Al despedirnos, en la bifurcación izquierda, di en una casa con libros usados a la venta, lo primero que vi fue Un día de placer de Isaac Bashevis Singer en traducción de Andrés Bosch, el tío escritor del arquitecto del que me habló cuando supo que yo era poeta. La obra de Singer en la era del vacío es imposible de encontrar. Acababa de leer El esclavo, único libro circulando en librerías (excepto sus cuentos maravillosos para niños: El alrevesado emperador de China, retrato de nuestro mundo invertido, donde lo feo es bello y los malos buenos, Mazel y Shlimazel y Gólem, el coloso de barro difíciles de hallar).
La caza de Sincronicidades se logra en solitario, surgen espontáneamente. Creo ser no sólo “Portador de serpientes”, como dicen los astrólogos rusos de mi signo, sino que —por esto quizá— soy un tiempero de Sincronicidades (dicho con humildad convencida del texto —tejido sagrado— y su contexto). Jung explica que en los mejores momentos de iluminación hay un fino equilibrio entre la locura y la revelación: la magia.
Singer, uno de los más grandes escritores del siglo XX, retrató el alma de las comunidades judías de Europa del Este, especialmente Polonia (y los pueblos perdidos en el bosque en los límites con Rusia y Moldavia), dominadas por rusos o alemanes, sufriendo una atmósfera hostil con los polacos y exterminadas por los nazis. Los rabinatos donde se hablaba por última vez con Dios —siguiendo auténticas y milenarias tradiciones— desaparecieron para siempre y los judíos no volvieron a ser los mismos en sus contados sobrevivientes neoyorquinos u otras partes del nuevo éxodo.
Israel Yehoshua Singer, el hermano rebelde, con La Familia Karnowsky (2015) es un marco socio histórico excelente para entender más a Isaac —momentos antes de la Segunda Guerra Mundial y el holocausto—, entre Polonia, Alemania y la huida de los sobrevivientes. Si bien más preocupado por lo histórico e ideológico y el otro más por el misterio y la mística de la gran tradición judía, los dos plasman profundamente las disputas metafísicas, místicas, regionales y tradicionalistas del vasto pensamiento cabalístico entre las distintas corrientes, pueblos y sabios judíos. La infinita erudición y neurosis por dialogar con Dios y demostrarlo o negarlo en enfermiza apostasía. Varsovia fue centro de la judería con su a-versión alemana, abarcando Austria, Hungría, los países bálticos y Rusia en esta saga deslumbrante del florecimiento del pensamiento antes de su terrible gehenna.
En un golpe de suerte posterior, acompañado por una de mis hijas, hallé en una librería de viejo en el centro de México, otros dos textos: En el tribunal de mi padre y la obra maestra de relatos: Un amigo de Kafka. Su novio, nieto de un famoso escritor, obsesionado con mi afición, encontró: Shosha: novela apasionante acerca del primer amor —quizá— del escritor, donde también retrata a su hermano mayor, el otro gran novelista y revolucionario. En otra gruta del centro otra increíble saga de relatos: Una boda en Brownsville. Los temas son los mismos: la búsqueda de Dios, el diálogo con Él, sus milenarias tradiciones, la magia, la cocina, la discusión de los misterios divinos, lo sagrado y el Ser a través de la obsesiva práctica religiosa, los grandes filósofos, o la apostasía erudita del maravilloso pueblo. Singer es el Rulfo judío, en sus cuentos los muertos están más vivos que los personajes con vida. El realismo maravilloso, correlato mágico, fue antes en él (Radzymin 1904, Nobel 1978) que en el Boom. “El escritor más importante en lengua yiddish y quien mejor ha sabido testimoniar los avatares de las comunidades judías sometidas a cambios sustanciales y a una nueva y dolorosa diáspora. El crepúsculo de un mundo en desaparición, como las tradiciones seculares y los viejos ritos y costumbres de la vida del ghetto de Varsovia, constituyen su fuente de inspiración”.
El frankismo (del judío Frank, siglo XVIII), influye no sólo en la comunidad modernista judeouropea sino en varios relatos de Singer como Shosha: Los hebreos tomaron (engañados por el diablo) el camino de Jacob y no el de Esaú, no estamos en el reino de Dios que es el de la vida eterna y no el de la muerte: Busca poner la religión, la sociedad y sus leyes al revés: el anarquismo y el libertinaje sexual, las orgías, son buenos porque van contra el demonio que tiene al pueblo esclavizado. En Jachid y Jechidah los personajes revelan que la Tierra está habitada por muertos y que sólo en el cielo está la vida. La mística española, como la de San Juan de la Cruz, se nutre de esta idea con raíces en la Cábala. La muerte es expiación, depuración que sufren los espíritus degradados y lanzados como castigo al mundo inferior. En Lenguajes y Cábala, Gershom Scholem, el gran erudito judío —admirado por Borges (con influencia de la literatura hebrea)— profundiza en el “camino al abismo” de esta subversión y destrucción “de todos los valores judíos que predicaba el nihilismo de los frankistas, se combina la experiencia histórica del judío polaco con una irrefrenable nostalgia del mundo que le ha sido negado. Debe su fuerza a la inspiración gnóstica y a la utopía mesiánica”. El descenso al abismo para hallar la vida recuerda la catábasis órfica, la filosofía de Heidegger y la poética del ángel en vuelo hacia lo abierto de Rilke, a Singer entre el milagro y la fe, la Sincronicidad o la duda (de sus personajes). Rebelión-revelación judía contra el Mundo. Su religión es la interpretación perfeccionista ad infinitum de sus libros sagrados, el rabino es traductor de una Poética, escritura donde se encuentra Dios y crea al mundo: también puede crear un Gólem, monstruo (que muestra) si tiene una mínima falla del demiurgo: Tal vez hubo un error en la grafía/ o en la articulación del Sacro Nombre;/ a pesar de tan alta hechicería,/ no aprendió a hablar el aprendiz de hombre. Fuga: Jacobo Grinberg, científico mexicano, hijo de la diáspora, estudió el shamanismo y la dermoóptica: lectura en letras normales con la yema de los dedos, habilidad relatada en Singer. Como director de una colección de Leviatán (Buenos Aires) lo reeditaré. Uno de los asesores de esta editorial, el poeta ecologista Miguel Grinberg —mismo apellido— presentador de un libro mío, encontró en una librería de viejo de allá —después que lo mencioné— un libro del mexicano que no conocía. Recientemente encontré —“acausalmente”, como a otro libro— a mi amigo el pintor Miguel Suazo, antes de la presentación de Permutaciones compuesto por mis poemas metatextuales y palindrómicos, de influencia cabalística —20 años de habernos perdido—, me contó que se venía encontrando con amigos mutuos desde hace un mes, y con nuestros íntimos una semana antes, que Jacobo Grinberg —no habíamos hablado nunca de él— era uno de sus “shamanes” favoritos, y lo había buscado antes de su misteriosa desaparición en 1994 (cual relato de Singer o Castaneda, su amigo).
Tema notable no estudiado en Singer es la Sincronicidad (coincidencia “acausal” con un mensaje de renacimiento, azar dialogante): otra deslumbrante vislumbre mística y metafísica de una de las grandes obras de todos los tiempos.
