Gerardo Yong
Sun Tzu, recomienda en el libro El Arte de la guerra, que cuando un general tenga aliados potenciales, entonces debe acercarse a ellos y establecer la comunicación. No siempre pasa lo mismo con los acuerdos comerciales, aun cuando muchos de ellos tienen fundamentos estratégicos que terminan en favor del socio más astuto o ambicioso. El Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) es un caso muy particular, ya que se le ha señalado como una medida para preservar los intereses estadounidenses. Si nos ponemos en contexto, este tratado reúne a una serie de países con distintos potenciales económicos y, ni qué decir, también con culturas distintas en la manera de entender los mecanismos de desarrollo y de negocios.
Doces países firmaron el pasado 4 de febrero su derecho a pertenecer a uno de los clubes más fuertes del mundo, que se dice aportan el 41 por ciento del Producto Interno Bruto mundial. Sus integrantes, empezando por Estados Unidos, país que creó el modelo, son Canadá y México (estos tres ya tienen un acuerdo denominado TLCAN desde 1994, que según algunos críticos como el senador Luis Sánchez, del PRD, no ha funcionado adecuadamente). Se encuentran también Chile y Perú (junto con México, firmaron también otro pacto llamado Alianza del Pacífico, donde China es el punto más determinante). Por la parte asiática se encuentran Japón, Brunei, Vietnam, Malasia, Singapur. Cierran el grupo dos naciones oceánicas: Australia y Nueva Zelanda.
Si hacemos un balance, Australia, Brunei, Nueva Zelanda, Canadá, Singapur y Malasia, representan intereses indirectos de Reino Unido a través de la Commonwealth británica. Esto significa que no importa si Londres no está considerado en el acuerdo, al igual que la Unión Europea (un aspecto que ha despertado sospechas de que Washington está librando un doble juego con el bloque europeo), ya que por una parte no incluyó a Bruselas en el TPP, aunque por otra lo considera para crear un tratado transatlántico denominado Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), al que se le califica como el “Supertratado”, porque sería firmado por los miembros más fuertes financiera y económicamente del mundo.
A continuación damos una pequeña semblanza de las opiniones de especialistas que participaron en un foro de discusión auspiciado por la Embajada de Francia en México en Casa de Francia, sobre el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP). Los expertos que participaron en el debate prácticamente dejaron entrever que el TPP es poco prometedor para México y, por el contrario, es más bien una nueva política de estado norteamericana cuyos objetivos buscan reposicionar a Washington en el liderazgo mundial.
Según Gonzalo Paz, catedrático-investigador de la Universidad Georgetown, aseguró que toda la política estadounidense en el TTP está enfocada en un rebalanceo de la política exterior en Asia. Para el especialista, este acuerdo no sólo económico o comercial, sino básicamente estratégico. Refirió un artículo publicado por la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, el 11 de octubre de 2011, en la revista Foreign policies. Llevaba como título “El siglo del Pacífico americano”. En 2013, su secretario asistente para Asuntos Asiáticos, Kurt Campbell, presentó los detalles de esta política: primero, remodelar una política de alianzas de Estados Unidos en la región; segundo, establecer una relación con las potencias emergentes asiáticas, principalmente con India, Indonesia y China; tercero, crear una nueva política de estado sobre la economía; cuarto, fomentar el multilateralismo; quinto, establecer nuevos valores universales y sexto, replantear la cuestión estratégica en el noreste y sureste asiático.
Esto con base en instaurar una nueva política marítima a partir de los océanos Indico y Pacífico y en la que Estados Unidos se compromete a invertir todos los elementos de su poder nacional para llevarlo a cabo. Según Campbell, el TPP debe ser más bien un mecanismo de aspiración y no de invitación, es decir, “quien quiera disciplinarse puede tener en el TTP el molde para hacerlo en los próximos sesenta años”, dijo Paz. Comentó que existe en China un consenso de que el TPP no favorece a sus intereses. Respecto a América Latina, señaló que el TPP infundirá fuertes presiones en los tres países latinoamericanos que además son miembros también de la Alianza del Pacífico, donde China sí está incluida, pero no así Estados Unidos.
Para la internacionalista del Colegio de México, Elodie Brun, estos tres países cuentan con una política de acercamiento a Asia. Destacó que Chile firmó en 2006 un acuerdo al que se le conoció como P4 junto con Nueva Zelanda, Singapur y Brunei; que se puede identificar como prácticamente el origen del TPP. Brun indicó que para Latinoamérica, el tratado transpacífico “viene a confirmar una tendencia y no representa una innovación de la diplomacia”. Comentó que uno de los objetivos del TPP en América Latina es deshacerse del modelo económico europeo y crear nuevas expectativas económicas, empezado por el sector de infraestructura, con el que se han planteado abrir corredores interoceánicos.
Asimismo, aseguró que no hay vestigios de que el factor económico será el que impulsará la integración dentro de América Latina.

