La decisión de la Secretaría de Hacienda de impedir la baja en los precios de gasolinas a pesar de la apertura a la libre importación de combustibles, fue causa de una firme crítica por parte del Presidente de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, Jesús Padilla Zenteno, quien lamentó la decisión toda vez que no beneficiará a la población en general como lo vendieron para concretar la reforma energética.

Desde el sexenio del expresidente panista, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, el aumento en el precio de los combustibles no ha frenado, por el contrario en el caso de la gasolina Magna de entonces a la fecha creció 95.6%; la Premium subió 69% y el diésel hasta 142.1%.

El representante del sector transporte lamentó que aun cuando el próximo primero de abril se abrirá el mercado a la libre importación de gasolinas, Hacienda anticipe que no habrá reducción en el precio de los combustibles; y refirió que mientras Pemex era la única empresa autorizada para expender gasolina, se justificaba el control sobre el precio del producto a fin de no afectar los ingresos de la Federación, pero ya no.

El empresario tiene razón cuando dice que el impedir la baja en el precio de los combustibles, sólo beneficiará a las empresas importadoras que podrán adquirir producto más barato en el extranjero e introducirlo a México al mismo precio del mercado mexicano.

Evidentemente, es una incongruencia lo que ahora dice la dependencia federal, cuando una de las justificaciones para impulsar la reforma energética fue precisamente la ventaja de la competencia en dicho mercado.

Los empresarios se enfrentan ahora a las grandes empresas importadoras que serán las verdaderas beneficiadas con esta medida y cuyo margen de ganancia se elevará automáticamente sin generar ningún beneficio para el consumidor final.

Y es que el consumidor seguirá pagando gasolinas y diesel como hoy lo hace gracias a los mínimos y máximos fijados por la Secretaría de Hacienda, que impiden la venta por debajo de los 13.16 pesos por litro de combustible.

En Estados Unidos el precio de los combustibles es 30 o 40% más barato que en México y el litro de gasolina en ese país puede llegar hasta a 11.44 pesos, elevando el margen de ganancia para las grandes empresas importadoras sin ningún beneficio real para el mercado local.

Entonces, la apertura del mercado de combustibles favorecerá la aparición de nuevas empresas en el sector energético; es así que los beneficios de reducir los costos de los combustibles no llegarán a otros sectores industriales, cuyos inversiones y ganancias se ven directamente afectadas por el aumento en el precio de las gasolinas.