Tratar de perpetuarse en el poder no es novedad, es historia vieja. Después de una reelección casi seguro que la ambición de los políticos rompe el saco. Con pocas excepciones los que aspiran a reelegirse empiezan a sentir que el pueblo los adora, los necesita, algunos hablan con los espíritus o con la “madre tierra”. De tal forma, cuando a los mandatarios iberoamericanos en vías de terminar el último periodo que les permite la ley, se les ocurre modificar la Constitución o convocar a un referéndum para cambiar las normas y puedan reelegirse las veces que se les antoje. Y logran dividir al país. Hay los que buscan esa posibilidad hasta el año 2,500 y no es broma. En esas andaban en el rimbombante Estado Plurinacional de Bolivia, gobernado desde hace una década por Juan Evo Morales Ayma (Orinoca, 1959), el antiguo pastor de llamas de la comunidad uru-aimará y hablante materno aymara, que terminará su actual mandato presidencia (el tercero) hasta el 22 de enero de 2020, cuando cumpliría 14 años en el poder.
El domingo 21 de febrero, los bolivianos acudieron a las urnas en un referéndum que decidiría si Morales podría ser reelegido presidente de Bolivia. Con el 80.5% de las mesas escrutadas, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) anunció que el “No” se imponía con el 54.5%, en tanto el “Sí” llegó al 45.5%. El “No” se opone a que el actual mandatario boliviano pueda reformar la Constitución para buscar un cuarto mandato. La participación ciudadana ha sido del 87.33%. Si los datos se comprueban esta sería la primera derrota política de Evo Morales, en el poder desde 2006, cuando fue el 85º presidente de Bolivia; si hubiera triunfado en el referéndum, en 2019 aspiraría a ser el 88º mandatario de su país. Patético.
Evo Morales, por su parte, declaró la noche del domingo 21 que había que esperar con serenidad los resultados definitivos del referéndum aunque el escrutinio oficial adelantaba la victoria del “No” en seis de los nueve departamentos del país: Chuquisaca, Potosí, Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, mientras que el respaldo a la reforma constitucional ha conseguido apoyo en tres: La Paz, Cochabamba y Oruro.
Una vez más, los resultados que revelaron las urnas escrutadas durante la noche del domingo fueron completamente distintos a las predicciones de las encuestas (a favor del oficialismo). No obstante, el vicepresidente Álvaro García Linera, que habló antes que Evo Morales, evaluó la situación con falso triunfalismo: “Estamos ante un clarísimo empate electoral técnico…Es altamente probable que esas cifras se modifiquen de una manera drástica”, y explicó que esto ocurriría a medida que llegaran los resultados oficiales de la zona rural. Finalmente, consideró que los festejos de la oposición fueron precipitados, “no vaya a ser que su festejo forzado se convierta en llanto”.
Evo Morales Ayma no es la excepción en la lista de mandatarios hispanoamericanos que buscan reelegirse indefinidamente. En el Nuevo Continente la dictadura ha sido una constante desde que los nuevos países se declararon independientes de la corona española. En la centuria pasada menudearon los mandatarios autoritarios; más de 50 militarotes así lo demostraron. El siglo XXI, sin embargo, se enfiló por la vía democratizadora de las urnas e instituciones en lugar de los golpes militares.
La nueva versión de la democracia desde el río Bravo hasta la Patagonia (con excepción de México y algunos países de Centro y Sudamérica, por fortuna) empezó a fines del siglo XX. Por lo menos seis mandatarios iberoamericanos, elegidos por la vía de los votos, en los últimos años han reformado sus respectivas Constituciones para no abandonar el cargo y mantenerse en él indefinidamente. Evo Morales es, desde el mes de octubre pasado, el político boliviano que más tiempo ha sido presidente en su país: una década, superando al mariscal Andrés de Santa Cruz que estuvo en el poder de 1829 a 1839. De haber ganado el referéndum, Juan Evo podría ser elegido presidente, una vez más, en 2025. Parece que no será así.
