Dice la UNESCO que a causa de los procesos de mundialización (la globalización en todo su esplendor), pesa sobre las lenguas maternas una amenaza cada vez mayor: la extinción de esos idiomas, lo que mengua además el increíble bagaje de la diversidad cultural que hoy se aprecia en el mundo.

Con la muerte de lenguas maternas, se pierden por igual tradiciones, recuerdos, formas de pensamiento y de expresión, que son recursos valiosos y necesarios en el futuro para poder entender y comprender la historia.

La lengua materna es el primer idioma que aprende el individuo, el que generalmente se transmite a través de la madre, y es parte de la riqueza cultural de cualquier comunidad y nación.

Alrededor de 97% de los habitantes del mundo hablan aproximadamente unas 250 lenguas, lo que representa el 4% de los idiomas en el orbe; a la inversa, sólo 3% de los habitantes habla aproximadamente unos 5 mil 700 dialectos.

Así pues, casi toda la diversidad lingüística del mundo es custodiada por un número muy pequeño de personas.

De acuerdo a proyecciones de las instituciones especialistas en el tema, es muy probable que a fines del siglo XXI más de 5 mil dialectos del mundo habrán desaparecido para ser sustituidos por las llamadas lenguas dominantes.

En el 2007, el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas difundió que en México existen 67 idiomas indígenas, muchos de los cuales tienen más de una variante lingüística. La riqueza de estas lenguas se puede ver en su léxico, el cual representa la forma de pensar y ver el mundo.

Y en este cosmos de número, proyecciones y lamentaciones, la figura de la mujer resurge de nueva cuenta. En el análisis, el índice de feminidad muestra una superioridad numérica de mujeres hablantes y custodias de lenguas indígenas.

El indicador nacional señala que por cada 100 hombres se registran 104 mujeres, incluso para algunas lenguas el índice de feminidad supera las 120 féminas por cada 100 varones.

En esta diversidad de situaciones, también existen pueblos indígenas con un gran número de hablantes de lenguas pero que se encuentran dispersos en distintas localidades, ciudades o en campos agrícolas que no fueron considerados en las encuestas nacionales.

Hay quince entidades con la mayor concentración de estas lenguas madre y de todas, Oaxaca es uno de los más claros e importantes ejemplos del cuidado de esa riqueza intangible mexicana. De ahí, le siguen Chiapas, Puebla, Michoacán, Tabasco, Chihuahua, Sonora, Guanajuato, Hidalgo, Veracruz, Yucatán, Nayarit, Estado de México y Baja California, entre otras.