“Aparece” y “desaparece”
Desde 2009, cuando la pandemia de influenza producida por el virus A (H1N1) causó enfermedades, defunciones, medidas sanitarias radicales pero necesarias, conmoción entre la población y ─no podían faltar─ teorías conspirativas, cada año en la temporada invernal se alerta a la población sobre los brotes de influenza.
El año pasado los virus de la influenza no causaron una morbimortalidad mayor a la esperada. Ahora han aumentado un poco más los casos, por lo que las autoridades han advertido de los riesgos y las medidas preventivas que se deben tomar.
El virus “fantasma”
Hace siete años, a pesar del elevado número de casos que se registraron en nuestro continente y en algunos países europeos; a pesar de que científicamente se comprobó que una nueva cepa del virus de la influenza había surgido; a pesar de que epidemiológicamente se comprobó la pandemia, no faltaron quienes consideraron que todo había sido un ardid fraguado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las compañías farmacéuticas para vender antivirales y vacunas.
Aún ahora, cuando se siguen presentando brotes de influenza del virus A(H1N1) y de otras cepas, se pretende negar la existencia del insidioso virus y sus efectos, pues los adeptos a las teorías conspirativas le consideran un virus inexistente o que, por lo menos, no tiene la virulencia que le atribuyen los médicos y que sufren los pacientes.
En términos estrictos, los detractores podrían tener cierta razón, porque los virus de la influenza son de los más volubles e inconstantes que se conocen, por lo que periódicamente “aparecen” y “desaparecen”. Estos virus se clasifican en tres tipos: A, B y C. Los primeros causan enfermedades más graves que los B y C, su aspecto externo es parecido al de un chayote con espinas, sólo que las “espinas” son de dos formas distintas: la hemaglutinina (H), que aglutina o reúne a los glóbulos rojos alrededor del virus y es responsable de fusionarse con las células, y la neuraminidasa (N), que neutraliza el sistema de defensa celular. De la H se conocen 16 subtipos (de H1 a H16) y de la N son nueve (de N1 a N9), los cuales determinan la cepa del virus.
Las numerosas combinaciones de H y N, además de proteínas, nucleoproteínas y enzimas que inducen la muerte celular, convierten a los virus de la influenza en invasores cambiantes que impiden haya una inmunidad permanente, por lo que cada año se elaboran vacunas con las cepas de los virus de la influenza que predominaron el año anterior.
De esta forma, las personas vacunadas obtienen cierta inmunidad a los virus estacionales de la influenza. Por ejemplo, en este año la vacuna está conformada con las cepas de virus A(H3N2), A(H1N1) y B, lo cual ha sido acertado, ya que este brote de casos de influenza es ocasionado principalmente por virus de esas cepas.
Las medidas preventivas
La Secretaría de Salud ha informado oportunamente que se han registrado más casos de influenza que en la temporada 2014-2015 en el mismo periodo: 2 mil 818 contra 2 mil 512; es decir que se ha tenido un incremento de 11.8 por ciento. Las defunciones también se han incrementado: 98 en 22.5 por ciento en esta temporada
Hasta la semana ocho de este año se han registrado mil 421 casos por el virus A(H3N2), 945 por A(H1N1), 339 por el tipo B y 113 por otros subtipos. El virus A(H1N1) ha ocasionado más defunciones (68) que el A(H3N2), que ha causado 18; en tanto que del B y otros subtipos se han registrado 7 y 5, respectivamente.
Por este brote, la Secretaría de Salud ha recomendado se aplique la vacuna a niños de 6 a 59 meses de edad; adultos de más de 60 años, embarazadas y personas con diabetes no controlada o con complicaciones, VIH, enfermedades graves del corazón, del aparato respiratorio, obesidad y asma no controlada; y pacientes con quimioterapia.
Asimismo, se solicita que acudan al médico quienes tengan fiebre de más de 38° Celsius, tos y dolor de cabeza, que se acompañe de alguno o más de los siguientes signos: escurrimiento nasal, dolores de articulaciones y musculares, fatiga, dolor al pasar alimentos, dolor abdominal o de tórax y diarrea.
Las entidades más afectadas son Ciudad de México, Jalisco, Estado de México, Nuevo León y Tlaxcala, por lo que se recomienda a sus habitantes tomar abundantes líquidos, vitaminas A y C, abrigarse con ropa gruesa de algodón, evitar corrientes de aire frío, lavarse las manos con frecuencia con agua y jabón, toser y estornudar cubriéndose con un pañuelo, evitar asistir a lugares concurridos, no automedicarse, no fumar, evitar cambios bruscos de temperatura y acudir al médico en caso de tener síntomas respiratorios. También se han instalado filtros sanitarios en las escuelas de educación básica.
Así que más vale prevenir que estornudar, aunque se dude del cambiante virus de la influenza.
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f/René Anaya Periodista Científico
