Año bisiesto

Este año, el mes de febrero tendrá un día más para ajustar mejor nuestro calendario occidental al astronómico, como sucede desde hace centenares de años, pero también este año bisiesto dará oportunidad a las mujeres de pedir a los hombres en matrimonio, de acuerdo con una vieja tradición, aunque ahora cada vez hay menos restricciones sociales al respecto.

Por su parte, los supersticiosos consideran que este año será funesto o siniestro. Si bien es cierto que en años bisiestos se hundió el Titanic (1912), asesinaron a Gandhi (1948), Robert Kennedy y Martin Luther King (1968), John Lennon (1980) e Indira Gandhi (1984), también lo es que lamentablemente en años no bisiestos han ocurrido muchas otras tragedias. Lo que sí sabemos es que los años bisiestos nos ponen en sincronía con el Sol.

 

Del romano al juliano

Según la tradición, el primer calendario romano, creado por Rómulo, primer rey de Roma, era de diez meses (de marzo a diciembre) y tenía 304 días. Su sucesor, Numa Pompilio, agregó dos meses (enero y febrero) para que el año constará de 355 días, además, cada cuatro años se añadían dos meses uno de 22 y otro de 23 días. Aun así había un desfase con el año solar.

En tiempos de Julio César, el desfase era enorme, por lo que el emperador solicitó a Sosígenes de Alejandría, astrónomo, matemático y filósofo, que diseñara un nuevo calendario, probablemente inspirado en el calendario egipcio que se basaba en el ciclo solar, al igual que el maya, el cual obviamente Julio César desconocía.

Sosígenes calculó que el año solar o trópico era de 365 días y seis horas, lo que significó un gran avance y una hazaña astronómica, pues actualmente se conoce que el año solar en promedio dura 365 días, cinco horas, 48 minutos y 46 segundos. Con estos cálculos, Sosígenes propuso que el año durara 365 días y cada cuatro años se agregara uno al calendario para compensar el desfase.

Antes de realizar esta reforma al calendario, Julio César decretó que el año 46 antes de nuestra era durara 445 días, para que el inicio del siguiente año coincidiera con los ciclos estacionales. Por lo tanto, a ese año se le llamó juliano o, más propiamente, de la confusión.

Para intercalar un día cada cuatro años, Julio César ordenó: “repítase el sexto día antes del primer día del mes de marzo”, es decir: bis sextus dies ante calendas martii, de ahí el nombre de año bisiesto, que perdura a la fecha, aunque el día intercalado ya no se encuentre entre el 23 y el 24 de febrero, como lo decretó el emperador romano.

 

Los ajustes de los bisiestos

El calendario juliano disminuyó el desfase de los años terrestres y logró conciliar, en su momento, las festividades católicas. Pero como se introdujeron once minutos cada año, al paso de los siglos se tuvo un desfase tal que en 1582 el equinoccio de primavera ocurrió el 11 de marzo, en lugar del 21.

Para corregir ese desfase, el papa Gregorio XIII solicitó al astrónomo y jesuita alemán Christopher Clavius que analizara la forma de empatar nuevamente el calendario con el año solar. El interés del Papa seguramente no nació de su deseo de mantener sincronizado el año solar con el terrestre, sino del riesgo de que las festividades litúrgicas siguieran moviéndose y en años posteriores se llegaran a empatar la Pascua de Resurrección con la Navidad.

Como desde el año 525 de nuestra las autoridades eclesiásticas decidieron que la Pascua de Resurrección se celebrara el primer domingo siguiente a la primera luna llena después del equinoccio de primavera, entonces, si ya había diez días de retraso, las fechas móviles de las festividades litúrgicas quedarían desfasadas completamente.

En esas condiciones, Clavius propuso una ligera modificación a la regla del año bisiesto cada cuatro años, para enmendar el desfase. Planteó que cada cuatro años habría un año bisiesto siempre que fuera divisible entre cuatro, pero no lo sería si fuese divisible entre cien, excepto los que fueran divisibles entre 100 y 400 a la vez.

De esta forma, el papa Gregorio XIII estableció que entrara en vigor la reforma, pero como ya había un desfase de 10 días, decidió que del 4 de octubre de 1582 se pasara al 15 de octubre de 1582. El cambio no fue simultáneo en todos los países. Por ejemplo, Inglaterra lo adoptó hasta 1752, por lo que la fecha de fallecimiento de Shakespeare y Cervantes coincide pero en diferente calendario: la fecha de defunción del primero es según el calendario juliano y del segundo, conforme al gregoriano.

Lo cierto es que el ajuste de Clavius, vigente a la fecha, tiene una mayor precisión, pues se estima que cada 3 mil 200 años se acumulará un día de desfase, así que en el año 4782 nuestros sucesores deberán aumentar otro día a febrero, si siguen viviendo en la Tierra.

 

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f/René Anaya Periodista Científico