Reflexiones por la pasada Semana Santa
Imperare sibi máximum impérium est
(gobernarse a sí mismo es el gobierno más difícil)
En estos días en que el mundo cristiano conmemoró la Pasión y Crucifixión de Cristo, resulta propicio hacer un alto en el camino para reflexionar sobre los acontecimientos que hemos venido viviendo en los últimos tiempos.
En los días transcurridos desde la asunción al papado de Francisco, hemos podido constatar que los mexicanos permanecen fieles a los preceptos de la religión católica y renovación del mensaje pastoral; en su reciente visita, el Papa logró la comunión identitaria de la mayoría de los mexicanos.
A la par de las celebraciones religiosas dentro de un “sincretismo religioso” mexicanísimo, estos días se convierten en temporada de holganza, esparcimiento, diversión y hasta excesos, de vacaciones en distintos lugares, en playas —quienes pueden— aunque algunos lo logran con visita previa o posterior al Monte de Piedad; en suma, en México tenemos nuestra propia tradición.
Estos días propicios a la reflexión, aunque quizá sean los más dedicados, por una buena parte de la población, al desfogue de los placeres mundanos, conviene realizar con humildad un examen introspectivo de nuestro propio caminar por la vida, e igualmente revisar cómo marcha nuestra sociedad y, desde luego, replantear qué acciones debemos priorizar y reforzar para cooperar con nuestro granito de arena para que las cosas cambien y mejoren las condiciones de vida de gran parte de nuestro pueblo sumido en la pobreza.
En los próximos días, con motivo del proceso electoral en 12 estados, los mexicanos nos dividiremos por las militancias partidarias, en los cuales la sociedad se polarizará un tanto por las preferencias y otro mucho por los agravios producidos por los insultos e infamias que habrán de producirse entre los principales candidatos, debemos desde la sociedad civil, impulsar el abandono de las vilezas de la guerra sucia electoral, en mala hora importada de otros países, expulsando estas prácticas de nuestra democracia.
La unidad en lo esencial es básica para avanzar como país, y será indispensable que una vez resueltos los comicios, sean quienes sean los ganadores, los candidatos perdedores reconozcan su derrota y sin mezquindades llamen a sus seguidores a trabajar por el bien de México, sin que ello implique abandonar principios y convicciones.
Las repercusiones de la crisis económica global, aunada a los errores de instrumentación y lentitud en la respuesta de nuestra política pública económica han ampliado la brecha de desigualdad social y acrecentado la ira y el hartazgo social, lo cual a nadie conviene ni beneficia, aunque haya quienes hacen de la división y confrontación, bandera de lucha político social. La concordia, la convivencia social armónica y la equidad social debe ser el objetivo del México de este siglo XXI.
Esperemos que estos días de descanso y recogimiento sirvan a nuestra clase política para reflexionar con serenidad y responsabilidad sobre lo que el país necesita, que lo hagan con visión de futuro, comprometidos con México y que de una vez por todas entiendan que no tienen el monopolio del amor a México.
Los mexicanos queremos vivir en paz, en democracia, con libertad, pero también con igualdad. Queremos un mundo mejor, como el que Cristo soñó y prometió para toda la humanidad.
