PRD, PAN y PRI, ¿apoyo a oposición venezolana?

El Estado mexicano tiene relaciones diplomáticas con Venezuela. Ambos países están representados por sus gobiernos y no es de buenas maneras sentarse con los enemigos de quien se supone que es mi amigo. Pero al gobierno mexicano, al actual, lo tienen sin cuidado las formas cuando se trata de agradar al vecino, al del norte, por supuesto.

Lo anterior viene al caso porque estuvieron en la Ciudad de México las señoras Lilian Tintori y Antonieta Mendoza, esposa y madre, respectivamente, de Leopoldo López, uno de los líderes de la oposición al presidente constitucional de Venezuela, el señor Nicolás Maduro, que seguramente no tiene las simpatías de muchos venezolanos, pues su partido perdió por amplio margen las recientes elecciones.

Pero una cosa es que Maduro no sea monedita de oro y muy otra es la falta de respecto a su gobierno que, hasta donde sabemos, nada malo le ha hecho a México ni a los mexicanos. Las mencionadas señoras fueron recibidas con amplísimas sonrisas por la canciller Claudia Ruiz Massieu, pese a que ni una ni otra visitante tienen cargo oficial alguno.

Para hacer evidente que se trataba de un acto de apoyo abierto a la oposición venezolana, la cancillería distribuyó una foto en la que aparecen ambas señoras con la secretaria mexicana de Relaciones Exteriores. Dicho de otra manera, es un acto de grosera intromisión en los asuntos internos de otro Estado, pero así son las cosas desde que los gobiernos neoliberales mandaron a la basura la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, principios rectores de la política exterior mexicana durante décadas.

Quien maneja la política exterior —no parece que sea la señora Ruiz Massieu— acaba de comprarle a México un problema internacional, lo que no parece importar mucho a este gobierno, ansioso de ganar la simpatía del imperio, lo que se explica por su abierta y bien conocida vocación antinacional y sobre todo por su evidente debilidad en todos los frentes.

La visita del par de señoras estuvo indudablemente bien organizada. Como era de esperarse, Ricardo Anaya, presidente del PAN, se mostró feliz de recibir a las citadas visitas, lo que corresponde, ahí sí, al acendrado derechismo de ese partido. No olvidemos que Vicente Fox maniobró, infructuosamente por cierto, para que los países latinoamericanos desconocieran el gobierno de Hugo Chávez.

Más difícil de tragar es que Manlio Fabio Beltrones, un político de colmillo largo y retorcido, haya recibido también a las damitas, lo que sólo se explica por una orden llegada de Los Pinos, pues un hombre tan sagaz no se embarca en un asunto de estos tan fácilmente, a menos que, con la mira puesta en 2018, quiera ganar indulgencias del State Department.

Lo que de plano es una vergüenza y, por donde se le vea, carece de justificación, es que el dirigente postizo del PRD haya hecho lo mismo que sus pares del PAN y del PRI. El señor Agustín Basave, por si hiciera falta, nos ha hecho el favor de mostrar cuáles son los intereses del putrefacto partido amarillo, que insiste en borrar cualquier vestigio de izquierdismo. El PRD se revuelca gustoso en el excremento propio y ajeno.