Los pares de Evo Morales que reformaron la Constitución para reelegirse en el puesto han sido, hasta el momento, los siguientes: el bolivariano venezolano Hugo Chávez logró en un segundo referéndum, en 2008, la reelección indefinida. El protector de Nicolás Maduro se presentó a lo largo de su carrera política como candidato presidencial cuatro veces y en todas salió victorioso. En Colombia, Álvaro Uribe fue el primer mandatario que buscó la reelección en 50 años. En 2004 el Congreso colombiano aprobó la reelección presidencial y Uribe la ganó. En 2010 perdió el referéndum para un tercer periodo pues la Corte Constitucional lo echó abajo. Es posible que Uribe hubiera sido reelecto por segunda ocasión, pues su popularidad era del 72%. En 2015, el parlamento colombiano volvió a eliminar la reelección por un único periodo. Así las cosas, Álvaro Uribe, actual senador de la República, y su sucesor, el actual presidente, el general (en retiro), Juan Manuel Santos, fueron los únicos beneficiados con una reelección. En Ecuador, el mes de diciembre último, la Asamblea Nacional aprobó una serie de reformas en las que se incluye la reelección presidencial indefinida. Aunque el discutido y soberbio presidente Rafael Correa festejó esa posibilidad, afirmó que no se presentará como candidato en las siguientes elecciones. Nadie le creyó. Habrá que esperar hasta el momento indicado. Por último, en 2009, el gobierno del expresidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue derrocado por los militares cuando trató de reelegirse reformando la Constitución. Y, en Nicaragua, el antiguo guerrillero Daniel Ortega, logró que el Congreso le allanará el camino para aspirar de forma ilimitada a la jefatura del Ejecutivo reformando la Constitución desde 2013. Para justificar la enmienda constitucional, Ortega declaró: “Es el pueblo el que tiene que decidir”. Así se justifican y llegan a dictadores.
Respecto a Bolivia, cabe aclarar que este país no es el mismo desde que Evo Morales llegó al poder hace un década, el 22 de enero de 2006. Es cierto que con una Constitución reformada como base de su nueva arquitectura y el sello de Estado Plurinacional agregado a su nombre oficial, el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido oficial, logró meta sociales, económicas y políticas que parecían inalcanzables, pero al mismo tiempo esto ha incubado un fenómeno político de concentración y control del poder que ambiciona seguir en el ejercicio del mismo, si le fuera posible, por medio milenio más.
Sin duda, el MAS ha concentrado mucho poder, al tiempo que logró metas económicas y sociales que no parecían fáciles de alcanzar. El tamaño de la economía boliviana casi se cuadriplicó entre 2005 y 2015; el Producto Interno Bruto (PIB) creció de 9,525 millones de dólares a los 34,493 millones. Pese a la crisis mundial, el crecimiento logró índices sin precedentes, con un pico del 6.80% en 2013. Desde 2006, Bolivia logró el superávit en la cuenta fiscal, algo que nunca antes había ocurrido. En pocas palabras, Bolivia dejó de ser el país más pobre de Sudamérica aunque continúa sin tener acceso directo al mar.
Todos estos logros han despertado el deseo de mantenerse en el poder indefinidamente y los principales dirigentes del oficialismo argumentan que existe el riesgo de que el proyecto político se derrumbe y el país retorne a los años de crisis e inestabilidad. Consideran que otros cinco años no son suficientes para consolidar plenamente el proyecto de Morales y de MAS, la meta era llegar por lo menos hasta el 2025. El deseo de fondo del oficialismo expresado en varias ocasiones por sus dirigentes es mucho más ambicioso que eso. En mayo de 2012, Evo Morales habló de esa posibilidad durante un acto en Chuquisaca: “No hemos llegado a Palacio de inquilinos, ni estamos de paso, hemos llegado a palacio para quedarnos definitivamente, si es posible más de 500 años, pero no he dicho que yo me voy a quedar en el Palacio”, ¡ah, vaya!
En una entrevista publicada el día del referéndum por los periódicos The Financial Times y El País, Evo contestó así esta pregunta de los reporteros: ¿Usted cree que es el único capaz de seguir (su) proyecto (de gobierno)?: “Alguna vez he escuchado: ‘Si el Evo se va, esto se va al tacho (fracasa). Es el único que puede unir a los movimientos sociales’ Tenemos líderes jóvenes, tienen discursos pero poca experiencia aún. También tenemos líderes del movimiento indígena, como David Choquehuanca (el canciller)…Lo que hay que buscar es quién puede ser factor de unidad. Ese es el tema”. Y, siguiendo la ruta bolivariana marcada por el extinto Hugo Chávez, Evo respondió sin titubeos a la siguiente pregunta de los periodistas europeos: Buena parte de la campaña se ha enfocado en un discurso antiimperialista. ¿No cree que los más jóvenes que no vivieron la época dura con Estados Unidos, están pensando más en el futuro que en ese discurso?: “No sé. Hubo una encuesta reservada de la Embajada de Estados Unidos, que no se publicó, en la que el “sí” ganaba por un 10%. Los que más me apoyaban eran chicos de 18 a 25 años. Yo siento que el pueblo es antiimperialista”.
Al escribir este artículo las informaciones oficiales de Bolivia indicaban que Evo Morales perdió el referéndum. Una de las razones fue que, a principios de febrero, se dio a conocer una acusación por tráfico de influencias contra el mandatario en la que aparece involucrada una joven expareja –ahora empresaria de éxito–, con la que procreó un hijo que falleció a poco tiempo de nacer. Evo no es el primer mandatario que tiene problemas políticos por líos de alcoba. En este caso, nada menos que la reelección. Nada más, nada menos. VALE.
