Elizabeth Montaño considera: “A lo largo de los años, Jorge Prado Zavala se ha ido construyendo como actor, ensayista, director de teatro, docente e investigador en artes escénicas; posee, pues, una prolífica trayectoria en este campo artístico convirtiéndose en un experimentado erudito en materia teatral”. Así arranca la ensayista su valoración de este hombre de teatro que tiene en su haber la creación del monólogo de Nicolai Gogol El diario de un loco y la puesta en escena y actuación de Travesía a la libertad de Guillermo Schmidhuber, ambas presentándose en el Centro Cultural Las Jarrilas.

Pero Prado Zavala ha incursionado en la dramaturgia; su pieza El resucitado, recientemente publicada, es muestra de ello. Catalogada como “happening”, ha querido Zavala que los espectadores formen parte del elenco al más puro estilo shakespeareano y dotando la historia de rasgos del antiguo teatro griego. Obra en un acto El resucitado toma la figura del bíblico personaje Lázaro del Nuevo Testamento, a quien Jesucristo resucitase, a decir del Evangelio según San Juan. Señala Montaño que a Lázaro, El resucitado “Prado lo retoma a partir de preguntarse: ¿Qué pasó con Lázaro después de este hecho? ¿Cómo vivió y qué fue lo que sucedió con él? Entonces empieza un fino trabajo de creación literaria a partir de la nueva vida de este personaje después de volver del eterno viaje de la muerte”. Y continúa la escritora: “Sin duda, la Biblia es fuente inagotable de inspiración; Sergio Ramírez nos dice que “está llena de historias incompletas. Historias dejadas ahí para que alguien las encuentre y las recuente”. Recordemos a Barrabás de Par Lagerkvist, al propio Ramírez con su obra Sara, y a Ben Hur, que aunque esta última no es propiamente un personaje bíblico es también un ejemplo de recreación inspirado en el viejo imperio romano y el cristianismo. En esta línea Prado Zavala, recuerda otro referente importante: el escritor ruso Leonid Andréyev, autor de la novela Lázarus.

Para Prado Zavala, El resucitado es un pretexto, podríamos decir, para hacer un teatro con enclaves de teatro popular enraizado al teatro sacro, a la representación religiosa y, aún, piadosa. Sus juegos escénicos dan la tónica de una escenificación más allá del realismo y muy cercana a la toma de conciencia moral y espiritual del hombre frente a la muerte. Es por eso que para Montaño, “Una de las cualidades de la obra es mostrar un personaje de profundas raíces hebraicas y darle un tratamiento al estilo del drama trágico griego, donde el antiguo coro y anticoro le dan fuerza y dinamismo a la historia. Hay indicios de ser también una alegoría del ocaso del imperio romano ‘¿Qué le has hecho a mi Imperio? ¿Dónde están los dioses?’, dice el emperador a Lázaro, y es que la mirada de Lázaro tiene un poder aniquilador”. Y cita un parlamento de la obra de Prado Zavala: “Porque ese gran vacío, que envuelve la creación, no se colma ni con el sol ni con la luna o las estrellas, sino que impera sin límites, por doquiera cala, separándolo todo, cuerpos de cuerpos y partes de partes”.

En El resucitado el discurso humano y emocional de Jorge Prado Zavala, fluye con naturalidad e incisividad. Con esta obra el dramaturgo da muestras de un recio esfuerzo por hacer un teatro diferente; un teatro religioso sin tasadoras mojigatas ni fanatismos burdos, y que apuesta por la forma estética para convertir al teatro comunitario en cosmología absoluta.

El resucitado fue presentado el pasado 26 de febrero en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería por el erudito José Luis Flores López, Doctor en Letras Rusas por la Universidad Estatal de Moscú (Medalla Pushkin 2012).

Jorge Prado Zavala, El resucitado. AMEICAH Editores, México, 2015; 50 pp.