Crisis ambiental

La crisis ambiental que se vivió hace apenas unos días en la llamada megalópolis, el asiento habitacional de mayores dimensiones del país, exhibió de una manera preocupante la incapacidad oficial para enfrentar contingencias que amenazan la salud de millones de mexicanos.

Esta incapacidad de prevenir las contingencias, con las políticas ambientales vigentes se va a lograr abatir el fenómeno en una forma apenas cosmética. Tan cosmética como la Ley 3 de 3 del fundamentalista Juan Pardiñas que no le hará ni cosquillas a la costosa práctica de la corrupción, tanto pública como privada.

Ante una polución como la que padece la megalópolis se requieren medidas de control más drásticas y eficaces para controlarla primero y abatirla después. Y estas medidas deben ser acompañadas de un sistema de prevención e información a la ciudadanía para que pueda actuar ante la posibilidad de nuevas contingencias.

Los secretarios de movilidad, dos políticos defenestrados en su momento, como son Isidro Pastor, del Estado de México, y el mapache perredista Héctor Serrano Cortés, de ese asunto no saben sino la manera de sacarle jugo político y económico.

Ubicar en cargos de altísima responsabilidad a políticos como premio de consolación, no sólo es una falta de ética, sino una grave irresponsabilidad social que trae consecuencias como la desinformación y la falta de operación que se vivieron en los días de la contingencia ambiental.

El programa Hoy No Circula es el nombre de un programa de reducción de contaminación aplicado en la Ciudad de México y el Estado de México para mejorar la calidad de aire. Las medidas contra la contaminación de la megalópolis producida por los automotores que circulan en ella han sido históricamente fallidas.

¿Cómo nació el Hoy No Circula?

En la década de los años ochenta, la población, los autos, las fábricas y la contaminación se habían disparado: funcionaban en el área metropolitana cerca de 30 mil industrias y circulaban casi dos millones de vehículos; en conjunto las chimeneas y escapes lanzaban cada año a la atmósfera 4900 toneladas de partículas sólidas, 10 mil de bióxido de azufre, 48 mil de óxido de nitrógeno, y casi cuatro millones de toneladas de monóxido de carbono.

El invierno de 1985 a 1986 fue excepcionalmente crudo. En enero de 1986 menudearon las inversiones térmicas, ese mes se superó por primera vez en la historia del DF la marca de 300 puntos Imeca de contaminación, un día en que la inversión térmica mantuvo la ciudad amenazada más de seis horas.

A partir del año 2008, se implementa también el Hoy No Circula sabatino, debido a que los sábados se registraban puntos Imeca como cualquier otro día de la semana. Este programa sigue vigente en el 2011 para los vehículos de combustión interna que no porten el holograma de la verificación vehicular doble cero y cero.

El PAN capitalino emprendió una batalla acompañada por miles de ciudadanos inconformes, quienes interpusieron en su momento una serie de amparos en contra de las nuevas medidas del Hoy No Circula. Como resultado de los casi 24 mil amparos presentados, la Segunda Sala de la Corte, resolvió que los niveles de hologramas (00, 0, 1 y 2) deben otorgarse basándose en el nivel “técnico” de contaminantes que emite cada automóvil y no por el año de su fabricación, “pues establece un criterio de distinción no justificable”.

Histórico de contingencias ambientales

El pasado 14 de marzo fue activada la contingencia ambiental en la zona metropolitana del Valle de México al registrarse una concentración de 194 puntos de ozono del Imeca a las 16 horas, informó la Comisión Ambiental de la Megalópolis; una hora después alcanzó los 203 puntos. Las condiciones “extremadamente malas” en la calidad del aire no se presentaban desde 2002.

La última vez que se vivió una situación similar fue hace 14 años, cuando en la estación de monitoreo ubicada en la zona del Pedregal registró a las 16 horas 242 puntos Imeca, superando los 241 puntos establecidos como límite para la fase 1 desde el año 1998.

Según el reporte histórico de contingencias ambientales, la última vez que se llegó a una fase 2 fue en diciembre de 1992, cuando el ozono alcanzó 338 puntos Imeca. La medida duró tres días y se desactivó al bajar a 117 puntos los niveles de concentración. Ese mismo año, en febrero y marzo hubo dos alertas de la misma magnitud.

Ésa es la realidad que amenaza la vida de los millones de habitantes de la megalópolis y la incapacidad oficial para hacerle frente.

El destino volvió a alcanzarnos.