

Se estima que dentro de tres a cinco años ya no habrá café en Guerrero, si no se controla la roya o no se siembran nuevas plantaciones. Durante 2015 sólo se rescató el 30 por ciento de la producción del aromático, representando una pérdida aproximada de 100 millones de pesos.

En 2013, la zona de cultivo fue afectada por los huracanes Ingrid y Manuel e incluso en el Plan Nuevo Guerrero, se planearon líneas específicas para la reactivación de dicha producción consistentes en incentivos económicos, renovación de plantas y paquetes tecnológicos.

La plaga se agudizó, en octubre de 2014, por un efecto climático con la falta de lluvias y temperaturas altas. Afectó entonces a 15 mil hectáreas, de las cuales, el 55 por ciento ubicadas en el municipio de Atoyac, principal productor de café en la entidad.

Se anunció que se atenderían 5 mil 719 hectáreas, distribuidas como sigue: Coyuca de Benítez, 890; José Azueta, 160; Petatlán, 515; Tecpan, con 496; San Luis Acatlán, mil 500 hectáreas; Acatepec, 156; Iliatenco, mil 852 hectáreas; Manilaltepec, 3 mil 20 hectáreas; Metlatónoc 569, y Tlacuapa, 81.

Durante el 2015 el gobierno federal destinó 15 millones de pesos para comprar y aplicar fungicida, y Rogelio Ortega Martínez, gobernador sustituto, se comprometió a aportar otros 15 millones, dinero que nunca llegó además de que los implementos entregados no solo fueron insuficientes sino extemporáneos.