Miedo y odio

 

Es ineludible continuar en el tema de la elección de Estados Unidos por su trascendencia en el futuro mundial. El crecimiento exponencial de la candidatura de Donald Trump rebasa al Partido Republicano y se encuadra en un movimiento fascista que puede desembocar en una tragedia impensable.

La figura de este individuo ha despertado los atávicos sentimientos discriminatorios, y desde luego, invoca el pánico y propone la desunión y el odio como una llamada a los sentimientos de grupos sociales, particularmente de los blancos, a los que el sistema económico ha marginado y sumido en un incierto porvenir; por eso, su discurso es aceptado por cientos de miles que aúnan su ignorancia a su angustia personal.

En México ya hubo reacciones que al menos indican una preocupación y una actitud. Los expresidentes Fox y Calderón, en distintos escenarios y con diferente lenguaje, criticaron al precandidato republicano, y más importante aún, la canciller Claudia Ruiz Massieau, en entrevista con The Washington Post, manifestó que los comentarios de Trump son “racistas e ignorantes”.

Qué bueno que, aunque tarde y lentamente, estemos reaccionando, pero falta la opinión de la clase empresarial que es la más afectada por las declaraciones xenofóbicas del precandidato, tanto los empresarios mexicanos como Wall Stret, pues se están amenazando las relaciones comerciales y económicas con China y con México, posición que subrayó el propio Trump en su discurso-conferencia de prensa , que dio en Florida después del triunfo arrasador que tuvo en la mayoría de los estados en juego y que le permiten obtener una importante cantidad de delegados a la convención (257), que lo acercan a la candidatura, especialmente cuando sus opositores Ted Cruz y Marco Rubio dividen el grupo opositor, obviamente el radicalismo conservador de Cruz también representa una amenaza a las relaciones con nuestro país.

¿Qué está haciendo Wall Stret en este tema? Aparentemente nada, y parece ignorar que las proposiciones económicas de Trump tienden a destruir el entramado comercial de la globalización, que tantos privilegios le ha dado a este grupo de multimillonarios, que esperan cómodamente resultados, sin entender que esto les pueden significar un verdadero cambio de paradigmas.

No es cierto que en la convención republicana pueda cambiarse y darse la candidatura a Marco Rubio, favorito de su cúpula, la realidad que no debemos perder de vista es que todo indica que este engendro apoyado por David Ducke, líder del Ku Klux Klan y por Andrew Anglin representante de los neonazis, será el ganador indiscutible, a pesar de que tiene los más grandes negativos de cualquier candidato en la historia de Estados Unidos, y de que incluso está siendo investigado por un fraude relacionado con una supuesta universidad que fundó en Nueva York.

Deben sumarse, en este momento, todas las fuerzas que entiendan que esperar resultados puede desembocar en un callejón cuya única salida es el caos social.

En la otra esquina, Hillary Clinton arrasó en varios estados y en su discurso con el que celebró el triunfo acentuó —como nunca—, la propuesta social de su candidatura, lo que quiere decir que la posición ideológica del senador Sanders apoyada por miles de jóvenes y que obtuvo resultados positivos en varios estados, ha modificado la agenda de Clinton hacia una óptica de mayor contenido social; todos los indicadores nos periten suponer que será la candidata, aunque pende, como una espada de Damocles sobre su cabeza, un asunto judicial relacionado con el uso de su correo electrónico, el propio Trump lo insinuó en su discurso, pudiera ser inhabilitada, lo que ocasionaría un severo golpe a los demócratas que seguramente tienen en el vicepresidente Biden un buen reemplazo.

Más allá del proceso normal de esta elección, se encuentra una oscura y siniestra amenaza que puede descarrilar el mundo de nuestro tiempo, hay que entenderlo y hay que alistarse a luchar contra él. Todos lo que avizoramos el peligro estamos obligados a defender valores de dignidad y respeto al ser humano.