La realidad es aquello que, cuando uno
deja de creer en ello, no desaparece.
Philip Dick
Lo que comenzó como una broma de mal gusto, algo que parecía verdaderamente improbable, casi imposible de suceder, hoy está a punto de convertirse en realidad. Donald Trump, el más radical, el que ha amenazado con construir un muro en toda la frontera de la Unión Americana y México y cargarle el costo de edificarlo a nuestro país, el que genera problemas por todas partes; el acusado de fraudes en sus empresas; el que ha logrado unificar el odio y racismo de muchos norteamericanos en una causa, en una lucha que muchos habían pensado que no sucedería por lo extravagante y extremo de sus comentarios y propuestas.
Propios y extraños desdeñaron y dejaron de lado las consecuencias de este discurso agresivo, beligerante, lo minimizaban. Dejaron de observar que los ciudadanos norteamericanos estaban cansados de los políticos y de la política tradicional, de haber sufrido las crisis más graves de los últimos años; empezando por los daños generados por la crisis inmobiliaria y el choque con la realidad del Estado de bienestar. El sueño americano de la nación más poderosa del orbe se vio afectado por las crisis económicas y los problemas agudos por la falta de acuerdos y consensos entre demócratas y republicanos; dejaron de hacer política y lograron que los más radicales salieran a las calles y ahora vean una esperanza en un precandidato que ha demostrado que le gusta generar conflictos por todos lados y contra todos.
Donald Trump casi acaricia la nominación republicana a la candidatura presidencial, está a pocos pasos de obtenerla, su crecimiento ha sido exponencial y las encuestas lo siguen considerando favorito. Parece que de poco sirve ver preocupados a los republicanos más conservadores y a los otros precandidatos que aún se mantienen en la contienda. Resulta difícil que ahora sí se pronuncien en contra del magnate y se desgasten exhibiendo todas sus debilidades y defectos.
No creyeron que sucedería lo que ahora es realidad. Cómo era posible que un payaso, un bufón, un extremista pudiera ser bien recibido por los votantes; así lo catalogaron y calificaron, y tal parece que será muy difícil frenarlo. En fin, pararlo corresponderá a los estadounidenses republicanos en una primera aduana y a todos los votantes en caso de que sea el candidato de su partido.
Pero desafortunadamente los agravios y ataques no sólo han sido contra sus contrincantes. México y los mexicanos hemos sido objeto de ellos y muy graves. Acusa a los mexicanos de criminales, narcotraficantes, violadores. Nadie en México ha dado la cara ni le ha respondido con contundencia, mientras tanto, éste sigue avanzando hacia la candidatura, y si la logra puede pelear con posibilidades la presidencia norteamericana, lo que lo convierte en un real peligro para México y el mundo.
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