Entrevista a Elio Masferrer Kan | Profesor-investigador emérito de la ENAH | Exclusiva a Siempre!

 

En su polémico libro Avaricia (Foca, 2015), Emiliano Fittipaldi revela oscuros negocios de la curia vaticana. En ese gran trabajo periodístico del reportero italiano se exhiben los secretos de la Iglesia católica, que puede costarle ocho años de cárcel por un proceso judicial en su contra. Sin embargo, muchos sacerdotes de todo el mundo aplaudieron la valentía de Fittipaldi y le recordaron que “no todos en la Iglesia somos iguales”.

En este contexto de crisis de la Iglesia católica, sacudida por escándalos de corrupción y pederastia, el papa Francisco es muy claro: quiere una Iglesia de los pobres para los pobres. Por lo pronto, impulsó de forma decidida la comisión para reformar las finanzas del Vaticano.

La política está en el ADN del papa Francisco. Es una constante, en sus discursos, la invitación que hace a todos los fieles a involucrarse en la política como una obligación para el cristiano.

“La política es una de las formas de más alta caridad, porque busca el bien común. La política es la única forma en la que vamos a conseguir las tres «T»: techo, tierra y trabajo. Todos tienen derecho a tener”, expresó en su primer año de pontificado.

El propio papa Francisco acostumbra decirles a los jóvenes “hagan lío” como una forma de luchar contra la injusticia social y la desigualdad en el mundo, ser protagonistas en el teatro de la vida que es la calle: ahí están los verdaderos problemas que los políticos no quieren ver. En este sentido, Jorge Mario Bergoglio busca concretar una “revolución antropológica” a nivel global.

Expertos en temas religiosos ven una especie de “progresismo católico” en el papa Francisco. Es decir, retoma los principales postulados del Concilio Vaticano II y de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, donde la Iglesia católica debe priorizar la acción social, la defensa de los derechos humanos, velar por los pobres y una abierta confrontación contra las injusticias sociales.

Un día antes a la apertura de la II Conferencia de Medellín en 1968, el entonces papa Pablo VI se pronunció a favor del desarrollo integral del hombre.

Son jefes de Estado

“El porvenir —dijo— reclama un esfuerzo, una audacia, un sacrificio, que ponen en la Iglesia un ansia profunda. Estamos en un momento de reflexión total. Nos invade, como una ola desbordante, la inquietud característica de nuestro tiempo, especialmente de estos países proyectados hacia su desarrollo completo, y agitados por la conciencia de sus desequilibrios económicos, sociales, políticos y morales”.

Para Elio Masferrer Kan, profesor-investigador emérito de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y presidente fundador de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, el papa Francisco sabe que la Iglesia católica está en crisis y por eso está tratando de contrarrestar a la mafia de la Santa Sede.

“Está claro —dice— que el problema del papa Francisco es terminar con la mafia. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Hay que leer los libros que han sacado en Italia, los más recientes Vía crucis y Avaricia, sobre las transas del Vaticano”.

¿Cómo definiría al papa Francisco en su faceta como político, entendiendo la dignidad humana como un principio fundamental en su discurso?

Todos los papas son políticos. No hay excepciones, son jefes de Estado. Karol Wojtyła vivía en la contradicción entre Este y Oeste, entre el bloque de la ex URSS y la OTAN. Finalmente, Polonia se adhirió a la OTAN, caído el bloque soviético. Apoyó a las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile y Jorge Rafael Videla en Argentina. Dejó que asesinaran a monseñor Óscar Romero, a sangre fría, en medio de una misa en El Salvador. Evidentemente, Juan Pablo II tenía una propuesta pastoral y también una postura política.

En el caso de Jorge Mario Bergoglio es otra perspectiva, es un hombre que viene de América Latina, de Argentina, es un jesuita. Podríamos decir que tiene otra agenda muy distinta a los papas anteriores.

En el caso de Benedicto XVI era un hombre que tenía una agenda políticamente conservadora, un hombre que vivió la Segunda Guerra Mundial del lado perdedor. Bergoglio salió de Italia por la crisis del 29, que azotó a todo el mundo capitalista y como se dice en Argentina “con una mano atrás y otra adelante” llegó a ese país sudamericano y desde ahí comenzó su lucha como muchos migrantes.

