Gatopardismo
Alguna vez escribió Max Weber que las organizaciones políticas son marcadas por su origen, probablemente el PRI es un retrato de lo afirmado por el celebrado sociólogo alemán. Creado desde el poder para mantenerse en la cúpula de conducción política de México, sin ideología definida porque ha dado saltos contradictorios, izquierda con Lázaro Cárdenas, jacobino bajo la batuta de Plutarco Elías Calles, derechista con Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto, las historias alrededor del tricolor se han convertido en anécdotas.
Recién cumplió 87 años de su fundación como Partido Nacional Revolucionario, en aquel tiempo lo presentó en sociedad el “jefe máximo” Plutarco Elías Calles que anunciaba el finiquito de la era de caudillos para dar paso a las instituciones, el reparto del poder, los acomodos de los caciques que dotaron al viejo tricolor de una antítesis de la democracia.
Ha cumplido 87 años, el siglo XX no se explicaría en México sin la presencia, aportes y consecuencias del PRI, el tricolor permaneció imbatible durante 71 años en el mando político del país para instaurar las modas sexenales plagadas de claroscuros, el fantasma del fraude recorrió los comicios de 1940 y 1988. La cultura del fraude electoral fue forjada por el tricolor.
El 4 de marzo de 1929, el Partido Nacional Revolucionario irrumpió en la vida política, se convirtió en una maquinaria del Estado, un modelo simbiótico que reportaba triunfos electorales por doquier. Partido hegemónico.
Setenta y un años ininterrumpidos en el poder vieron llegar el ocaso en el año 2000, perdió contra la antigua oposición leal, el PAN.
Doce años sin poder presidencial, tal orfandad caló hondo en un partido habituado al autoritarismo. No obstante, para el año 2012 el PRI regresó a Los Pinos a través de Enrique Peña Nieto.
Los claroscuros son abundantes, el PRI sentó las bases para la estabilidad política pero desdeñó la democracia, el tricolor fue una agencia de colocaciones, en simbiosis con los gobiernos de su extracción fueron el “ogro filantrópico”.
Carlos Madrazo, destacado priista, quiso democratizar la elección de candidatos pero dicho experimento resultó fallido. Luis Donaldo Colosio Murrieta quiso reformar el tricolor pero todo quedó en promesa porque se impuso la fatalidad.
En nuestros tiempos, el PRI se autodefine como una organización de centro, algunos de sus cuadros dicen inclinarse por la socialdemocracia, otros aún suspiran por el nacionalismo revolucionario, lo cierto es que el tricolor ya casi llega a los noventa años y no hay intentos para una reforma a fondo, tal vez cambiar para seguir igual.
