Es apasionante encontrar autoras latinoamericanas del siglo XIX, como en este caso a la colombiana Soledad Acosta de Samper (1833-1913), a quien en la actualidad se le dedican múltiples estudios, y con justa razón.

La trama de su novela Dolores es sencilla. Una provinciana joven, bella, rica, graciosa, aparentemente huérfana de padre y madre, se enamora antes de descubrir que su padre no está muerto y que tiene lepra. Ella también enferma y rechaza el matrimonio. Ante el horror que inspira en su casa, decide aislarse, hasta que muere, no sin antes vivir sacudimientos profundos en su fe, en su carácter, en su ánimo (la idea del suicidio la ronda), elementos que prestan complejidad dramática y existencial al personaje, a quien el narrador reconoce su talento oculto: Dolores es una mujer que lee y escribe en un mundo de hombres.

El narrador protagonista y testigo, Pedro, primo de Dolores, sigue una línea narrativa progresiva en la que aparecen personajes secundarios, su padre, su amigo Antonio, la tía Juana, don Basilio. Además de la narración encontramos el género epistolar, poemas, reflexiones, citas, un diario de los últimos años de la protagonista. Las citas son sobre todo de autores franceses, como Victor Hugo, Balzac anónimos, citados incluso en lengua francesa. El texto se divide en tres partes. En la primera se narra la vida de un pueblo en Colombia, en el que vive Dolores, el inicio de su romance con Antonio, la presencia de mal augurio de don Basilio; cierra con un paseo al lugar que más tarde será el del exilio. En la segunda, Dolores surge como escritora de cartas a su primo. Primero le cuenta que su padre es leproso, luego que ella ya desarrolló la enfermedad, y cierra con la decisión de aislarse. En la tercera, va desde que ella ya está en una cabaña lejana hasta su fallecimiento, Pedro recupera su diario y publica fragmentos de él.

En esta novela hay tres lugares en relación: el pueblo, la ciudad (Bogotá) y Europa (viaje de Pedro). Un elemento más marcado que en otras novelas femeninas del siglo XIX es el de la importancia de los estudios universitarios: Pedro y su padre son médicos; Antonio es abogado; don Basilio luchó por adquirir estudios. Don Basilio representa, me parece, el elemento social relegado, de humilde cuna, poca moral y mucha ambición, capaz de bajas venganzas en una sociedad que lo desprecia.

Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se respete la Ley de Víctimas, que se investigue seriamente el caso de Ayotzinapa, que el pueblo trabajemos por un Nuevo Constituyente, que Aristegui y su equipo recuperen su espacio radiofónico.