CIENCIA

Nueva técnica en el tratamiento del Alzheimer

 

Una investigación en ratones de laboratorio ha demostrado que la estimulación luminosa de ciertas regiones del cerebro puede ayudar a recuperar la memoria en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer, lo cual da una luz de esperanza para desentrañar las causas por la que se pierde la memoria de hechos pasados.

Este descubrimiento, de confirmarse por otros grupos de investigación, podría contribuir a comprender los procesos de memoria y aprendizaje no sólo de enfermos de Alzheimer, sino también de personas sanas ya que demuestra que los recuerdos no se pierden, lo que se pierde es la capacidad de recuperarlos.

 

Los recuerdos bloqueados

La pérdida de memoria o amnesia se clasifica en anterógrada y retrógrada. En la primera, quien la padece no puede retener la información nueva o lo hace parcialmente, esto ocurre en un traumatismo ligado a un accidente o a un daño cerebral de diferente causa. La amnesia retrógrada, por su parte, es la pérdida de la información que sucedió antes de un daño cerebral, y puede ser repentina o progresiva, como sucede en los inicios del Alzheimer.

Ya sea uno u otro tipo de amnesia, se ha planteado que la pérdida de memoria puede deberse a dos causas: la primera es que los recuerdos siguen presentes en las neuronas pero no pueden recuperarse; la segunda es que se han dañado las neuronas y por lo tanto se han destruido o perdido los recuerdos.

El trabajo de un grupo de investigadores del Centro Riken para la Genética del Circuito Neural, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, encabezados por Dheeraj S. Roy, al parecer demostró que en el inicio de la amnesia retrógrada se bloquean los recuerdos, es decir que no se dañan las neuronas, por lo que pueden recuperarse con cierta ayuda luminosa.

Los investigadores, entre quienes destaca el Premio Nobel de Medicina Susumu Tonegawa, desde hace varios años han estudiado cómo se almacenan los recuerdos, por medio de la optogenética. Esta disciplina permite desarrollar proteínas sensibles a la luz, que se introducen en células o tejidos para modificar su comportamiento mediante estímulos luminosos, de tal forma que se puedan analizar las funciones de células o tejidos.

 

Destellos para la memoria

En la investigación “Memory Retrieval by Activating Engram Cells in Mouse Models of Early Alzheimer’s Disease (Recuperación de la memoria mediante la activación de las células de engrama en modelos de ratón, en fase temprana de la enfermedad de Alzheimer), publicada en línea en la revista Nature el 16 de marzo pasado, se informa de los resultados de un experimento con ratones enfermos de Alzheimer.

En anteriores estudios, Tonegawa y colaboradores habían logrado, en el cerebro de ratones con traumatismo craneoencefálico, bloquear la formación de nuevos recuerdos, y posteriormente recuperarlos mediante estimulación luminosa. De ahí pasaron a experimentar la misma técnica optogenética en cerebros de ratones con síntomas iniciales de Alzheimer. En una jaula con el piso electrificado introdujeron y sacaron a los ratones; una hora más tarde, los ratones manifestaron ansiedad cuando se les intentó introducir; días después se les introdujo nuevamente a la jaula, pero ya no tenían ansiedad, ya habían olvidado la experiencia reciente.

La siguiente fase del experimento consistió en insertar en las neuronas del giro dentado del hipocampo (estructura involucrada en la generación de recuerdos) la proteína rodopsina, que responde a estímulos luminosos. El estímulo de esta zona con ráfagas de luz causó que los ratones recuperaran la memoria y volvieran a sentir ansiedad al entrar a la jaula.

Los investigadores consideran que los ratones logran recuperar los recuerdos porque el haz luminoso probablemente estimula la formación de nuevas espinas dendríticas en las neuronas, las cuales permiten su comunicación por lo que se logra recuperar los recuerdos.

Dheeraj Roy ha planteado que “la activación directa de estas células ─que creemos que almacenan los recuerdos─ parece que permite recuperarlos. Esto sugiere que lo que ocurre es que hay un problema de acceso, no que sean incapaces de formar o almacenar nuevos recuerdos”.

Sin embargo, el camino hacia una terapia es todavía muy largo, pues la técnica optogenética sólo se puede hacer abriendo el cráneo, lo que imposibilita la experimentación en humanos; además, se requieren nuevos estudios que corroboren los resultado de Roy y colaboradores.

Por ahora, lo importante es que se ha dado un paso más en la comprensión de los fenómenos fisiológicos que intervienen en la formación, almacenamiento y recuperación de los recuerdos. Se trata, finalmente, de una luz de esperanza en contra del olvido.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico