Entre el mosquito “zikario” y el virus de la influenza, el sector salud en México está vuelto de cabeza. Para atender la amenaza del primero, no hay medicamento ni medidas cien por ciento eficientes; y para enfrentar la contingencia provocada por el segundo sí existe el medicamento adecuado pero no hay suficiente en existencia.

La epidemia de influenza en sus distintas versiones, acentuada en las últimas semanas, despertó entre los mexicanos el desesperante espíritu de sobrevivencia, los que están enfermos ocupan el medicamento y los que no, quieren adelantarse ante el riesgo inminente del contagio viral, por lo que han salido a las calles en la búsqueda desesperada del Aciclovir o cualquiera de sus presentaciones.

La sinrazón llenó mentes y corazones luego de que las autoridades sanitarias advirtieran que se entrará a una etapa difícil de la influenza: quedan cuatro semanas de contagios, enfermos, más contagios y más enfermos, antes de que la curva del padecimiento comience a bajar hasta desaparecer en el firmamento.

A través de distintos medios, se da cuenta cómo la desesperación por encontrar el medicamento que combate el virus de la influenza en todas sus presentaciones, exponiendo historias de vida que rayan en el dramatismo total.

Habitantes de la Ciudad de México se desplazan a fuera de la demarcación capitalina con el fin de buscar en otros puntos del país las dosis del Aciclovir, el Oseltamivir o Tamiflu (nombre comercial).

Las compras locas y desesperadas han obligado a las autoridades sanitarias a emitir sendas recomendaciones y advertencias, tanto a las farmacias particulares como a los ciudadanos en general: el medicamento sólo se expenderá previa receta de por medio y ésta debe ser original, no copia ni fotos o sugerencias del doctor de cabecera.

El ordenamiento ha generado más desesperación social. En Cuernavaca, por ejemplo, una familia se instaló toda la noche en una farmacia donde encontró el Tamiflu y cuando se negaron a la venta por no llevar receta, decidieron acampar ahí hasta que otro familiar les llevó la disputada receta.

La medida también permitirá un mejor control en la distribución de la medicina, ya que, como siempre, hay quienes, detectaron el signo de pesos en la contingencia, y se han dedicado a revender el medicamento.

El desabasto parcial ya está siendo atendido, tardíamente (otra vez), por la Secretaría de Salud, que le urgió a Roche, el laboratorio fabricante del oseltamivir, cumpla con su compromiso de surtimiento antes del 6 de marzo. De no hacerlo, la firma se arriesga a quedarse sin el jugoso contrato y, además, a ser multada por incumplida.

Entre el 15 de noviembre del año pasado y el día 24 de febrero, Roche distribuyó más de 80 mil tratamientos de oseltamivir en farmacias privadas. En los últimos días, ingresaron un total de 17 mil unidades al mercado, de las cuales 6 mil 300 son para las instituciones públicas y 10 mil 700 para el sector privado.

De esas 17 mil unidades, 11 mil 300 provienen de la reserva estratégica del Gobierno y cinco mil 700 fueron aportadas por el laboratorio. Antes del 6 de marzo deberán estar disponibles 20 mil unidades de tratamiento para el sector privado y 65 mil para las instituciones públicas. Al menos, en teoría, ese es el plan.