Entrevista a Jacqueline Peschard | Profesora en el Centro de Estudios Políticos-UNAM | Exclusiva Siempre!
Dicen que lo que se obtiene con violencia, sólo se puede mantener con violencia. Y es lo que ha sucedido con el auditorio Justo Sierra, ubicado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Uno de los espacios más emblemáticos de Ciudad Universitaria se ha convertido en un lugar decadente, donde diversos colectivos han mantenido el control vía la fuerza y con actitudes intimidatorias contra los estudiantes.
El 6 de febrero de 2000, la Policía Federal Preventiva ingresó a las instalaciones de la UNAM para romper la huelga que paralizó la vida académica durante 10 meses en oposición, principalmente, a las modificaciones de Reglamento General de Pagos. Esa mañana, los uniformados detuvieron a más de 600 integrantes del Consejo General de Huelga (CGH). Siete meses después, un grupo de activistas tomó de forma violenta e indefinida el auditorio Che Guevara, que se convertiría en un bastión del sector más radical del CGH.
A lo largo de su historia, el Che Guevara —nombrado así por los alumnos del movimiento estudiantil de 1968— fue testigo de grandes eventos intelectuales. Ahí ofrecieron conferencias y pláticas Pablo Neruda, José Revueltas, Susan Sontag, Octavio Paz, José Saramago, Pablo González Casanova, Luis Villoro, Carlos Monsiváis, Adolfo Sánchez Vázquez, entre otros. Ahora es refugio de grupos como la Coordinación de Colectivos Auditorio Che Guevara, y el grupo Okupache u Okupas.
Antecedentes
El pasado 25 de febrero, integrantes del colectivo Okupa Ché, Espacio Autónomo de Trabajo Autogestiva, que mantiene bajo su control las instalaciones del auditorio Justo Sierra, golpearon a trabajadores de Auxilio UNAM, incendiaron uno de los vehículos de este órgano de vigilancia y cerraron el paso en el circuito universitario al colocar barricadas incendiadas. Así reaccionaron tras la captura de Jorge Emilio Esquivel Muñoz, alias el Yorch, quien vendía tacos afuera del auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras, pero en realidad era la fachada para vender droga.
Narcomenudista
Según Okupa Ché, el Yorch era artesano y trabajaba en el colectivo. Sin embargo, la Procuraduría General de la República lo arrestó en posesión de 50 envoltorios de cocaína en piedra, 26 pastillas Rivotril y 300 gramos de mariguana en greña, por lo que fue trasladado al Centro Federal de Readaptación Social número 13 ubicado en Miahuatlán, Oaxaca. Hay que recordar que Esquivel Muñoz ya contaba con antecedentes penales por su presunta participación en los desmanes realizados durante la marcha del 2 de octubre de 2013, acusado de destrozos en la vía pública y agravios a transeúntes, ese día estuvo en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente.
La UNAM se deslindó del joven al asegurar que “es ajeno a la Universidad”, y dio a conocer que presentó una denuncia “contra quien resulte responsable” por las agresiones que sufrieron los vigilantes. Asimismo, la UNAM también demandó la desocupación del auditorio Justo Sierra, “lugar donde los provocadores se refugian”.
“La detención de este delincuente es un proceso totalmente separado y no es parte de una estrategia. El auditorio pertenece a nuestra casa de estudios. Hemos intentado, desde administraciones previas, hacer notar que es un espacio de la Universidad y no para un grupo”, sostuvo el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers.
A lo largo de tres lustros, estudiantes, exalumnos, académicos y trabajadores han exigido recuperar el auditorio pero sin resultados. Los exrectores Juan Ramón de la Fuente y José Narro dejaron pasar el problema y se lo heredaron a Graue Wiechers. El gran reto del actual rector es aplicar una estrategia integral para que el Che Guevara sea de toda la comunidad universitaria.
Sin embargo, integrantes de los colectivos que ocupan el auditorio advirtieron que no se irán de forma voluntaria ni lo entregarán.
“Declaramos ante los medios libres que no cesaremos ante las amenazas en nuestra contra ni entregaremos de forma voluntaria la ocupación, que les quede claro que de principio no es nuestra porque no creemos en la propiedad privada, ni la sustentamos”, sostuvieron en un comunicado que circuló a través de sus redes sociales.
