Los nuevos fariseos estarán presentes
La visita del papa Francisco ha generado diversas reacciones, desde las previsibles de una feligresía aún numerosa y las de quienes reprochan dicho acontecimiento, una vez más la polarización que toma distancia de la tolerancia como suele ocurrir con frecuencia, el campo de batalla de las ideologías disímbolas no es la calle pero si las redes sociales.
México ha cambiado si comparamos el año de 1979 en que por primera vez un sumo pontífice arribó a nuestro país, en ese lapso no se registraban aún las relaciones diplomáticas, la tradición juarista se mantenía imperturbable, en la memoria se había archivado el conflicto armado de la controvertida Cristiada y los discursos oficiales abrevaban de la Guerra de Reforma para invocar el Estado laico.
La mayoría de la población mexicana es católica aunque ello no obsta para que los indicadores retraten el decremento de la feligresía que emigra a otras confesiones de fe; influye también la colección de numerosos escándalos como la pederastia que han provocado tomar distancia de una organización antigua que suele perdonar los pecados mas no los escándalos.
Las entidades que visitará el jefe de la Iglesia católica tienen componentes simbólicos evidentes, Michoacán es una tierra en la que se suscitaron eventos trágicos vía los grupos de la delincuencia organizada, ahora mismo presuntas organizaciones irrumpen en la escena mediática para anunciar que están de regreso, también fue hace siglos un feudo que registró aportaciones humanísticas a través del primer obispo que conoció el estado, don Vasco de Quiroga, que es recordado no sólo por homilías sino por la instauración de oficios así como un aporte vivo que se refleja en la Universidad Michoacana a través del Colegio de San Nicolás.
Michoacán también vio nacer a Marcial Maciel, el personaje non grato cuyo nombre desata los escándalos ominosos de la pederastia.
En Chiapas seguramente abordará el tema de los pueblos originarios, los cuales han sido excluidos históricamente, la corriente de la teología de la liberación, casi exterminada en el pontificado de Juan Pablo II ha sido la expresión más vinculada al indigenismo. Un ejemplo al respecto lo constituyó quien fuera obispo de San Cristóbal de las Casas, don Samuel Ruiz.
En Ciudad Juárez, la frontera cruenta, abordaría el viacrucis que experimentan los emigrantes que en muchos casos sufren los abusos policiales y de los grupos de la delincuencia para expandir los dramas cubiertos en la mayoría de los casos por la gruesa cobija de la impunidad.
El papa Francisco se ha caracterizado por el ritmo e intención de sus pronunciamientos que no van en sintonía con los que distinguieron a sus antecesores, no obstante el carisma de Juan Pablo II y la frialdad de Benedicto XVI.
Evidentemente el oportunismo político estará presente en los diversos actos que habrá de encabezar el jefe del Estado Vaticano y cabeza de una numerosa comunidad religiosa internacional en occidente. Los nuevos fariseos estarán presentes, la popularidad bien vale una misa y una foto.
Mientras, el Estado laico se debilita entre el oportunismo, la amnesia institucional y la mediocridad imperante en las altas esferas gubernamentales.
