A Miguel Ángel Mancera le llueve sobre mojado y no es cualquier precipitación pluvial, es pura lluvia ácida que, si no implementa medidas severas de contingencia “ambiental”, le corroerá profundo sus conocidas aspiraciones políticas.
Aunado a la cuestión ambiental, de hecho, el transporte público es ahora uno de esos granos que brotan y que es difícil alcanzar, pero amenaza convertirse en bomba de tiempo con hora fatal de estallido.
Los pleitos entre transportistas han alcanzado niveles donde la autoridad ya no puede seguir haciéndose de la vista gorda y menos aún instalarse en juez y parte para sólo beneficiar a un grupo y dejar al otro a la deriva, so riesgo de que sucede lo que hoy acontece en las calles capitalinas de la Ciudad de México.
En las oficinas de gobierno se acumulan las denuncias y documentos que transportistas han presentado en contra de Fernando Ruano Bolaños, el líder de la complicada ruta I y representante legal de la 111, también en el mismo camino.
El gobierno de Mancera no sólo ha sido omiso en el trámite de dichas denuncias, además, sin investigación de por medio, permite que el grupo acusado continúe operando en el servicio de transporte público, denunciaron representantes de las rutas 13, 60 y 87; además, diariamente, dicen, son objeto de agresiones físicas y verbales por parte de Fernando Ruano y de sus seguidores.
La buena relación que mantiene Fernando Ruano Bolaños con el jefe de gobierno de la capital del país, dicen los inconformes, se exhibe, de nuevo, luego de que Mancera le otorgó el manejo del transporte del nuevo corredor Pantitlán-Cuatro Caminos, inaugurado el pasado 15 de marzo.
A pesar de las decenas, sí, decenas, de denuncias que se han presentado, Fernando Ruano fue hasta felicitado públicamente por su servicio.
De ser cierto que hay sustento en las denuncias presentadas y que ese gobierno ha sido omiso en el trámite de las mismas, el jefe de gobierno ha legitimado la operación de unidades piratas, irregulares y fuera de norma de las que circulan en la ciudad y que, aseguran algunos, pertenecen al movimiento de Ruano.
El argumento de Ruano es que sus unidades piratas funcionan así porque el mismo gobierno no le ha entregado más de 40 placas que le “adeudan” desde hace más de 18 años.
Fernando Ruano ha sido denunciado jurídica y públicamente por los dirigentes de las rutas 13, 60 y 87; sobre él pesan más de 60 señalamientos de agresiones, violaciones y que desde hace más de 10 años ha promovido la invasión con unidades clandestinas en los ramales Picacho Ajusco-Jardines del Pedregal, Taxqueña-San Ángel, Bosques-Metro CU y Taxqueña-Avenida del Imán, fomentando violencia física, e incluso amenazas de muerte para impedir a las Rutas legales el ascenso y descenso de pasajeros. Los quejosos siguen a la espera de ser atendidos.
