“La democracia en la Unión Europea murió hace mucho”

Yanis Varoufakis, ex ministro griego de Hacienda.

Madrid.- España está políticamente desnuda, sujeta  al hilo de la historia; asiste a la lucha de cuatro partidos por formar gobierno enfrentados entre sí, cuyos líderes se estrechan la mano en un acto de prestidigitación bochornoso.

Volvemos a ser territorio fértil para experimentos ideológicos. Desde el 20-D la nación se mueve a izquierda y derecha como un péndulo imparable. Tenemos varias caras y nadie sabe cuál será la verdadera.

Cuarenta años después de salir de un gobierno del crimen con el visto buenointernacional, nuestra maja está en cueros y aguarda con paciencia – ¿hasta cuándo? – la  llegada de cualquier fuerza política con tal de que la vista y se comience a dibujar el futuro.

A principios de semana seguía la confusión mientras la dama goyesca, que ya tiene frío, espera resignada a que la cubran o quieran casarse con ella. Así, tendrá oxígeno suficiente.

Persiste la amenaza de que la violen y espera a un Quijote que la defienda de aquéllos que intentan prostituirla. La antorcha la tiene ahora el socialista Pedro Sánchez. Le corresponde formar gobierno ya que Mariano Rajoy, el  presidente en funciones, la despreció dos veces por estrategia, miedo y pachorra.

Los políticos se disputan el honor de servir a tan glamorosa señora pero nadie transige y nos movemos, una vez más, en el tiovivo de la verbena de todas las épocas. A Mariano Rajoy se le antoja esta digna señora pero con condiciones: “el gobierno que yo debo encabezar será serio y sin luces populistas, bolivarianas ni chavistas”.

Sánchez, con corbata o sin ella, habla con Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos) y estos lo aceptan pero se niegan a sellar coaliciones.

La nueva derecha se abstendría si el PSOE repudia “a la izquierda radical” que representa el señor de la “coleta” vestido de esmoquin en la entrega de los Goya hace siete días.

El PP, desde su cómodo sillón, corteja a tan distinguida mujer pero no sabe bien  con quién compartirla. Pero es la que verdaderamente sufre junto a 46 millones de personas. Los candidatos a la Moncloa quieren poseerla pero no ceden ni un ápice y condicionan  su matrimonio a que los adversarios se flexibilicen.

Esperamos la noche de bodas aunque el cansancio puede originar nuevas elecciones o protestas violentas. Somos territorio fértil para la demagogia. La historia nos parte en dos, tres o cuatro segmentos. Se repite el pasado, como siempre. Queremos formar una nueva vida sacudiendo a la política para ejemplo del resto de Europa.

Ya olvidamos el dolor de las dos Españas y nos sumergimos en un combate entre el ayer y hoy, abrumados, en busca de un cambio económico y social que reduzca la enorme desigualdad que existe.

Toca convertir la ira de la mayoría en campo abonado para la transformación o el entierro del ciclo neoliberal que lidera al mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, pese a que no lo parezca, tenemos suerte. Es paradójico. Volvemos a poner una pica en Flandes aunque más cerca y convencidos de la necesidad de entendernos.

Buscamos con ansia el fin de la lucha de candidatos. Estrechar la mano será ejemplar. La nación que marcó rumbos en el pasado, se decanta por sofocar la sed de la mayoría. Somos los primeros en manifestar disgusto. Los indignados de la Puerta del Sol son el referente para el progreso. El espíritu de ese grito popular se une a otros que emergen en el resto del continente.

Vivimos un proceso que no puede fracasar porque, si destruimos los cimientos del porvenir, nos aplastarán sin misericordia. Los protagonistas del quehacer político no se bajan del caballo. Sí, pero con referéndum, acota Iglesias. Nada con Ciudadanos. De acuerdo para abstenerse o apoyar al nuevo jefe del Gobierno siempre que no se alinee con Podemos, ratifica Rivera.

