Gobierno, Salinas, Rivera, Calderón…

 

La semana fue de revelaciones periodísticas. Las comunicadoras del momento en México son Kate del Castillo y Xóchitl Gálvez.

La actriz publicó en una revista de circulación nacional dos textos que fueron los que jalaron la atención de sus lectores.

Los demás materiales que presentó ese semanario, reportajes, columnas, análisis y demás géneros, pasaron a ser lecturas prescindibles ante la refulgencia del affaire Kate del Castillo contra el gobierno mexicano por el caso de la relación de la diva con el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, el no menos famoso Chapo.

Kate del Castillo ha sabido esquivar los intentos de la PGR por detenerla en calidad de testigo. Se dice víctima de una “cacería de brujas”. Ha logrado permanecer a salvo de la PGR bajo el escudo de un equipo de abogados que al parecer son más eficaces que los que tiene asignados al caso la procuradora Arely Gómez.

Mediáticamente Kate del Castillo es otro nivel. En este terreno definitivamente ha aplastado por ahora al gobierno mexicano.

Sin duda que cualquiera de los aspirantes del PRI a la grande, o cualquiera digno de tomarse en serio —como serían López Obrador o Mancera, que también quieren la presidencia de la república 2018— estarán envidiando la popularidad de Kate del Castillo y la exitosa escalada de presencia en medios que ha tenido; tal vez el medio nacional al que nos referimos sea el de menor audiencia comparado con las que tienen los de Estados Unidos que, por el momento, tienen como una de sus consentidas a la amiga del Chapo.

 

El caso de Xóchitl y su Periscope maldito

La muy desgastada costumbre de los políticos mexicanos de mostrarse abigarrados en torno a fastos intrascendentes —como el cumpleaños de cualquier político que no ha llegado a pasar el umbral histórico a no ser por las salvajes truculencias o disparates discursivos cometidos, mientras la sociedad por la que dicen trabajar sigue en la pobreza y en la inseguridad— se repitió en la pachangona organizada por Diego Fernández de Cevallos con motivo de un aniversario más de vida.

Sin el menor rubor, la majaderona y a veces simpática Xóchitl Gálvez llegó al reventón de Fernández de Cevallos, un político que se enriqueció brutalmente en tiempos de Carlos Salinas de Gortari gracias a su colaboracionismo con el régimen del innombrable, y con su Periscope suelto dio tremenda balconeada a una gran cantidad de personajes que, llamados a la discreción, estaban en el regodeo de las viandas y los vinos con el Jefe Diego cuando la hidalguense los pescó en pleno devaneo y frivolidad.

Fernández de Cevallos fue el panista que atestiguó la quema de boletas de la elección en la que se cayó el sistema y con ello sepultó la evidencia mayor del robo electoral del que fue objeto el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

Después fue un manipulable candidato presidencial que fue convencido y financiado por Carlos Salinas en esa aventura electoral.

Y ahora el Jefe Diego tiene como mayor éxito profesional político ser colaborador de diario Milenio y tener un espacio en la TV de esa cadena de poca audiencia, eso sí, manejada con perversa habilidad por Carlos Marín que tiene en calidad de su segundo de a bordo al dueño de la organización Pancho González.

Así, Xóchitl Gálvez es, por el momento, la mejor reportera de investigación de México.

En su Periscope fueron encuerados políticamente divos como Norberto Rivera, quien en medio de las suspicacias de la condena papal que pesa sobre él, se fue de fiesta con algunos personajes que están en pecado venial, o Carlos Slim con su saco multimillonario a cuestas.

Norberto fue pescado pecando en plena Cuaresma y a unos días de la Semana Mayor.

El Periscope de Xóchitl exhibe grotescamente a Carlos Navarrete brindando alegremente con el panista Antonio Lozano Gracia, como una clase de “opositor” vergonzante.

Seguramente luchadores sociales como López Obrador estarán renegando una vez más de esa izquierda sin principios, que se solazan en plena chacota con adversarios políticos e ideológicos como Salinas, Felipe Calderón o el monopolista Carlos Slim.

Federico Arreola en su columna del portal SDP entronizó a Xóchitl Gálvez como la reportera Periscope del momento, y a lo mejor hasta del año.

Si en su momento visitar a Luis Echeverría, ya expresidente, era realizar una visita al infierno y salir de allí con el estigma de estar besado por el diablo, ahora el remake del beso del diablo en tiempos del peñismo será el ir a una fiesta de Diego, o de cualquier otro político corrupto y en decadencia como el panista de Milenio, y salir de ella besado por el Periscope de Xóchitl.

¡Cosas veredes, Sancho!