En tanto, investigadores, profesores y exdirectores de facultades e institutos de la UNAM llamaron a participar en el primer foro deliberativo del próximo 18 de mayo, para discutir y construir las reformas que requiere la institución en derechos humanos, transparencia, formas de gobierno y fortalecimiento de la vida académica.
El exdirector de la Facultad de Filosofía y Letras, Ambrosio Velasco, indicó que los académicos siempre se pronuncian a favor de la democracia, por lo que se debe actuar en consecuencia en la Universidad: “La participación democrática refuerza por mucho la calidad académica y el compromiso de la Universidad con la nación”.
Es una invasión
Para Jacqueline Peschard, profesora en el Centro de Estudios Políticos de la UNAM, se ha tolerado por mucho tiempo la invasión del auditorio por parte de grupos que no tienen nada que ver con la máxima casa de estudios.
“La solución tiene que salir a raíz de una convocatoria integral de las autoridades universitarias. La única forma de enfrentar el problema es mediante la coordinación eficaz de las autoridades universitarias y públicas. Buscar términos de entendimiento y dejar en claro que la autonomía universitaria no significa extraterritorialidad, ni impunidad”.
¿Cómo califica el caso del auditorio Che Guevara?
Como una invasión a las instalaciones de la UNAM que ya tiene mucho tiempo. Lamentablemente hay una suerte de tolerancia frente a la ocupación de estos grupos que no tienen nada que ver con las funciones propias de la Universidad. Es un problema que se ha extendido por mucho tiempo, y han tratado de sacarlos pero sólo momentáneamente, porque vuelven a apoderarse del recinto y la UNAM no tiene la fuerza pública, ni una estructura para hacer frente a esta situación preocupante.
¿Fue correcta la reacción de la UNAM tras los actos violentos del 25 de febrero?
La UNAM siempre responde de la misma manera: levantar actas sobre los hechos, denunciar los ilícitos, solicitar a la autoridad que tome cartas en el asunto, pero está limitada en las acciones que puede aplicar. Al final la ocupación persiste. Quizá lo que tiene que hacer la comunidad universitaria son acciones mucho más consistentes y denunciar con determinación los hechos violentos que comete ese grupo que se ha apoderado del auditorio Che Guevara.
Después de la huelga 1999-2000, ¿hay reticencia de ciertos sectores universitarios para que actúe la fuerza pública? La policía no es bien vista entre los universitarios.
Siempre hay una suerte de sensibilidad frente a la entrada de fuerzas policiacas en la Universidad porque hay una enorme desconfianza de que “sólo van a aplicar la ley”. Es decir, el temor de que se excedan en sus funciones, por eso siempre hay una enorme reacción en contra de cualquier presencia policiaca dentro del recinto universitario. En este sentido, sí hay reticencias. Después de la huelga un grupo de estudiantes críticos tomaron el auditorio, pero al poco tiempo salieron y luego ingresaron grupos que no tienen nada que ver con la Universidad y que nadie sabe realmente a qué propósitos responden.
La vida sigue igual
¿Estos grupos amenazan la estabilidad de la UNAM?
Ya llevan más de 15 años ahí y la vida universitaria sigue su curso. El gran problema es que aparezca como parte del panorama cotidiano de la Universidad. Esto no se puede permitir. Pareciera que a nadie le preocupa que haya un auditorio que tenía funciones culturales y académicas muy importantes, no sólo para la Facultad de Filosofía y Letras, sino para toda la UNAM. Ahí se hacían conferencias muy trascendentes, conciertos, incluso asambleas estudiantiles. Es decir, reuniones de distintos sectores de la comunidad universitaria. Hoy es un espacio tomado y las funciones de la Universidad se siguen realizando como si no existiera esa ocupación. Lo grave es que esa toma ya la hicimos parte de nuestra normalidad.