La fusión que pregona Pedro se antoja casi utópica. Todos quieren dormir en la Moncloa pero sólo uno lo hará. Nadie lima asperezas ni transige. La mujer española, siempre guapa, sólo charla con Felipe VI, protocolario paciente como corresponde a su condición de jefe del Estado. El monarca actúa respaldado por la aritmética y deja todo a Pitágoras que está a punto de enredarse también en este lío de números.

Unos más y otros menos barren para su casa. Los socialistas no quieren ver a los asamblearios ni en pintura. La vieja guardia del PSOE descerraja epítetos contra Podemos: “se parece a los golpistas del 23-F”, escupe Alfonso Guerra. Felipe González asegura que con ese partido vamos a la “desestabilización”.

Mientras, Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, teje su red desde Sevilla y espera que Pedro caiga en ella. Penélope trabaja sin descanso, pero puede equivocarse. No lo ve claro y no se define hasta que tenga todo amarrado.

El más abierto, dentro de este menjurje, es Sánchez que carga con la cruz y se muestra un tanto optimista: “sé que es difícil pero sigo intentándolo”.

A diario suben y bajan las preferencias de los españoles. Ahora es Rivera el más querido. Mañana Iglesias superaría a Pedro si hay nuevas elecciones. Nada es seguro, se mueven todos del ayer al mañana. Sin embargo, algo queda claro: el Partido Popular de Rajoy sigue en picada sin red que lo proteja. Los gobiernos del sistema europeo advierten contra la “catástrofe” que llegaría si Podemos entra en el gobierno. Saben que no podrá.

Si hay un nuevo llamado a las urnas, cualquier cosa ocurrirá.

Las televisiones, la radio y los medios escritos descargan su información según sus inclinaciones. Inclusive aquéllos que parecen imparciales cojean de un pie o el otro y se muestran cautos.

Hay periódicos que llaman a la insurrección con sus noticias alarmantes. Nuestro diario más antiguo publica comentarios sobre “el infierno que nos espera” en manos de la plebe.

Insiste la derecha neo-socialista y llama “niños malcriados” a la cúpula encabezada por Iglesias. Vivimos en un escenario cambiante cada minuto. Rajoy, escapista; Sánchez, ilusionado; Albert, se acomoda donde puede y para lo que sea conveniente. Todos tienen argumentos menos el PP. Es evidente la oposición al santiagués.

El joven madrileño parece ser el más explícito y con ganas de lograr la presidencia. Se empeña en lograr acuerdos. Hasta mediados de semana no lo había logrado. Pero él persevera.

Antonio Hernando, su portavoz, lanza un órdago: “quizás la semana que viene o un poco más tarde podría haber buenos resultados”.

El campo de batalla – territorio español— se nutre de antagonismos y los guerreros cruzan fuego a diestra y siniestra. La ideología queda atrás. Censuran al adversario pero mantienen la conversación, por si acaso.

Es triste ver cómo don Mariano juega consigo mismo. Es sordo pero no de los oídos sino de las neuronas. Es un gallego reposado y espera a su presa frotándose las manos y con un trago de Vega Sicilia.

A última hora surge, desdibujado, el que puede sustituirlo: Alberto Núñez Feijó, presidente de la Comunidad de Galicia. Este, habla quedo, despacio y mide sus palabras. Respalda a Rajoy pero se deja ver como el futuro líder.

El descontrol aumenta. En cualquier democracia que se preste de serlo, el lapso de tiempo empleado para tener jefe del Ejecutivo sería normal. Ocurrió en algunas naciones del centro de Europa y no pasó nada. Pero entre nosotros, es peligroso. No queremos, por ningún concepto, movimientos de uniformados. No los habrá. No los hay. Aunque los descendientes de Tejero amenazan con esta posibilidad y en algunos momentos da ñáñaras.

Todo está escrito en arameo, idioma que fue de Jesús, y ahora en desuso. Pero terminemos este artículo con una brillante frase de Tzvetan Todorov, uno de los filósofos y pensadores más distinguidos del mundo: “España es el laboratorio político de Europa”, y qué bueno!.