La violencia repuntó de manera alarmante en México y se ha enfocado en determinadas entidades donde el “esfuerzo” del gobierno ha sido minimizado frente al embate del crimen organizado y la omisión de servidores públicos que, pareciera, están ligados a casos de corrupción y de esos grupos criminales.

Guerrero y Veracruz se han convertido en dos focos rojos que urge atender, son bombas sociales en cuenta regresiva, debido a la gran indignación social que prevalece en ambas entidades y que se refleja claramente en la gran movilización en redes sociales.

De las dos entidades, el que detonó la violencia de manera alarmante en los últimos días, es Guerrero: 43 ejecutados en sólo una semana y en pleno periodo vacacional, en el colmo de los retos, el grueso de los asesinatos se ha registrado en el principal punto turístico de esa entidad: el puerto de Acapulco.

Aunque las autoridades insisten en que se trata de ejecuciones enmarcadas en la lucha por los territorios, es decir son malos matando a malos, el temor se ha generalizado y la indignación social, ni se diga.

Más aún cuando el Estado Mexicano insiste en que las cosas están bajo control y despliega cientos de elementos militares y de la Policía Federal a través de todas sus vertientes, con motivo de uno de los periodos vacacionales más importantes del año como es el asueto de Semana Santa, lapso en el que vacacionistas buscan desesperados sitios de sol y arena para descansar del estrés cotidiano.

A nivel nacional, en el 2015, uno de cada dos asesinatos en México fueron ejecuciones. Junto con Colima, con un 4.4 y Sinaloa, con el 2.9, Guerrero y su 5.4 por ciento, coronan las tres entidades con la tasa más alta, muy por encima de la media nacional del 1.2 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Guerrero es una entidad donde la violencia inunda sus calles. En enero de este año se confirmaron 163 decesos violentos, mientras que para febrero la cantidad “bajó a 117 ejecuciones. Las últimas 43 muertes ocurridas en los días santos, elevan a más de 325 los asesinados ocurridos en ese territorio mexicano y de ellos, más de la mitad ocurrieron en el otrora paraíso de Acapulco.