Alumnos que ingresaron hace 15 años en la UNAM sólo conocen la fachada del auditorio…
Es como tener un espacio que ya lo cedió la comunidad universitaria a unos intereses que no son los de nuestra máxima casa de estudios. Ya pasó mucho tiempo de inacción de las autoridades. Un episodio como el que vivimos recientemente de clara violencia y agresión al patrimonio universitario debe ser una clara llamada de atención para tomar cartas en el asunto.
Asunto nacional
El secretario de Atención a la Comunidad Universitaria de la UNAM, César Astudillo, asegura que éste es un problema de carácter nacional? ¿Es así?
Claro que sí, porque la Universidad es una institución nacional, y es un espacio público de la sociedad. El tipo de eventuales delitos que han cometido estos grupos que se han apoderado del auditorio no son sólo delitos del fuero común, sino también del ámbito federal. Por eso las autoridades, en este caso la PGR, actuaron a las afueras de la Universidad para capturar al presunto delincuente. Sí hay una responsabilidad no sólo de las autoridades capitalinas, sino también de la autoridad federal.
Necesario buscar un acuerdo
¿Observa que profesores, estudiantes y trabajadores están en una zona de confort, y no se pronuncian abiertamente en contra de los grupos que se adueñaron del auditorio?
Cualquier acción debe estar respaldada ampliamente por la comunidad universitaria. No es que esos grupos agredan regularmente a los estudiantes, lo que hacen es apoderarse de un espacio público para fines privados, que debería ser para el uso de todos los universitarios. El asunto no es que les dé miedo a los estudiantes, el asunto es que todos nos retiramos a nuestros espacios más individuales, los que representan menos posibilidad de conflicto, porque enfrentarse a ellos y decirles “sálganse de ahí”, o que lleguen grupos de estudiantes a tratar de convencerlos de que se retiren, podría generar un conflicto violento porque estas personas no reaccionarán pacíficamente. Hay que buscar un acuerdo de la comunidad universitaria, un consenso amplio en torno a la necesidad de sacar a este grupo de personas. El respaldo universitario es fundamental para las autoridades.
En su momento, el exdirector de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, Fernando Pérez Correa, recibió numerosas muestras de apoyo por parte de la comunidad tras haber controlado a la llamada ultra del movimiento estudiantil. ¿Es un buen modelo que se puede aplicar en la Facultad de Filosofía y Letras?
Lo que sucedió es que llegó un momento en que había agresiones claras y sistemáticas en contra de los profesores que estaban defendiendo los distintos recintos de la facultad y, en ese momento, se requirió que pudieran actuar las fuerzas del orden. En ese tiempo hubo un respaldo de profesores, empleados y alumnos para que eso fuera posible. Se puede aplicar, pero tiene que haber anuencia de las autoridades gubernamentales de los distintos niveles para que pueda suceder algún día.
¿A qué atribuye que los exrectores Juan Ramón de la Fuente y José Narro no pudieron solucionar el problema?
Hubo varios intentos para solucionar el conflicto. Los sacaban pero volvían a ingresar al auditorio. El problema es que no hay forma de defenderse frente a esta invasión. Por otra parte, existe una reacción negativa por parte de los universitarios sobre la posibilidad de la entrada de la policía a la UNAM.
¿Qué le recomendaría al actual rector para recuperar el auditorio?
Pienso que el rector no puede solucionar solo este problema, se requiere un respaldo contundente de los universitarios, después de tantos años de impunidad, de un espacio perdido para la UNAM. Podría servir una consulta a la comunidad y que otras instancias universitarias se pudieran pronunciar por la recuperación del auditorio, eso sería muy útil en estos momentos para que se construya una voz fuerte, contundente y clara al respecto.
¿Qué aspectos faltan por democratizar en la UNAM?
Hay todavía espacios que se tienen que transparentar, aspectos del ámbito académico. Hay ciertos espacios de decisión académica donde no se tiene la suficiente información de cuáles son los criterios que se toman en la evaluación en un concurso, por ejemplo. Todavía hay mucho qué hacer, pero creo que la estructura organizativa de la UNAM en los últimos 50 años le ha permitido desarrollar sus funciones académicas y culturales adecuadamente. Hay retos y espacios de apertura que deben realizarse en términos de información y transparencia, eso sí lo tengo muy claro.