¿Se puede decir que el papa Francisco es de “izquierda”?

No, a esta altura es un error hablar de geometría política. Simplemente es un papa que tiene claro que Jesucristo tenía una propuesta para los pobres. La Iglesia católica comenzó como un sindicato de pobres y terminó como una corporación de ricos. Tenemos en México algunos exponentes como Marcial Maciel y Los Legionarios de Cristo, y algunos cardenales como Norberto Rivera. Él, en vez de acudir a la Jornada Mundial de la Juventud con el papa Francisco en Río de Janeiro, fue a un descanso de fin de año que hicieron los hombres más ricos de España y México. En broma podemos decir que estuvieron de monaguillos Carlos Slim y Amancio Ortega.

¿Cuál es el estilo de gobernar del papa Francisco a diferencia de sus antecesores?

El papa Francisco sigue las estrategias, en materia de política internacional, que planteaba el peronismo, particularmente Juan Domingo Perón, que consistía en un juego de equidistancia entre las superpotencias. Mientras Juan Pablo II y Benedicto XVI ponían al Vaticano como furgón de cola de las políticas del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Bergoglio tiene como objetivo los intereses de los cristianos y en particular de los católicos. Un ejemplo, en Siria no respaldó la política del Departamento de Estado de apoyar a los sunis, aliados con Estados Unidos-Arabia Saudita. Bashar al Assad es respetuoso de los intereses de las minorías cristianas e incluso los cristianos y católicos participan en el Ejército del gobierno sirio. El papa Francisco no estuvo de acuerdo con el bombardeo que quería hacer Barack Obama en Siria y ahora exige que se ponga coto al ejército islámico que fue impulsado por Washington.

 

En peseros y Metro

¿El papa Francisco está buscando crear una nueva Iglesia?

Una cosa es mover estructuras y otra es crear una nueva Iglesia. Lo que quiere Bergoglio es aplicar las estrategias definidas por la Iglesia católica en el Concilio Vaticano II (1959) y en el II Consejo Episcopal Latinoamericano de Medellín (1968). Tenemos que entender que la Iglesia católica tiene sus espacios de toma de decisiones. A mediados de los 60 se plantearon una serie de cambios en la estrategia de la Iglesia católica, ahí fue la revolución y Pablo VI impulsó esas políticas, pero Juan Pablo II y Benedicto XVI hicieron una restauración de la Iglesia a la situación anterior al Concilio Vaticano II. Lo que plantea Bergoglio es que la Iglesia católica está en crisis.

La Iglesia católica ha perdido a los jóvenes; los jóvenes no van a misa, no bautizan a sus hijos, no se casan por la Iglesia, no hacen la primera comunión, no se confirman, no hay una vocación. La tasa de reemplazo de los sacerdotes es del 0.6%, es un sector envejecido, y hay lugares en donde hay un sacerdote por cada 20 mil feligreses. Hay una crisis muy fuerte en la Iglesia católica mexicana pero los obispos prefieren quedar bien con las autoridades políticas y les tiene sin cuidado perder feligreses. Les están comiendo el mandado los evangélicos y los pentecostales.

¿Observa usted que el papa Francisco pretender realizar reformas en el Vaticano para terminar con la corrupción?

Uno lee lo que hace la Curia Romana y tendríamos que sugerirles que hagan una comisión anticorrupción como la que aquí se quiso crear: revisar contratos extraños, desvíos de recursos, lavado de dinero, eludir impuestos.

El Vaticano es un paraíso fiscal en medio de Europa, lo que trata hacer Bergoglio es poner orden y limpiar la casa. El desprestigio del Vaticano es atroz. En el periodo de Ratzinger llegaron los bancos europeos a prohibir cobrar con tarjeta de crédito en el Vaticano, imagínate los niveles de escándalo. Además están ahí los problemas de pederastia, abusos de todo tipo.

De Maciel salió a relucir que era polígamo, drogadicto, pederasta y otras cosas negativas. Y ese hombre tenía el respaldo de Juan Pablo II, aquí hay gente que lo tiene como un tótem.

