¿Recuerdan al Charrito Pemex?

 

El 18 de marzo de 1938 quedó grabado indeleblemente en el inconsciente colectivo como el día en el que tuvo lugar la colosal hazaña, la gran epopeya del pueblo de México, que a través de un Ejecutivo federal digno, valiente, nacionalista y visionario hizo frente y doblegó a poderosas compañías que a su paso por el suelo patrio dejaron una estela de crímenes, pobreza, devastación, abusos y humillaciones. Con ese memorable acto se afianzó la dignidad nacional, se fortaleció la fe en el potencial de los mexicanos, emergió un poderoso sentimiento de identidad y el país quedó envuelto en una ola de optimismo y esperanza reflejada en la efigie del mítico Charrito Pemex.

El olvido es la negación del tiempo y de la vida. Recordar esa gesta heroica y a quienes a lo largo del tiempo hicieron posible que la industria petrolera fuese el puntal del desarrollo económico no es un simple ejercicio de recreación mental. El pasado es la huella de una realidad que nos convoca y apela a nuestra responsabilidad. Su evocación permite preservar la memoria histórica, aquella sin la cual la identidad y el sentido mismo de la existencia individual y colectiva se vuelven conceptos vacíos de contenido.

La reforma energética, cuya matriz fueron las indicaciones giradas por el Departamento de Estado de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional, revirtió la nacionalización del petróleo. Con ello, los recursos energéticos dejaron de ser bienes estratégicos para convertirse en meros commodities y su explotación será realizada bajo enfoques depredatorios, cortoplacistas, mercantilistas, extranjerizantes y ajenos por completo a los intereses superiores de los mexicanos.

Los efectos nocivos de esa brutal regresión se están evidenciando con los agresivos planes de negocios difundidos por corporaciones norteamericanas tras el anuncio gubernamental de la liberación indiscriminada de la importación de gasolinas y diésel, cuya instrumentación conllevará el desplazamiento de los franquiciatarios de Pemex, la obtención de un ingreso del orden de 55 mil millones de pesos, el control hegemónico y el usufructo de un mercado interno de petrolíferos tasado en 75 mil millones dólares. Beneficios sin duda exorbitantes por los cuales no se pagará compensación alguna a la nación.

El despliegue de acciones efectivas amparadas en el principio supremo de la soberanía nacional y en el derecho humano al desarrollo pone en perspectiva la posibilidad de una futura recuperación de la senda nacionalista. Así se honrará el mensaje consignado el 19 de marzo de 1938 en los famosos Apuntes de Lázaro Cárdenas: “México tiene hoy la gran oportunidad de librarse de la presión política y económica que han ejercido en el país las empresas petroleras que explotan, para su provecho, una de nuestras mayores riquezas, como el petróleo, las cuales han estorbado la realización del programa social señalado en la Constitución Política”.