Rueda del infortunio en Chapultepec
Después de un fracaso, los planes mejor
elaborados parecen absurdos.
Dostoievski
Pese al contundente rechazo social expresado el pasado 6 de diciembre en los resultados de la consulta ciudadana sobre el proyecto del corredor cultural Chapultepec, el gobierno de la ciudad pareciera no aprender que la sociedad capitalina rehúsa ser tratada como mera consumidora de los productos que sus agencias quieren imponerle.
La correcta lectura de las reacciones vecinales y gremiales en torno a la burda maniobra con la que se intentó esconder la concesión por 40 años de más de 110 mil metros cuadrados de espacio público en la emblemática calzada de Chapultepec, obligaba a una profunda rectificación por parte del gobierno de la ciudad y a dejar de recurrir a estratagemas para sostener un fideicomiso creado sobre una campaña mercadotécnica mientras que intentaba engatusar al vecindario con una simulación de cancelación en tanto instauraba mesas con urbanistas y arquitectos para darle salida a su compromiso adquirido con el inversionista.
La adopción de esa política privada de sustento social y de una acción gubernamental a espaldas de la gente que claramente le manifestó a su autoridad que #AsiNo quiere ser gobernada, que #AsiNo se revitaliza la ciudad, que #AsiNo funciona la intermediación entre gobernantes y gobernados, es decir, que #AsiNo se construye gobernanza, paradójicamente no logró permear en ninguno de los círculos del gobierno capitalino; sólo así se entiende la terquedad del jefe de Gobierno, Dr. Miguel Ángel Mancera, al mantener al artífice de ese escándalo administrativo o al expresar “va porque va”, refiriéndose a su determinación para imponer su rueda del infortunio CDMX en la Primera Sección de Chapultepec, acción impedida gracias a la presión vecinal y por la fundada y razonada negativa de las autoridades responsables del INAH y del INBA, quienes oportunamente expresaron la pertinencia de ubicar el artilugio en una zona distinta a la empecinada propuesta del gobierno capitalino.
En plena vorágine generada por la defensa vecinal de la I Sección del Bosque de Chapultepec, y más como un “control de daños” ante las denuncias públicas que en detrimento patrimonial del fallido inversor del Corredor Chapultepec se les achacan a funcionarios públicos de la administración del Dr. Mancera, el pasado 3 de marzo el director general de PROCDMX, Simón Levy, “lanzó” una Convocatoria para promover Proyectos Potenciales de Coinversión fincados en un programa de Incorporación Temporal de Bienes (públicos) vinculados a esas acciones (privadas), un órdago que, viniendo de la mente del proponente, siembra más dudas que certezas y mucho menos expectativas reales de concreción.
A esta “invitación” a la ciudadanía en general, al sector académico, social, empresarial y a los gremios de arquitectura y urbanistas a los que Levy convoca, le queda como anillo al dedo aquella sentencia del gran escritor ruso Fiodor Dostoievski, para quien “después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos”.
