La historia tiene una presencia y un rostro, y sobre la Independencia, de México, el rostro le pertenece al del cura Miguel Hidalgo, pero la presencia, el cuerpo del empuje para conseguir el cambio, fue principalmente de los “indígenas”, que, forzados o lastimados por las condiciones de esclavitud en que se encontraban y con una postura política sin prácticamente ninguna figura, es como se inician los periodos insurreccionales; lo que paralelamente se da en una buena porción de América: “Es imposible, naturalmente, describir de manera puntual todas estas instancias de movilización popular. La dificultad deriva en parte de su número, pero sobre todo resultado de su carácter mismo: como lo popular en América existía de manera localizada y particular, los momentos de rebeldía tienen también que comprenderse como resultado de contextos específicos, muy acotados y contingentes”.

El historiador por la UNAM, Luis Fernando Granados (Ciudad de México, 1968), doctor en historia por la Universidad de Georgetown, entrega en su más reciente volumen que por título completo tiene En el espejo haitiano. Los indios del Bajío y el colapso del orden colonial en América Latina (Ediciones ERA, México, 2016; 300 pp.), un amplio panorama que “La rebelión novohispana de 1810, con todo, no fue el único episodio de violencia popular ocurrido en el Nuevo Mundo. En la Banda Oriental, en Salta y Jujuy, en el Alto Perú, pero también en Pasto y en los llanos de Venezuela, otros muchos indios, mulatos, zambos, gauchos y mestizos se movilizaron no a favor ni en contra de la independencia de España sino para destruir el sistema que los oprimía y los explotaba. En sus actos es imposible no advertir un eco de la extraordinaria revolución campesina de los trabajadores esclavizados de lo que hoy es Haití”, dice la presentación de este trabajo sumamente documentado, que ilustra con imágenes de esos movimientos rebeldes, así como sitios o pactos de aquellos días, sin dejar de lado gráficas y regiones geográficas que complementan el panorama de un episodio de “realismo popular”.