Blanco de graves acusaciones
En las últimas semanas, el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, ha sido el blanco de varias acusaciones de desvío de recursos por parte de la Auditoría Superior de la Federación. Incluso la dependencia catalogó la entidad como la que tuvo el peor ejercicio del gasto federal en 2014.
Inmediatamente surgió un intenso golpeteo político. No es para menos, pues se habla de alrededor de 35 mil millones de pesos, en lo que se ha auditado de su administración. Sin embargo, el gobernador veracruzano insiste en que tiene las manos limpias.
Aun así tiene que responder ante las autoridades por el millonario faltante, sobre todo porque al parecer las cuentas que resultaron más afectadas son las de seguridad y educación, sobra decir que son las que mayores retos representan para la entidad.
A principios de año, en mis perspectivas sobre las próximas elecciones de junio, anticipé que tanto Duarte, como Roberto Borge, gobernadores priistas de Veracruz y Quintana Roo, respectivamente, tenían que hacerse a un lado para que su partido obtuviera resultados positivos.
Después de este golpeteo mediático al que ha sido sometido Duarte, el cual es bastante justificado en caso de que las acusaciones que se le imputan resulten ser ciertas, queda claro que su presencia al frente del Ejecutivo en Veracruz será una carga para el candidato priista, Héctor Yunes Landa.
Al ser cuestionado por Ciro Gómez Leyva en su programa en Radio Fórmula, Yunes Landa admitió que el gobernador Duarte es “un lastre” en su precampaña y en sus aspiraciones por gobernar ese estado.
Asimismo, fustigó que fue “un error” la moda de su partido de poner a candidatos a gobernadores “jóvenes” y que al final no “pudieron con el paquete”.
Aunque no dijo nombres, el comentario alude a los mandatarios Duarte, Borge; de Chiapas, Manuel Velasco; y el exmandatario de Nuevo León Rodrigo Medina.
Todos ellos terminaron o están a punto de concluir entre graves acusaciones de corrupción, desvíos de recursos e incompetencia, pues dejaron sus estados en peores condiciones de como les fueron entregados, más endeudados y con mayores índices de violencia e inseguridad.
La realidad es que algunos de ellos representan lo peor de lo que ya no quiere ni pretende ser el PRI, sus resultados representan un peligro ante las próximas elecciones del 5 de junio, que son la antesala para la grande de 2018.
En estos comicios hay mucho en juego, esto lo saben y comprenden a la perfección tanto el círculo cercano al Presidente, como el líder del partido, Manlio Fabio Beltrones, quien declaró el 22 de febrero en Tabasco que “Javier Duarte deberá estar presentando, obviamente, cuentas concretas y verdaderas a los veracruzanos”. El inédito mensaje del líder nacional del PRI prendió los focos rojos en Veracruz.
El desprecio alimentado desde las redes sociales hacia el gobernador traspasa lo virtual; para los priistas de toda la vida, Duarte representa un peligro real que provoque la pérdida de la entidad; aunado a ello está su falta de tacto al hablar, pues muchas de sus declaraciones han resultado muy desafortunadas, como cuando criminalizó a los periodistas asesinados.
Hace seis años, Duarte ganó con una diferencia de 2.5 puntos: obtuvo un millón 356 mil votos, mientras que el candidato del PAN-Panal, Miguel Ángel Yunes Linares, logró un millón 277 mil. Como se ven las cosas, el próximo 5 de junio la competencia será igual o más reñida, en esta ocasión entre dos primos.