Esta forma de ser del Papa, humilde, que no le gusta hospedarse en hoteles ostentosos, ¿es un ejemplo que quiere dar a los políticos a nivel mundial?

Bergoglio bolea sus zapatos. En Buenos Aires andaba en pesero y Metro, nunca aceptó subirse a una limusina y menos andar con zapatos rojos. En definitiva está enviando un mensaje de que hay que dar el ejemplo con la persona. Ha criticado a los sacerdotes que andan en carros de lujo con vidrios polarizados. Si los obispos y los sacerdotes mexicanos están alejados del pueblo, de la realidad, simplemente se quedan sin gente. Si el Papa plantea ahorrar y dar un ejemplo de vida, lo acusan de comunista. Lo que hace la gente es irse con los pentecostales y acudir a otras iglesias. Bergoglio no va a permitir que se caiga la organización. Pero el problema que tiene es que la gente que tiene responsabilidades dentro de la Iglesia católica no tiene ningún empacho en vivir como nunca vivieron, muchos son de origen humilde.

Y, por otro lado, el papa Francisco no quiso dar aquí un mensaje en el Senado de la República.

Pero sí fue al Congreso de los Estados Unidos. Es evidente que Bergoglio tiene informantes y rechazó la invitación de los senadores. No sé quién le comenta cosas, pero en los Estados Unidos el Capitolio tiene cierto prestigio porque es independiente del Ejecutivo. Obama tiene que ir a negociar con el Capitolio y con la Suprema Corte. En cambio aquí los políticos están desprestigiados, ahí están las estadísticas. El Papa no va a levantar la imagen de los políticos mexicanos que está por los suelos.

¿Cuáles son las principales resistencias que observa para concretar esta “Iglesia de los pobres para los pobres”?

Si leemos el Antiguo y el Nuevo Testamento, Cristo decía esas cosas. Cristo sacó a latigazos a los mercaderes del templo y aquí los empresarios católicos están promocionando papas fritas, a propósito de su vista. Eso es, precisamente, lo que hace que la Iglesia católica pierda credibilidad. El principal problema que hay en el planeta es que lo jóvenes no consiguen trabajo. Los que se oponen o están asustados por lo que dice Bergoglio son los que no hacen la tarea: los obispos mexicanos. Los que lo respaldan dentro de la Iglesia católica son las órdenes y congregaciones religiosas. En México hay 87 masculinas, que tienen 2 mil sacerdotes. Y 230 congregaciones femeninas, que tienen 28 mil religiosas. Son los que verdaderamente respaldan a Bergoglio, los que ha estado cuestionando a los obispos mexicanos que son los que están arruinando todo. Los obispos y un sector del clero le temen, porque están muy cómodos en sus colegios religiosos, sacándose fotos que se publican en revistas de sociales. Los jesuitas, los dominicos, los salesianos, están haciendo la chamba. Todos los seres humanos son hijos de Dios, pero los obispos se compartan de una forma xenófoba con los migrantes, no hacen nada por ellos. Dejan sin respaldo a los Solalinde.

¿Qué repercusiones político-religiosas habrá con la visita del papa Francisco a México?

Bergoglio va a señalar algunos problemas. A los políticos no les gusta que les mencionen problemas internos, les gusta que les den palmaditas en la espalda y escuchar que todo está bien. Evidentemente eso no sucederá. El papa Francisco se comportará caballerosamente y con mucha elegancia dirá algunas cosas. Si los políticos lo trajeron para “aliviar” ciertas situaciones, cometieron un error estratégico. No va a calmar a la “raza”. Los que le hicieron la invitación no tenían bien claro, en su momento, cuál es el programa político-socio religioso de Bergoglio que es algo muy distinto a Juan Pablo II y Benedicto XVI. Es decir, combatir la corrupción, contra los funcionarios ineptos, contra los políticos que no se ocupan del bien común y de los intereses de la sociedad, defiende a los migrantes, defiende a los jóvenes por un empleo justo, que se respete a los ancianos, que los religiosos sean personas sencillas y no gasten a lo tarugo. Tiene un programa muy claro y concreto, no es nada radical. El problema es que la clase política se escucha así misma y no escucha al pueblo. Bergoglio le habla al pueblo para ganárselo para su propuesta religiosa.