Luego de que la secretaría de Gobernación informara del hallazgo de restos óseos de dos de los cinco jóvenes originarios de Tierra Blanca que fueran secuestrados por policías estatales el pasado 11 de enero, los padres de Bernardo Benítez anunciaron que pedirán una segunda opinión para asegurarse que los restos hallados en el rancho El Limón, corresponden a su hijo.

Explicaron que quieren estar cien por ciento seguros de que los restos pertenecen a su hijo— se les entregó tres centímetros de una tibia— y darle cristiana sepultura, aún cuando no saben a que equipo de forenses, solicitarían el segundo análisis de ADN del joven, que al igual que Alfredo González Díaz —otro de los muchachos— habrían sido calcinados.

La familia de éste último no acepta el señalamiento de Segob y ha señalado que la presentación de un pedazo de tela de la playera de Alfredo y una mancha de sangre, no son suficientes para creer que está muerto.

El presidente de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas del gobierno federal, Jaime Rochín alertó que no solo han desaparecido 5 personas en la zona sino que la cifra se extendería a 400 personas —en un lapso no determinado aún—, pero ubicado en esa región veracruzana.

Rancho El Limón

Ubicado a 64 kilómetros de Tierra Blanca, en Tlalixcoyan, se encuentra el rancho El Limón, donde se encontró que grupos del crimen organizado manipulaban drogas, manejaban equipo para alterar vehículos, almacenaje ilegal de hidrocarburos, así como indicios de que en ese sitio se resguardaba a personas. Es desde hace tiempo un foco de inseguridad.

La zona, señalan, ha trascendido, es controlada por un grupo del crimen organizado denominado la Nueva Generación de Jalisco, a cuyos miembros les habrían sido entregados los cinco jóvenes .

Bernardo Benítez explicó en entrevista con MVS, que en la fosa donde localizaron los restos de su hijo había alrededor de 100 cuerpos calcinados. Aseguró que Veracruz se ha convertido en una fosa clandestina.

Desde hace tres años, pobladores de la comunidad de Piedras Negras, en el municipio de Tlalixcoyan ya alertaba a los gobiernos estatal y federal del crecimiento de la violencia en la región, de acuerdo a información de e-consulta.com

Historia negra

El narcotráfico siempre ha tenido en la mira a Veracruz.

En la madrugada del 7 de noviembre de 1991, en la zona de Llano de la Víbora, en el municipio de Tlalixcoyan aterrizó una avioneta colombiana cargada de cocaína que era perseguida por una aeronave, donde viajaban 8 agentes de Policía Judicial Federal, el piloto y copiloto comandados por la PGR y la DEA. Un avión Cesna sobrevolaba el área y en donde viajaba personal de la DEA, que grababan los hechos.

Aunque la zona era acordonada por elementos del ejército, los narcotraficantes bajaron y lograron huir sin problemas, mientras que los policías judiciales fueron recibidos a balazos por los soldados, quienes estaban encargados de resguardar el cargamento de la droga colombiana.

En medio del tiroteo, el piloto y copiloto de la nave intentaron comunicarse con sus superiores para que a su vez se comunicaran con el general de tropa y parar la acción, sin resultados. En la acción fueron muertos siete agentes e incluso recibieron el tiro de gracia.

Fue uno de los primeros hechos donde se vinculó al ejército y su apoyo a grupos del crimen organizado. Era una época donde el Cártel del Golfo, iniciaba su expansión.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos —entonces encabezada por Jorge Mac Gregor— abrió una investigación y logró llevar a juicio a los militares implicados. Fueron destituidos el jefe de la 26 zona militar, general de división Alfredo Morán Acevedo e investigados el general brigadier Humberto Martínez y el teniente coronel David Rodríguez, así como los tenientes Enrique Zúñiga y José Alfredo Coronel.

Con el correr del tiempo, el cártel del Golfo se convirtió en dueño y señor del corredor de drogas que provenía del sureste y Veracruz era paso obligado a Tamaulipas.

Posteriormente, la lucha entre los carteles del Golfo y Sinaloa-Juárez- Milenio por la zona, impusieron un régimen de terror y muerte en la entidad, que se acendraría por las divisiones al interior del cartel del Golfo, luego de la captura del narcotraficante Osiel Cárdenas.