Hay quienes vieron en la visita Papal la oportunidad de sus vidas para hacerse millonarios. Hoteleros, restauranteros, vendedores ambulantes, todos, empezando por las autoridades, creyeron verdaderamente que tenían ante sí la mejor opción…. Y se equivocaron.
Experiencias de otras latitudes, como en Estados Unidos, donde las ventas por la gira papal de septiembre del 2015 a Filadelfia dejó ventas de por lo menos 418 millones de dólares; o Brasil, que registró 530 millones de dólares, llevó a los mexicanos a pensar que en tierra azteca sería el negocio del siglo.
En la antesala de la gira, las distintas cámaras de comercio anticiparon ventas por más de 7 mil 500 millones de pesos, casi tanto como lo que registraron en su oportunidad Ecuador, Bolivia y Paraguay, con ingresos más de 350 millones de dólares.
Estaban seguros que el furor de la papamanía se reflejaría en cualquier cantidad de artículos como, repito, sucedió en Estados Unidos, Argentina y Perú, donde hasta pizzas con la cara del Pontífice, circularon a la venta.
En México la cosa no fue tan lejos, pero sí: gorras, pines, peluches, discos, veladoras, playeras, botellas de agua, banderines, tazas y hasta un pan con el rostro de Francisco, fueron algunos de los artículos ofertados, en algunos casos con muy poco éxito, en las distintas plazas que tocó el Vicario de Cristo durante su gira por tierras mexicanas.
De los llamados comercios establecidos, los más volados fueron los hoteleros y los restauranteros, quienes incrementos precios de tarifas de manera insultante, aprovechando la ley de la oferta y la demanda.
En la capital del país, por ejemplo, la Cámara Nacional de Comercio calculó ventas por 900 millones de pesos, en una derrama que no llegó a los mil establecimientos aledaños a la Basílica y la Catedral, que tuvieron que cerrar por órdenes de las autoridades.
La queja de Fernando Gómez, responsable de la tienda de Artículos Religiosos Guadalupanos situada en la Basílica, fue muy clara, tras el aviso oficial de la delegación Gustavo A. Madero donde avisaba que el Estado Mayor Presidencial tomaría las zonas cercanas, por lo que tendrían que cerrar sus locales el viernes 12 y sábado 13 de febrero, las pérdidas estimadas superaron los 60,000 pesos.
Como en la capital del país, comerciantes de Chiapas y Michoacán, se quejan amargamente de que no alcanzaron sus objetivos y que la culpa fue del gobierno por los rígidos operativos de seguridad que se implementaron y que impidieron que la gente circulara libremente.
Las expectativas tampoco rompieron estándares en el Estado de México o en Chihuahua. Al final, las cosas no sucedieron como todos ellos pretendieron ni anticiparon. Dejaron de lado el hecho de que quienes gustan de acompañar al Sumo Pontífice en sus recorridos, sean de México, Estados Unidos, Brasil o Ecuador, no son turistas, y por tanto, el enfoque y tratamiento debe ser diferente al del paseante del común denominador; son personas que persiguen la fe y no un mero souvenirs papal.
